"La música no da para vivir, pero el sueño sigue": la historia del albañil que emociona con su canto en Tafí del Valle
Julio Peñalva está vestido y listo para cantar. Lleva el sombrero bien calzado, una camisa roja, el pañuelo al cuello y el poncho en el hombro. No es una puesta en escena: es su forma de estar. Así llega a la cancha de San Guillermo, el club de Tafí del Valle que preside, con la voz preparada y el cuerpo acostumbrado a pasar de una tarea a otra sin pedir permiso.
Tiene 41 años y organiza sus días como puede. De lunes a viernes trabaja en la construcción, desde las 8 hasta las 17. Cuando termina la jornada, muchas veces el destino no es la casa, sino el club, al que conduce desde el año pasado. Los sábados tampoco hay descanso. No asiste a la obra, pero se trabaja igual: se cocina, se organizan eventos sociales y se junta plata para seguir levantando lo que todavía está a medio hacer.
En San Guillermo todo avanza de esa manera. Un quincho que se construye paso a paso, paredes que esperan el revoque y un salón pensado para cumpleaños, reuniones y fiestas del pueblo. Para recaudar fondos, Julio y los demás integrantes de la comisión organizan locros, empanadas, asados o tortillas. “Lo que salga, se hace. La idea es seguir trabajando”, explica, sin exageraciones.
Rutina
El trabajo en la construcción, reconoce, atraviesa un momento complicado en los valles. La venta de terrenos se frenó y con eso también la obra. “Si no compran terrenos, no se construye”, resume. En ese contexto, cada obrero cuida su trabajo y busca alternativas para sostener el día a día.
Cuando no hay actividad, hay que rebuscársela. A veces implica salir de Casas Viejas, ir a otros puntos cercanos y aceptar lo que aparezca para seguir teniendo un ingreso. El movimiento es constante: ir, volver, probar. “Lo importante es no quedarse”, dice. Esa lógica atraviesa toda su vida.
Además del trabajo, Julio cría animales en el cerro. Tener ganado no es un complemento: es una forma de sostén. El animal puede venderse ante una urgencia o convertirse en alimento cuando no hay otra cosa. “Eso ayuda mucho”, explica. Es una práctica común en la zona y una red silenciosa de supervivencia.
Herencia
La música llegó antes que el cargo en el club y antes que la obra. O, mejor dicho, siempre estuvo. Su abuela, Juana Rosa Peñalva, cantaba con caja. Cantaba sentada, sin escenario, sin micrófono. Julio la escuchaba de chico y fue aprendiendo sin darse cuenta. Después llegaron las largas jornadas de las yerras en medio de los cerros. “Ahí se aprende a cantar -dice-.“Uno canta de un lado, otro del otro, y se arma el canto”.
Las coplas que interpreta no son propias. Son heredadas. Letras que le pasaron otros, que anotó, que aprendió con el tiempo. “Yo no escribo coplas. Yo canto lo que me enseñaron”, aclara. Tampoco usa instrumentos. Canta solo, a voz limpia.
Durante años lo hizo en reuniones chicas, casi sin proponérselo. Hasta que llegaron las invitaciones a escenarios más grandes: la Fiesta del Queso, el Festival del Gaucho y distintos encuentros en Tafí del Valle y en los alrededores. A veces canta 10 minutos, a veces 20. No es un ingreso fijo. “La música no da para vivir”, reconoce. Le pagan algo, le dan comida y lo trasladan porque no tiene vehículo propio. Eso alcanza.
CASAS VIEJAS. Peñalva, con los cerros de fondo y un poncho tucumano.
En el último tiempo también aparecieron los videos: coplas grabadas en los cerros. Los sube a redes sociales y circulan. “Eso me hace conocido”, admite, sin darle demasiada importancia. No hay estrategia: hay costumbre.
Cuando se le pregunta por el sueño, no habla de fama ni de grabaciones. Habla de seguir cantando. De que lo inviten a otros lugares, a otros pagos. De poder salir y mostrar lo que aprendió en su pueblo. “Me gustaríoa representar a Casas Viejas y viajar a otros países gracias a mi voz”, dice.
No hay horarios fijos ni escenarios asegurados en la vida de Julio Peñalva. Hay trabajo cuando aparece, canto cuando lo llaman y club cuando hace falta. En ese orden flexible, entre la necesidad y la tradición, su voz sigue encontrando un lugar y él lo disfruta.








