Este es mi ranking de momentos incómodos:
Puesto número 5. Es el instante en el que a la hora de agendar, cara a cara, un número telefónico, uno de los dos sugiere “hacer una (llamada) perdida”. Esos segundos de espera hasta que efectivamente suena un celular pueden llevar a la muerte social. Silencio profundo, mirada petrificada en el aparato y sin temas para charlar. Terrible.
Puesto número 4. Siguiendo con el ámbito de las comunicaciones, supongamos que agendamos ese teléfono tras esos duros segundos de silencio y ahora hablamos con esta persona. Un pequeño delay en la velocidad del sonido puede degenerar en la peor charla del mundo. Interrupciones, una tras otra y cuando vos dejás hablar, el otro hace lo mismo para terminar en otro silencio incómodo. Penoso.
Puesto número 3: La charla de auto a auto. ¡Qué decir de este segmento cotidiano tan embarazoso! Estás dentro del auto, alguien (en otro auto) te reconoce y pretende entablar una conversación cuya duración depende del semáforo. Algo imposible. Admito que contestaré afirmativamente a todo lo que me propongan en ese momento. Imagínese lo que puede suceder si alguien no está de acuerdo en algo.
Puesto número 2: La pelea ajena. La reunión es todo risas, diversión, chistes y anécdotas graciosas hasta que dos integrantes comienzan a elevar la voz. Más, más y un poco más también. Las charlas paralelas al grupo central van apagándose hasta que... listo. Lo único que se escucha son dos personas peleando por quién sabe qué. ¿Cómo seguir después? Ese es un reto al que todos hemos sido desafiados en algún momento.
Puesto número 1: El saludo equívoco. Es lo más incómodo a lo que estoy expuesto en esta vida. Es simple: te encontrás con alguien y cuando vas por el apretón de manos, la otra persona ya acercó su cara para un beso. Conclusión, le agarraste la panza y él (o ella) te dio un beso en la mollera. Para los primeros puestos, hay solución, pero de esto sí que no se vuelve.
Puesto número 5. Es el instante en el que a la hora de agendar, cara a cara, un número telefónico, uno de los dos sugiere “hacer una (llamada) perdida”. Esos segundos de espera hasta que efectivamente suena un celular pueden llevar a la muerte social. Silencio profundo, mirada petrificada en el aparato y sin temas para charlar. Terrible.
Puesto número 4. Siguiendo con el ámbito de las comunicaciones, supongamos que agendamos ese teléfono tras esos duros segundos de silencio y ahora hablamos con esta persona. Un pequeño delay en la velocidad del sonido puede degenerar en la peor charla del mundo. Interrupciones, una tras otra y cuando vos dejás hablar, el otro hace lo mismo para terminar en otro silencio incómodo. Penoso.
Puesto número 3: La charla de auto a auto. ¡Qué decir de este segmento cotidiano tan embarazoso! Estás dentro del auto, alguien (en otro auto) te reconoce y pretende entablar una conversación cuya duración depende del semáforo. Algo imposible. Admito que contestaré afirmativamente a todo lo que me propongan en ese momento. Imagínese lo que puede suceder si alguien no está de acuerdo en algo.
Puesto número 2: La pelea ajena. La reunión es todo risas, diversión, chistes y anécdotas graciosas hasta que dos integrantes comienzan a elevar la voz. Más, más y un poco más también. Las charlas paralelas al grupo central van apagándose hasta que... listo. Lo único que se escucha son dos personas peleando por quién sabe qué. ¿Cómo seguir después? Ese es un reto al que todos hemos sido desafiados en algún momento.
Puesto número 1: El saludo equívoco. Es lo más incómodo a lo que estoy expuesto en esta vida. Es simple: te encontrás con alguien y cuando vas por el apretón de manos, la otra persona ya acercó su cara para un beso. Conclusión, le agarraste la panza y él (o ella) te dio un beso en la mollera. Para los primeros puestos, hay solución, pero de esto sí que no se vuelve.
Temas
Tucumán








