Gustavo Cobos
Por Gustavo Cobos 27 Febrero 2014
Argentina no es sólo un país de tránsito y consumo de drogas, sino también de elaboración, había lanzado la semana pasada el ministro de Defensa Agustín Rossi. La respuesta llegó desde el mismo gobierno. El secretario de Seguridad Sergio Berni lo desmintió. “Argentina no es un país productor de drogas”, aseguró. Mas allá de la novela oficialista de afirmaciones y desmentidas, hay verdades absolutas y relativas en este debate. Una verdad absoluta es que en el país no se produce cocaína, pero para saberlo no hay que ser un especialista avezado: para fabricar un kilo de cocaína es necesario una tonelada de hojas de coca. En Argentina no existen plantaciones de tal magnitud, con lo cual la aseveración de Berni es fácil de confirmar. Pese a esto, existen en el país “cocinas” destinadas a transformar la materia prima que traspasa las fronteras. En distintos allanamientos se observan pequeñas “cocinas” para “estirar” los estupefacientes (en la mayoría de los casos) o para fabricar las llamadas drogas sintéticas (cuyo principal ingrediente utilizado para producirlas es la metanfentamina, un psicoestimulante que se encuentra en fármacos). Esta es una de las relatividades de la verdad de Berni.

Ahora, si en Argentina no se produce cocaína, ¿cómo llega a los consumidores? La respuesta la dieron los jueces federales en noviembre de 2013 cuando reconocieron que el narcotráfico estaba ganando la batalla. La principal vía de tránsito de la droga hacia Tucumán es por tierra. El tráfico se dividiría en etapas, y cada una de ellas es cumplida por grupos que, según los especialistas, se conocen como “gremios”. Uno se ocupa de pasar la droga por la frontera; otro la recibe en las ciudades limítrofes y lleva la “encomienda” hasta Orán o Tartagal. Desde el centro de Orán parten los colectivos con mercadería (generalmente ropa), entre las cuales se cuela uno que otro paquete con droga. Otro “gremio” asume la responsabilidad de pasar los controles de Gendarmería, tal como fue descripto por el juez Federal Daniel Bejas: columnas de autos acompañan al vehículo transportador, cuyos ocupantes sobrepasan en número a los gendarmes que están en los puestos de control. En mayo del año pasado, durante un operativo de la Justicia Federal para detener al supuesto líder de una banda de contrabandistas, los gendarmes se enfrentaron a un centenar de personas en Villa 9 de Julio cuando intentaron secuestrar un ómnibus. Un miembro de las fuerzas de seguridad que participó de ese operativo contó que finalmente la Justicia desistió del secuestro del vehículo.

Una vez que llegan a la provincia, los estupefacientes son repartidos en los barrios a los pequeños dealers. Esa operatoria se hace inmediatamente, para que nadie sea sorprendido con una cantidad de droga en su poder que los haga pasible de una acusación grave. Las pequeñas dosis generalemente halladas han hecho que la Justicia Federal cambie algunos criterios en cuanto a las calificaciones de los delitos. Como ejemplo, a fines de 2013 la Cámara de Apelaciones consideró que 50 “ravioles” de cocaína constituyen tenencia simple y no tráfico. ¿Será por eso que la Dirección General de Drogas Peligrosas de la Policía de Tucumán no desbarata ninguna organización? Dos días pasan luego de un allanamiento para que en una casa se vuelva a vender droga, esta vez a cargo de otro integrante de la familia. Y sobre ellos la Digedrop vuelve a poner el ojo, sin subir ni un escalón. Esta semana Berni designó como subsecretario de Lucha contra el Narcotráfico a Nicolás Dapena Fernández, quien venía trabajando como gerente de Aerolíneas Argentinas. El curriculum parecería no avalar a este abogado especialista en derecho administrativo, en su tarea para golpear a los grandes narcos. Así, las organizaciones hacen su trabajo sin que nadie, aparentemente, les respire en la nuca. Mientras la droga va y viene por todo el país.

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