18 Febrero 2014 Seguir en 

Mucho antes de que Mohamed Alí rompiera barreras, Jack Johnson abrió el camino: en 1908 fue el primer campeón negro de boxeo de los pesos pesados y desafió a la sociedad racista de Estados Unidos tumbando a blancos en el ring... y a blancas en su cama.
Casi 68 años después de su muerte, republicanos y demócratas se pusieron raramente de acuerdo en una cosa: le reclaman a Barack Obama un indulto póstumo para Johnson.
Aquí es fundamental que retrocedamos 100 años para recordar que el inicio del siglo XX era el período más racista de EEUU tras la Guerra Civil. Contra todo surgió Johnson y el 26 de diciembre de 1908 noqueó a Tommy Burns y obtuvo la corona mundial.
De Johnson no sólo molestaba que fuera campeón, sino su forma de vida. Vestía trajes caros hechos a medida, era dueño de un club nocturno en Chicago, se reía de sus rivales en el ring, le gustaban los incipientes coches y la velocidad, vivir bien y las mujeres. Sobre todo las blancas. Más aún las prostitutas blancas. Su modo de vida irritaba tanto a blancos como a negros, lo que nunca le importó.
Incapaces de tumbarlo en el ring, los enemigos blancos de Johnson lo consiguieron fuera. La ley Mann prohibía el transporte de mujeres entre Estados para “fines inmorales”. La madre de Lucille Cameron, una joven prostituta blanca amante de Johnson, denunció al púgil. El juicio, realizado en 1913, supuso la condena de Johnson a un año y un día de prisión.
Se fugó a Europa de la mano de su amada Cameron y no regresó a Estados Unidos hasta 1920. Tras cumplir su condena en la cárcel, Johnson se ganó la vida en el mundo del espectáculo y se casó de nuevo. Con otra mujer blanca. Murió en un accidente en 1946.
Casi 68 años después de su muerte, republicanos y demócratas se pusieron raramente de acuerdo en una cosa: le reclaman a Barack Obama un indulto póstumo para Johnson.
Aquí es fundamental que retrocedamos 100 años para recordar que el inicio del siglo XX era el período más racista de EEUU tras la Guerra Civil. Contra todo surgió Johnson y el 26 de diciembre de 1908 noqueó a Tommy Burns y obtuvo la corona mundial.
De Johnson no sólo molestaba que fuera campeón, sino su forma de vida. Vestía trajes caros hechos a medida, era dueño de un club nocturno en Chicago, se reía de sus rivales en el ring, le gustaban los incipientes coches y la velocidad, vivir bien y las mujeres. Sobre todo las blancas. Más aún las prostitutas blancas. Su modo de vida irritaba tanto a blancos como a negros, lo que nunca le importó.
Incapaces de tumbarlo en el ring, los enemigos blancos de Johnson lo consiguieron fuera. La ley Mann prohibía el transporte de mujeres entre Estados para “fines inmorales”. La madre de Lucille Cameron, una joven prostituta blanca amante de Johnson, denunció al púgil. El juicio, realizado en 1913, supuso la condena de Johnson a un año y un día de prisión.
Se fugó a Europa de la mano de su amada Cameron y no regresó a Estados Unidos hasta 1920. Tras cumplir su condena en la cárcel, Johnson se ganó la vida en el mundo del espectáculo y se casó de nuevo. Con otra mujer blanca. Murió en un accidente en 1946.
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