Cuando una señal ingresa a un equipo o sistema y sale deformada o cambiada es porque se ha producido una distorsión. Ocurre lo mismo con las ideas, los datos o las palabras. Cuando atraviesan nuestra mente podemos modificarlas, a veces tanto que las distorsionamos.
Durante el último tiempo la realidad está siendo sometida a fuertes presiones interesadas, para que “la foto” de los hechos muestre lo que conviene y oculte lo que es perjudicial. Lo hace el gobierno, que sólo promociona sus aciertos y calla sus errores, lo hace la oposición, que sólo subraya los errores oficiales y omite los logros. Lo más grave es que también lo hacen el vecino de a pie, el pequeño comerciante, el estudiante o el obrero, imposibilitados de disipar la bruma en medio de tanta distorsión. Como el ama de casa que ve en el almacén cómo los precios suben todos los días y después escucha a la Presidenta decir que los diarios mienten y que jamás, nunca, habla de inflación.
Por eso ahora se lee y se escucha tanto la palabra distorsión. Distorsión de precios, distorsión de la historia, distorsión cambiaría, distorsión del mercado, entre otras. En definitiva, diferentes distorsiones de la realidad. Así es que el ministro de Economía, Axel Kicillof, habla de “deslizamiento cambiario” en vez de “devaluación” o de “amplificación de movimientos de precios” en vez de “inflación”. O como cuando dijo que no hubo aumento de precios sino que todo obedeció a una campaña mediática y, trascartón y sin ponerse colorado, anunció que los precios se iban a retrotraer al valor que tenían antes de la devaluación.
En Tucumán, el gobernador José Alperovich es un sensei de la distorsión. No sólo por sus conocidos y reiterados actos fallidos, como cuando dijo que “estamos trabajando fuerte para disminuir la seguridad”, o que “todos saben que quien vende droga es la Federal”, o que “vamos a luchar contra la alcoholemia”. En todo caso, psicoanálisis de lado, no son más que actos fallidos. La sonrisa se desdibuja cuando las distorsiones trascienden el terreno del discurso e impactan en el plano de los hechos.
Cuando se le preguntó qué opinaba sobre la devaluación anunciada por el gobierno nacional el viernes pasado, el mandatario contestó que un dólar a $ 8 era bueno para Tucumán porque favorecía las exportaciones. Evidentemente no respondió como gobernador de un millón y medio de tucumanos que pasaron a ser entre un 10% y 20% más pobres de un día para el otro, sino que contestó como un empresario agroexportador que es y que celebra, en buena ley, que el arándano y la soja se venderán a mejor precio en el exterior. Dos realidades distintas y además distorsivas entre un exportador favorecido y un asalariado que ve cómo se deprecia rápidamente su sueldo.
El 29 de octubre Alperovich dijo, palabras más, palabras menos, que la ley de las 4AM era un éxito y que gracias a ella habían disminuido el delito y el consumo de alcohol y de drogas. A quienes lo cuestionaron les dijo que sólo ponían palos en la rueda y que vivían en una realidad que no era la misma que la de la mayoría de los tucumanos. Tres meses más tarde eliminó la polémica norma y extendió el tope horario de las 4 a las 6 (aún no explicó por qué sigue habiendo un tope legal), justamente para combatir el consumo de drogas y alcohol, el delito y las fiestas clandestinas.
Realidades distorsionadas. Como la de ordenarle a la Fiscalía de Estado decir que el Gobierno no fue extorsionado por la Policía para obtener un aumento, pese a que hubo al menos ocho muertos y dos días de cuasi guerra civil en Tucumán. Todos los funcionarios y hasta la Presidenta hablaron de extorsión policial en diciembre. Hoy la realidad que debemos contar es otra, no vaya a ser que todos los gremios, a punta de pistola, también exijan un aumento del 35%.
Durante el último tiempo la realidad está siendo sometida a fuertes presiones interesadas, para que “la foto” de los hechos muestre lo que conviene y oculte lo que es perjudicial. Lo hace el gobierno, que sólo promociona sus aciertos y calla sus errores, lo hace la oposición, que sólo subraya los errores oficiales y omite los logros. Lo más grave es que también lo hacen el vecino de a pie, el pequeño comerciante, el estudiante o el obrero, imposibilitados de disipar la bruma en medio de tanta distorsión. Como el ama de casa que ve en el almacén cómo los precios suben todos los días y después escucha a la Presidenta decir que los diarios mienten y que jamás, nunca, habla de inflación.
Por eso ahora se lee y se escucha tanto la palabra distorsión. Distorsión de precios, distorsión de la historia, distorsión cambiaría, distorsión del mercado, entre otras. En definitiva, diferentes distorsiones de la realidad. Así es que el ministro de Economía, Axel Kicillof, habla de “deslizamiento cambiario” en vez de “devaluación” o de “amplificación de movimientos de precios” en vez de “inflación”. O como cuando dijo que no hubo aumento de precios sino que todo obedeció a una campaña mediática y, trascartón y sin ponerse colorado, anunció que los precios se iban a retrotraer al valor que tenían antes de la devaluación.
En Tucumán, el gobernador José Alperovich es un sensei de la distorsión. No sólo por sus conocidos y reiterados actos fallidos, como cuando dijo que “estamos trabajando fuerte para disminuir la seguridad”, o que “todos saben que quien vende droga es la Federal”, o que “vamos a luchar contra la alcoholemia”. En todo caso, psicoanálisis de lado, no son más que actos fallidos. La sonrisa se desdibuja cuando las distorsiones trascienden el terreno del discurso e impactan en el plano de los hechos.
Cuando se le preguntó qué opinaba sobre la devaluación anunciada por el gobierno nacional el viernes pasado, el mandatario contestó que un dólar a $ 8 era bueno para Tucumán porque favorecía las exportaciones. Evidentemente no respondió como gobernador de un millón y medio de tucumanos que pasaron a ser entre un 10% y 20% más pobres de un día para el otro, sino que contestó como un empresario agroexportador que es y que celebra, en buena ley, que el arándano y la soja se venderán a mejor precio en el exterior. Dos realidades distintas y además distorsivas entre un exportador favorecido y un asalariado que ve cómo se deprecia rápidamente su sueldo.
El 29 de octubre Alperovich dijo, palabras más, palabras menos, que la ley de las 4AM era un éxito y que gracias a ella habían disminuido el delito y el consumo de alcohol y de drogas. A quienes lo cuestionaron les dijo que sólo ponían palos en la rueda y que vivían en una realidad que no era la misma que la de la mayoría de los tucumanos. Tres meses más tarde eliminó la polémica norma y extendió el tope horario de las 4 a las 6 (aún no explicó por qué sigue habiendo un tope legal), justamente para combatir el consumo de drogas y alcohol, el delito y las fiestas clandestinas.
Realidades distorsionadas. Como la de ordenarle a la Fiscalía de Estado decir que el Gobierno no fue extorsionado por la Policía para obtener un aumento, pese a que hubo al menos ocho muertos y dos días de cuasi guerra civil en Tucumán. Todos los funcionarios y hasta la Presidenta hablaron de extorsión policial en diciembre. Hoy la realidad que debemos contar es otra, no vaya a ser que todos los gremios, a punta de pistola, también exijan un aumento del 35%.
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