l cruzarse con Germán Lauro difícilmente quien no lo conoce pueda creer que se trata de alguien destacado. Lejos de cualquier postura que lo exponga como el mejor atleta argentino del momento, el lanzador de bala de Trenque Lauquen elige vivir su feliz realidad deportiva con la simpleza de aquel a quien la verdad de la vida le pasa por otro lado.
- Entenderás que no es fácil resumir tus dos últimos años en unas pocas preguntas…
- Fueron muy intensos y productivos. Y en los resultados queda bien claro que detrás hay mucho trabajo y que hemos tomado buenas decisiones. En Mundial Indoor 2012 quedé sexto; en los Juegos Olímpicos de Londres también; en el Mundial de Moscú 2013 fui séptimo. Y metí un segundo puesto en Diamond League. Ciertamente (se ríe), no está nada mal.
- Esos puestos, obviamente, obedecen a un crecimiento en tus marcas. ¿Podés explicar que hayas lanzado 21,26 metros? (N. de la R: la marca es récord argentino y sudamericano)
- Todavía me cuesta caer. Veníamos de un 2012 excelente y este año lo habíamos empezado muy bien en los Grand Prix de Argentina, lanzando todo el tiempo arriba de 20,50. Eso fue un gran indicador para mi confianza. Por eso cuando salió la marca no me sorprendió del todo. No puedo decir que la esperábamos aunque sabíamos que era posible.
- Por como lo contás es, un año más tarde, un proceso parecido al que te llevó al sexto lugar de Londres...
- Nosotros llegamos a los Juegos Olímpicos con una fundada expectativa de conseguir algo bueno pues veníamos de resultados destacados. Lo paulatino de un proceso de crecimiento hace que quien lo vive y lo protagoniza, se acostumbre de a poco. Y que quien lo ve de afuera se sorprenda, porque solo repara en lapsos de tiempo más largos. Obvio que una final olímpica y una nómina de rivales como la que allí tuve representaban un escenario infrecuente. Y mi respuesta fue muy buena. Quizá allí la mayor novedad estuvo en absorber el contexto, y confirmar, más que sorprendernos, que lo pudiéramos hacer muy bien en el lugar y el momento indicados.
- Haber aprobado ese examen del contexto hace que el futuro luzca optimista. Sos muy joven para los lanzamientos, te quedan un par de Juegos Olímpicos por delante…
- Más que un par, diría uno. El de Río de Janeiro seguro, después veremos. Sin dudas que es un buen dato. Haber aprovechado la situación para, además de competir bien, sumar la experiencia de hacerlo en un estadio con 80.000 personas, es auspicioso para mí. Y no necesito esperar un nuevo ciclo de cuatro años para sacar la conclusión. En 2012, Londres incluido, llegamos a un escalón de nivel competitivo. Y en 2013 nos afirmamos allí. Eso incluye, por un lado, llegar a cierto piso de marcas, hacerlo con continuidad y regularidad. Y por el otro, medirse con los mejores, y también hacerlo con continuidad y regularidad.
- El proceso de afirmación en el mejor nivel que viviste en 2013, ¿incluye estar convencido de que además de competir, les podés ganar a los mejores?
- Es un paso de los más significativos y de los más difíciles. Para eso, la Diamond League fue determinante. Antes eran genios que veía por la tele, después competí con ellos, y ahora sé que les puedo ganar. El mundial Indoor y los Juegos me mostraron que podía competir. La Diamond me convenció de que les puedo ganar. Es la motivación que hoy tengo
- ¿Y cómo creés que tu medio competitivo percibe esa evolución?
- Toman nota, je. Los mejores van viendo, tanto lo que yo logro como lo que otros también consiguen. Habría que preguntarles a ellos. Acceder a las fechas de la Golden League es vital, me da competencia constante contra la elite, como ellos la tienen entre sí. Integrar ese grupo hace que un Juego Olímpico sea “una vez más” para intentar ganarles y no la “única”.
- Aunque marcás con énfasis lo paulatino de tu evolución, desde afuera se ve una curva muy pronunciada en los últimos dos años. ¿Hay alguna razón de más peso que otras para explicarlo?
- El hecho de volver a vivir y entrenarme en Trenque Lauquen. Instalarme allí, estar contento, extrañando menos y entrenándome otra vez con Carlos Llera, mi entrenador de casi toda la vida, fue decisivo. Mejoré mucho la parte física y la técnica. Y también mejoro mi ánimo. Ahora que Carlos no seguirá conmigo por razones personales, tendré que adaptarme a otro cambio.
- Imagino un ambiente escéptico cuando en lugar de radicarte en el exterior para mejorar te volviste a Trenque Lauquen…
- ¿Querés un porcentaje? El 99,9% creyó que me estaba equivocando. Muchos pensaron “se le termina la carrera”. A mí me sirvió, sin dudas. Y creo que también sirve para demostrar que no es imprescindible estar en Buenos Aires para poder entrenarse bien y sacar el máximo de cada uno. No me sobra nada, pero tampoco me falta. Pude armar un gran equipo, en un gran ambiente y en un gran lugar para entrenarme. E incluso tiene ventajas comparativas. Allá levanto el teléfono y el médico me atiende a los cinco minutos. Lo mismo pasa con el kinesiólogo. Y la gente que está esperando para que los atiendan a ellos me conoce y, con una sonrisa, espera un poco más. En Buenos Aires soy uno más, en Trenque Lauquen soy el niño mimado.
- Acá te miman bastante también. Caminar con vos por el Cenard es encontrar un reconocimiento a cada paso…
- El mundo del atletismo es chico, hace 16 años que estoy en esto, los conozco a todos y todos me conocen. En mi ambiente, en los torneos y en los entrenamientos es igual que tiempo atrás. Pero si pienso en un contexto más amplio, la repercusión cambió. Hoy hay bastante gente que me conoce por la prensa, por los medios, eso antes no ocurría.
- ¿Te gusta, lo llevás bien?
- Como todo, tiene su pro y su contra. Aunque sin dudas, saber que soy un imán que puede atraer chicos al atletismo es reconfortante.
- Y en tu pago chico de Trenque Lauquen, hubo cambios?
- Allá es distinto. No es que no haya cambiado pero me conocen de toda la vida, vivieron el proceso completo, con sus idas y vueltas en más de 16 años, desde que empecé hasta hoy. La gente de Trenque me acompañó siempre, ellos saben cómo empezamos, lo que luchamos y cuánto estamos disfrutando.
- Se te nota emocionado cuando hablás de tu lugar y tu gente…
- No puedo ser indiferente a que muchos sientan mis logros como propios, es muy emocionante. Yo me dedico al atletismo por una cuestión personal, por mis objetivos que, deportivamente, son lanzar más lejos, medirme con los mejores, dar todo de mí, y tratar de ganar. Si en paralelo, cierto éxito en esas metas le genera felicidad a alguien, es impagable. A la vuelta de Londres, como en todo pueblo, me pasearon en la autobomba. Desde allí arriba ver que algunos lloraban porque me había ido muy bien es un recuerdo imborrable.
- ¿Sentías esa energía mientras estabas allá?
- En la Villa Olímpica, en esos días de competencia, estás realmente en otra. Internet te conecta un poco pero no te saca de la burbuja. Nunca me imaginé, en la real dimensión, lo que estaba pasando.
- Para la competencia quizás sea mejor no darse cuenta del todo…
- Sacale el quizás. Es mejor. Nunca dejás de pensar en tu gente y en el impacto que podés generar. Pero es preferible que las emociones no ocupen demasiado tiempo ni espacio, porque se lo sacan a la concentración. Cuando termina, sobra tiempo para pensar en quienes te ayudaron y acompañaron, y dedicarles lo que vas logrando.
- ¿Sos uno más de los que dice que el Enard es clave en su carrera?
- Lo diría con mayúsculas. Ayudó y ayuda un montón. Las giras se hacen siempre, nadie duda de cómo y cuándo están las cosas para viajar. Yo hace rato que tengo todos mis viajes de 2014 asegurados, casi sin tener que invertir tiempo y energías en detalle alguno. Unos años atrás eso era una utopía.
- ¿Cómo es tu calendario 2014?
- Empieza con algunos viajes porque mi nuevo entrenador, Andrés Charadía (ex campeón argentino y sudamericano de lanzamiento de martillo) no está radicado en el país. A finales de enero voy a Sudáfrica, a un campus de tres semanas. Después sigo con los entrenamientos en Dubai. En la primera semana de marzo participaré del Mundial Indoor, la siguiente en los Odesur en Chile. Estaré en la mayor cantidad posible de fechas de la Golden League. Y en agosto se hace el Iberoamericano. Es un año movido, intenso, aunque tenga que adaptarme al cambio de entrenador.
- ¿Te planteás el objetivo de una marca determinada?
- No. La idea es subir mi piso. Yo hice 21,26 pero soy lanzador de 20,70. Esa es la media que apunto a subir. Nunca hay que engañarse y tomar como medida el mejor lanzamiento personal. Si consigo elevar mi promedio, en la semana en la que todo sale perfecto, seré capaz de lanzar marcas más importantes. No hay mucho secreto en esto.
- Seguramente años atrás no imaginabas lanzar más de 21 metros. ¿Te ves cerca de tu techo?
- Hay mucho de mental en la competencia, por eso es tan complicado hacer esa clase de pronóstico. Trato de no pensar. Estoy decidido a buscar mi límite sin perder el equilibrio. A veces ocurre que por mejorar un detalle te desbalanceás en otro, y en lugar de ganar distancia la terminás perdiendo.
- Ya que hablaste de lo mental, ¿sentís una presión diferente? ¿Algo así como el deber de hacerte cargo de la expectativa que vos mismo generaste?
- Es el precio que hay que pagar cuando progresás. Por eso siempre se dice que llegar es difícil y mantenerse más complicado. Para mí es una situación relativamente nueva aunque creo estar preparado para convivir con eso. Voy a ponerle mucho trabajo a la preparación física, a mi velocidad y a los detalles técnicos, que son los que me sirven para compensar mi déficit de fuerza y tamaño. Porque aunque muchos me vean grandote, cuando estoy al lado de mis rivales se nota que soy de los más chiquititos.
- Entenderás que no es fácil resumir tus dos últimos años en unas pocas preguntas…
- Fueron muy intensos y productivos. Y en los resultados queda bien claro que detrás hay mucho trabajo y que hemos tomado buenas decisiones. En Mundial Indoor 2012 quedé sexto; en los Juegos Olímpicos de Londres también; en el Mundial de Moscú 2013 fui séptimo. Y metí un segundo puesto en Diamond League. Ciertamente (se ríe), no está nada mal.
- Esos puestos, obviamente, obedecen a un crecimiento en tus marcas. ¿Podés explicar que hayas lanzado 21,26 metros? (N. de la R: la marca es récord argentino y sudamericano)
- Todavía me cuesta caer. Veníamos de un 2012 excelente y este año lo habíamos empezado muy bien en los Grand Prix de Argentina, lanzando todo el tiempo arriba de 20,50. Eso fue un gran indicador para mi confianza. Por eso cuando salió la marca no me sorprendió del todo. No puedo decir que la esperábamos aunque sabíamos que era posible.
- Por como lo contás es, un año más tarde, un proceso parecido al que te llevó al sexto lugar de Londres...
- Nosotros llegamos a los Juegos Olímpicos con una fundada expectativa de conseguir algo bueno pues veníamos de resultados destacados. Lo paulatino de un proceso de crecimiento hace que quien lo vive y lo protagoniza, se acostumbre de a poco. Y que quien lo ve de afuera se sorprenda, porque solo repara en lapsos de tiempo más largos. Obvio que una final olímpica y una nómina de rivales como la que allí tuve representaban un escenario infrecuente. Y mi respuesta fue muy buena. Quizá allí la mayor novedad estuvo en absorber el contexto, y confirmar, más que sorprendernos, que lo pudiéramos hacer muy bien en el lugar y el momento indicados.
- Haber aprobado ese examen del contexto hace que el futuro luzca optimista. Sos muy joven para los lanzamientos, te quedan un par de Juegos Olímpicos por delante…
- Más que un par, diría uno. El de Río de Janeiro seguro, después veremos. Sin dudas que es un buen dato. Haber aprovechado la situación para, además de competir bien, sumar la experiencia de hacerlo en un estadio con 80.000 personas, es auspicioso para mí. Y no necesito esperar un nuevo ciclo de cuatro años para sacar la conclusión. En 2012, Londres incluido, llegamos a un escalón de nivel competitivo. Y en 2013 nos afirmamos allí. Eso incluye, por un lado, llegar a cierto piso de marcas, hacerlo con continuidad y regularidad. Y por el otro, medirse con los mejores, y también hacerlo con continuidad y regularidad.
- El proceso de afirmación en el mejor nivel que viviste en 2013, ¿incluye estar convencido de que además de competir, les podés ganar a los mejores?
- Es un paso de los más significativos y de los más difíciles. Para eso, la Diamond League fue determinante. Antes eran genios que veía por la tele, después competí con ellos, y ahora sé que les puedo ganar. El mundial Indoor y los Juegos me mostraron que podía competir. La Diamond me convenció de que les puedo ganar. Es la motivación que hoy tengo
- ¿Y cómo creés que tu medio competitivo percibe esa evolución?
- Toman nota, je. Los mejores van viendo, tanto lo que yo logro como lo que otros también consiguen. Habría que preguntarles a ellos. Acceder a las fechas de la Golden League es vital, me da competencia constante contra la elite, como ellos la tienen entre sí. Integrar ese grupo hace que un Juego Olímpico sea “una vez más” para intentar ganarles y no la “única”.
- Aunque marcás con énfasis lo paulatino de tu evolución, desde afuera se ve una curva muy pronunciada en los últimos dos años. ¿Hay alguna razón de más peso que otras para explicarlo?
- El hecho de volver a vivir y entrenarme en Trenque Lauquen. Instalarme allí, estar contento, extrañando menos y entrenándome otra vez con Carlos Llera, mi entrenador de casi toda la vida, fue decisivo. Mejoré mucho la parte física y la técnica. Y también mejoro mi ánimo. Ahora que Carlos no seguirá conmigo por razones personales, tendré que adaptarme a otro cambio.
- Imagino un ambiente escéptico cuando en lugar de radicarte en el exterior para mejorar te volviste a Trenque Lauquen…
- ¿Querés un porcentaje? El 99,9% creyó que me estaba equivocando. Muchos pensaron “se le termina la carrera”. A mí me sirvió, sin dudas. Y creo que también sirve para demostrar que no es imprescindible estar en Buenos Aires para poder entrenarse bien y sacar el máximo de cada uno. No me sobra nada, pero tampoco me falta. Pude armar un gran equipo, en un gran ambiente y en un gran lugar para entrenarme. E incluso tiene ventajas comparativas. Allá levanto el teléfono y el médico me atiende a los cinco minutos. Lo mismo pasa con el kinesiólogo. Y la gente que está esperando para que los atiendan a ellos me conoce y, con una sonrisa, espera un poco más. En Buenos Aires soy uno más, en Trenque Lauquen soy el niño mimado.
- Acá te miman bastante también. Caminar con vos por el Cenard es encontrar un reconocimiento a cada paso…
- El mundo del atletismo es chico, hace 16 años que estoy en esto, los conozco a todos y todos me conocen. En mi ambiente, en los torneos y en los entrenamientos es igual que tiempo atrás. Pero si pienso en un contexto más amplio, la repercusión cambió. Hoy hay bastante gente que me conoce por la prensa, por los medios, eso antes no ocurría.
- ¿Te gusta, lo llevás bien?
- Como todo, tiene su pro y su contra. Aunque sin dudas, saber que soy un imán que puede atraer chicos al atletismo es reconfortante.
- Y en tu pago chico de Trenque Lauquen, hubo cambios?
- Allá es distinto. No es que no haya cambiado pero me conocen de toda la vida, vivieron el proceso completo, con sus idas y vueltas en más de 16 años, desde que empecé hasta hoy. La gente de Trenque me acompañó siempre, ellos saben cómo empezamos, lo que luchamos y cuánto estamos disfrutando.
- Se te nota emocionado cuando hablás de tu lugar y tu gente…
- No puedo ser indiferente a que muchos sientan mis logros como propios, es muy emocionante. Yo me dedico al atletismo por una cuestión personal, por mis objetivos que, deportivamente, son lanzar más lejos, medirme con los mejores, dar todo de mí, y tratar de ganar. Si en paralelo, cierto éxito en esas metas le genera felicidad a alguien, es impagable. A la vuelta de Londres, como en todo pueblo, me pasearon en la autobomba. Desde allí arriba ver que algunos lloraban porque me había ido muy bien es un recuerdo imborrable.
- ¿Sentías esa energía mientras estabas allá?
- En la Villa Olímpica, en esos días de competencia, estás realmente en otra. Internet te conecta un poco pero no te saca de la burbuja. Nunca me imaginé, en la real dimensión, lo que estaba pasando.
- Para la competencia quizás sea mejor no darse cuenta del todo…
- Sacale el quizás. Es mejor. Nunca dejás de pensar en tu gente y en el impacto que podés generar. Pero es preferible que las emociones no ocupen demasiado tiempo ni espacio, porque se lo sacan a la concentración. Cuando termina, sobra tiempo para pensar en quienes te ayudaron y acompañaron, y dedicarles lo que vas logrando.
- ¿Sos uno más de los que dice que el Enard es clave en su carrera?
- Lo diría con mayúsculas. Ayudó y ayuda un montón. Las giras se hacen siempre, nadie duda de cómo y cuándo están las cosas para viajar. Yo hace rato que tengo todos mis viajes de 2014 asegurados, casi sin tener que invertir tiempo y energías en detalle alguno. Unos años atrás eso era una utopía.
- ¿Cómo es tu calendario 2014?
- Empieza con algunos viajes porque mi nuevo entrenador, Andrés Charadía (ex campeón argentino y sudamericano de lanzamiento de martillo) no está radicado en el país. A finales de enero voy a Sudáfrica, a un campus de tres semanas. Después sigo con los entrenamientos en Dubai. En la primera semana de marzo participaré del Mundial Indoor, la siguiente en los Odesur en Chile. Estaré en la mayor cantidad posible de fechas de la Golden League. Y en agosto se hace el Iberoamericano. Es un año movido, intenso, aunque tenga que adaptarme al cambio de entrenador.
- ¿Te planteás el objetivo de una marca determinada?
- No. La idea es subir mi piso. Yo hice 21,26 pero soy lanzador de 20,70. Esa es la media que apunto a subir. Nunca hay que engañarse y tomar como medida el mejor lanzamiento personal. Si consigo elevar mi promedio, en la semana en la que todo sale perfecto, seré capaz de lanzar marcas más importantes. No hay mucho secreto en esto.
- Seguramente años atrás no imaginabas lanzar más de 21 metros. ¿Te ves cerca de tu techo?
- Hay mucho de mental en la competencia, por eso es tan complicado hacer esa clase de pronóstico. Trato de no pensar. Estoy decidido a buscar mi límite sin perder el equilibrio. A veces ocurre que por mejorar un detalle te desbalanceás en otro, y en lugar de ganar distancia la terminás perdiendo.
- Ya que hablaste de lo mental, ¿sentís una presión diferente? ¿Algo así como el deber de hacerte cargo de la expectativa que vos mismo generaste?
- Es el precio que hay que pagar cuando progresás. Por eso siempre se dice que llegar es difícil y mantenerse más complicado. Para mí es una situación relativamente nueva aunque creo estar preparado para convivir con eso. Voy a ponerle mucho trabajo a la preparación física, a mi velocidad y a los detalles técnicos, que son los que me sirven para compensar mi déficit de fuerza y tamaño. Porque aunque muchos me vean grandote, cuando estoy al lado de mis rivales se nota que soy de los más chiquititos.








