Sexualmente hablando: las sustitutas de Masters y Johnson

Sexualmente hablando: las sustitutas de Masters y Johnson

En los años 70 William Masters y Virginia Johnson introdujeron la práctica de “sustitutas sexuales” en el programa de terapia sexual que presentaron en su libro “Human Sexual Inadequacy” (“Incompatibilidad sexual humana”). ¿De qué estamos hablando? Una persona entrenada -la sustituta- actuaba, bajo supervisión, como partener temporal del cliente para ayudarlo a superar sus dificultades sexuales. Sin duda, un aspecto que supo generar mucha controversia a pesar de sus resultados exitosos. A este tema se refiere ampliamente el periodista Thomas Maier en su libro “Masters of Sex”.

Según relata, la famosa dupla de sexólogos dispuso de sustitutas para 41 hombres solteros que se sentían sexualmente inadecuados y no podían recurrir a una antigua pareja o amiga para ayudarles. Aceptaron a 13 de entre 31 voluntarias entrevistadas para el trabajo (se descartaban “las buscadoras de emociones fuertes y demás candidatas psicológicamente sospechosas”).

Johnson aconsejaba a las seleccionadas y se aseguraba de que recibiesen una contraprestación económica suficiente. Al igual que otros aspectos de sus investigaciones, este asunto se mantuvo en secreto, dado el riesgo de que las autoridades civiles o médicas viesen en ello un esquema de prostitución. Además de que la legislación de Missouri, en ese entonces, prohibía las relaciones sexuales entre parejas que no estuviesen casadas.

Vocación altruista

Bill y Gini elogiaban a las sustitutas por su “vocación altruista”. Casi todas eran lugareñas, procedentes de diversos entornos económicos y formativos, de edades comprendidas entre los 24 y los 43 años.

“El denominador común de todas, como mujeres, era el gran valor y placer que hallaban en sus respectivas identidades sexuales”, afirmó Johnson. La mayoría habían estado casadas en algún momento y eran madres de, al menos, un hijo. Mientras que unas se habían graduado en el instituto o como administrativas, más de la mitad eran licenciadas universitarias o contaban con un título de posgrado.

Una de las favoritas de Masters era una médica “francamente curiosa”, que se ofreció como voluntaria en varias ocasiones durante un período de tres años. No pocas tenían “una historia de traumas sexuales en el marco de la familia inmediata”. Y tres estaban casadas con hombres que padecían disfunciones sexuales.

Estas mujeres, al ser parte del equipo de terapeutas, estaban informadas de todos los aspectos de la respuesta sexual masculina, incluidos los temores, preocupaciones y el devastador impacto que ejercía sobre sus futuros clientes la disfunción sexual. Y habían sido capacitadas en técnicas para “calmar social y físicamente a un hombre ansioso”.

Los sexólogos no ofrecieron, en cambio, compañeros sustitutos a las pacientes. La sociedad estadounidense no estaba preparada, tampoco las propias mujeres: “Aquello no parecía encajar dentro del esquema de valores de la mayoría de las mujeres”, explicó Johnson a los periodistas.

Sesiones de sexo

Una referencia a esta práctica aparece en la película de 2012 “The Sessions” (conocida como “Seis sesiones de sexo”), escrita y dirigida por Ben Lewin.

Basada en hechos reales, cuenta la experiencia del periodista y poeta Mark O’Brien (interpretado por John Hawkes), quien como consecuencia de una poliomielitis infantil se encuentra paralizado y dependiendo de un pulmón de acero.

A sus 38 años, luego de leer un artículo sobre los discapacitados y el sexo, toma la decisión de perder su virginidad. Alentado por Brendan (William H. Macy), un sacerdote católico poco ortodoxo, Mark terminará contratando a Cheryl, una sustituta sexual que lo acompañará a lo largo de seis sesiones, según prescribe el tratamiento.

Helen Hunt encarnó a Cheryl y el papel le valió una nominación a los premios Oscar como mejor actriz de reparto.

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