MADRID, España.- El animal más viejo del mundo, un molusco bivalvo islandés, la almeja Arctica Islandica, resultó ser aún más viejo de lo que pensaban los científicos que lo descubrieron en 2006. Entonces fijaron su edad en 405 años. Una cifra asombrosa que llevó a
Ming, como fue bautizado, al
Libro Guinness de los Récords. Ahora, sin embargo, se han dado cuenta de que la almeja tenía en realidad un siglo más: 507 años.
La parte triste de esta fascinante historia es que Ming está muerto. Fueron los propios científicos los que, sin poder sospechar su avanzadísima edad, pusieron fin a su vida cuando abrieron su concha para investigarlo. A la respetable edad de 507 años, Ming moría.
"Nos equivocamos la primera vez y quizás nos apresuramos un poco al publicar nuestro hallazgo. Pero ahora estamos completamente seguros de que hemos dado con la edad correcta", aseguró el científico marino Paul Butler, de la Bangor University de Gales, Reino Unido, a la revista especializada
ScienceNordic.
Error de cálculo
Según consigna el sitio español
ABC, la confusión tiene una explicación sencilla. Para calcular la edad se contaron los anillos visibles en la concha, tanto en el exterior como en el interior. Recuerda, inevitablemente, a la forma de calcular la edad de un árbol. Dada la avanzada edad de Ming, y la profusión de anillos, estos se habían comprimido. En definitiva: los científicos se han dado cuenta ahora de que se habían dejado unos cuantos sin contar. Los equivalentes a unos 100 años.
Asimismo se han aplicado otros métodos, que describe el biólogo mariono Rob Witbaard, del Royal Netherlands Institute for Sea Research, de nuevo a ScienceNordic: "La edad se ha confirmado mediante varios métodos, incluidas técnicas geotérmicas como el método del carbono-14. Estoy muy seguro de que esta vez han dado con la edad correcta. Si hay algún error, sólo puede ser por un año o dos".
Los científicos aseguran que el estudio de Ming permitirá analizar los cambios climáticos que se han producido desde su nacimiento, poco antes del año 1.500, hasta nuestros días. Explican que el bivalvo constituye, en sí mismo, una prueba año a año de la temperatura del océano.