Que no se rompa el hechizo

Las plazas de Yerba Buena son las cenicientas del cuento. Hasta hace poco, eran lugares inservibles y descuidados, en los que no había hamacas ni asientos. Ahora, algunas se están volviendo atractivas, con caminos, bancos y juegos para niños, incluso integradores. Los vecinos están conformes. Pero para que el hechizo no desaparezca, quieren cuidadores.

¡A DISFRUTAR! Los chicos tienen juegos para entretenerse y los grandes pasan un buen momento. ¡A DISFRUTAR! Los chicos tienen juegos para entretenerse y los grandes pasan un buen momento.
15 Octubre 2013
Griselda Ocampo tiene esperanza. Se ilusiona con que a la manzana casi desierta que está al frente de su casa le pongan bonitas farolas. Entonces, si eso ocurriera -piensa ella- tal vez la gente iría de noche a caminar por ahí. Si además colocaran bancos, árboles y caminos, sería una linda plaza. Griselda es una de las vecinas de la cancha de fútbol situada entre las calles Panamá, Las Rosas, Perú y Santo Domingo, hacia el norte de Yerba Buena. Hace unos meses, al campo deportivo le quitaron unos metros para instalar juegos infantiles, y por estos días, se está haciendo la caminería y se colocaron unos bancos. De hecho, en los planos de la Municipalidad ese predio figura como Plaza de la Caridad (aunque de plaza tiene poco).

La obra forma parte del plan "Más Cerca", que se está ejecutando en unas 32 plazas de Yerba Buena y en otros espacios públicos verdes, como plazoletas y rotondas. Hasta ahora, se han construido veredas y se han colocado bancos y juegos para niños, incluso integradores. Todavía resta que se instale o mejore la luminaria y que se habiliten bebederos, de acuerdo a lo prometido. Según la Secretaría de Obras Públicas, la inversión ronda los $ 9 millones y las obras han alcanzado un 80 % de ejecución. Se prevé que los primeros días de noviembre terminen los trabajos.

"Estos proyectos no hacen más que darle una mejor calidad de vida a los yerbabuenenses y recuperar la actividad de la familia en las plazas, que se había perdido", dice Julio Herrera Piedrabuena, secretario de Obras Públicas.

Cierto. Porque hasta hace un tiempo, las plazas eran lugares inservibles y descuidados, en los que no había balancines ni asientos. Y, en consecuencia, tampoco niños.

Hoy, en cambio, algunas exhiben resplandecientes toboganes, pasamanos, subibajas, columpios y hamacas para para personas con capacidades diferentes. Pero los vecinos piden más: quieren que se designen cuidadores. Sonia Carbonell vive cerca de la plaza situada en Las Rosas y Paraguay. Dice que luego de las remodelaciones deberían evaluarse alternativas para mantenerla a salvo de los vándalos, y para garantizar la seguridad de las personas que ahí se encuentran.

En el espacio con juegos que se instaló en el Playón Deportivo situado entre las rotondas de Horco Molle y de Yerba Buena, por ejemplo, una de las hamacas integradoras duró dos días. "Hay gente que no cuida nada; se llevaron la parte colgante y quedaron las cadenas sueltas", cuenta Analía Juárez, vecina.

La casa de Liliana Fil queda a unas cuadras de la plaza Vieja, en La Rinconada. Ella se ilusiona con que ese paseo se convierta en un lugar atractivo porque, hasta ahora, no se hicieron arreglos, dice. "En vez de juegos, hay unos pedazos de hierro rotosos y herrumbrados. Sólo están instalando bancos nuevos", cuenta.

Un lugar de encuentro
Las plazas fueron, desde siempre, espacios abiertos que la gente usaba no sólo como distensión, sino también como lugar de encuentro. Con el tiempo, fueron perdiendo encanto y se volvieron poco amigables con la gente. Ahora, con la refacción y restauración de estos espacios, los yerbabuenenses podrán volver a usarlos para compartir con sus vecinos. "Desde que arreglaron la plaza, vengo más seguido con mis hijos. Incluso traigo mi mate, unos bizcochos y paso un buen momento con alguna amiga mientras los chicos se divierten a lo loco", cuenta Dora Moreno de Carrizo, que vive cerca de la plaza de Marcos Paz.

Otra vecina de la zona elogió los arreglos que se hicieron y propuso que se establezca un sistema de padrinazgo, como existe en otras ciudades del mundo. "Se podría buscar empresas que quieran hacer aportes mensuales para mantener las plazas en buen estado, aunque para eso, la municipalidad debería colaborar con el nombramiento de un placero. Creo que la figura de un cuidador es indispensable para que estos espacios verdes continúen cumpliendo con su función", señala Ernestina Liotis. Tránsito Paz, de 78 años, era una de las personas que esperaban ansiosas que las reformas llegaran a la plaza vieja de Yerba Buena: "estoy contentísima porque está quedando divina".

Con más luces y árboles, mejores veredas y juegos, la plaza parece otra. Una que Paz ayudó a levantar "cuando era chica" con sus compañeras de escuela. "Pero ahora los chicos pisan el césped y lo arruinan", se quejó. Y se fue a espantar a los que jugaban cerca de las flamantes plantas.

En cambio, Ernesto Funes, de 68 años, se mostró más cauteloso. "Está genial que se recicle las plazas de la ciudad, pero se debería establecer un sistema de guardas para que cuiden lo hecho. Porque una plaza es como el pulmón que le permite al barrio respirar. Y ese tesoro hay que cuidarlo", dijo.

"Todas las tardes vengo aquí. La plaza está hermosa. Falta un poco más de verde y algo más de iluminación, pero ahora se puede estar", dijo Nelly Fernández, vecina de Horco Molle.

"Pensar que antes aquí venían las novias a sacarse fotos. Ahora que el lugar está recuperado espero que vuelvan", dijo Fernández, en referencia a la Plaza Vieja.

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