La Corte dixit: Alperovich viola derechos humanos

En el tramo final de la campaña, la Corte Suprema sorprendió con el fallo en el que acusa al PE de violar derechos humanos. La decisión incide en la elección del timonel del Tribunal Superior.

06 Oct 2013 Por Rubén Rodó
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Cuando la campaña electoral entró en una espiral de vértigo por la captura de las cuatro diputaciones al Congreso Nacional, de la Corte Suprema, Alperovich acaba de recibir, con diferencia de corto tiempo, dos duros mandobles. Dejaron al desnudo que el respeto que dice tener por la ley, no es nada más que una expresión insustancial. Arbitrariamente, con la tozudez de siempre, de la que abusa como un señor medieval, violando la ley, negó a dos jueces bajo juicio político el derecho a jubilarse. Ellos son Emilio Herrera Molina y Alberto Piedrabuena, miembros de la Cámara Penal, Sala II, que absolvieron a los 13 imputados en el caso de Marita Verón, junto con Eduardo Romero Lascano. Debieron apelar a la Justicia en resguardo de sus derechos. Cumplían con los requisitos exigidos por la ley: edad para retirarse, años de servicios y aportes a la Seguridad Social.

Al aceptarse su dimisión por "razones humanitarias", el primero logró zafar. En tanto, la situación de Piedrabuena continúa sin definirse, pese al fallo contundente a su favor. Si el PE se niega a acatarlo, se desatará un culebrón propio del surrealismo tucumano, con desembocadura en la Corte Nacional, sin descartar la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por denegación de justicia.

Al parecer, el gobierno utilizaría el recurso federal para impedir el retiro del juez de marras. Conocida la decisión, se comenta que visitó la Casa de Gobierno Susana Trimarco, la madre de Marita, manteniendo un tenso diálogo con Jorge Gassembauer, ministro de Seguridad, a quien expresó a voces su disconformidad. Además, advirtió que apelaría a sus contactos con el puerto.

La sentencia es ponderable -en opinión de los entendidos-, por su solidez jurídica sin igual y de una valentía no común, y toca un costado inédito como el de los derechos humanos. Su autor, Antonio Gandur, con la firma de los conjueces Carlos Giovanniello y Ebe López Piossek, sostuvo que el PE, al rechazar el apartamiento voluntario de un juez, sometido a proceso de juicio político -en este caso Piedrabuena-, cayó en su violación. Ergo, si el PE está unipersonalmente representado por el gobernador y éste es José Jorge Alperovich, la unívoca conclusión es que el violador de los derechos humanos es José Jorge Alperovich. Y nadie más.

La decisión judicial es el corolario de la presentación que, juntos, hicieron los abogados Arnaldo Ahumada y Roberto Toledo. Nunca una sentencia fue tan lejos, con impacto en el corazón del poder político. El pronunciamiento enfureció a Alperovich, al recibir nada menos que de la Corte tamaña calificación. La bronca brota por sus poros, dicen. La resolución pegó fuerte en la cúspide del diminuto Olimpo e incidió en el reciente aplazamiento de la elección de sus autoridades. Gandur, ya con 79 años a sus espaldas, aspira a jubilarse llevando bajo el brazo la distinción de la titularidad de la Corte.

En la sesión última tenía posibilidades de resultar coronado y Antonio Estofán, igualmente, podía conseguir su continuidad en la presidencia, si ambos votaban por ellos mismos. Alguien advirtió el riesgo de que pudiera salir electo Gandur y se decidió abortar el cónclave.

No se puede elegir a quien trató al gobernador de violador de los derechos humanos

, fue la voz de alerta. Daniel Posse, en su condición de presidente del Jury de Enjuiciamiento, hizo un viaje a Santiago de Chile.

Todo quedó diferido para la reunión del martes 15 del corriente, sin que se vislumbre un acuerdo en el horizonte inmediato. Y menos después del estrépito que provocó el caso Piedrabuena en la Casa de Gobierno. Goane y Estofán propusieron el voto secreto, pero su sugerencia no prosperó por la oposición de sus otros pares. Por el timón de la Corte hay una sorda y encarnizada pelea con alineamientos cruzados. Ni Estofán, ni Gandur, cuenta con mayoría para consagrarse. Como hombre de la transacción, finalmente, podría ser elegido Posse. A pesar del escaso número de componentes, en el tribunal no hay consenso entre los togados.

Temor por el resultado del 27

Con la contienda electoral a la vuelta de la esquina -restan sólo 21 días-, las dudas carcomen más que nunca la testa de Alperovich. Ya no habla del "vamos por todo" como antes. Ahora, se resigna a mantener, si puede, tres de los cuatro pupitres en juego. Pero tampoco está seguro de ese resultado. En su intimidad teme que la pelea termine empardada. El 2 a 2 en este caso para él sería más que una derrota, porque la pérdida de poder le complicará el resto de su gestión, y al no ofrecer futuro padecerá el desangramiento de su feligresía. De la reforma constitucional, ni hablar. La polarización del voto se acentúa. El César subtropical recurrió a golpes bajos para socavar la base electoral de José Cano, que le viene pisando el rastro y cada vez siente su respiración más cerca de la nuca.

Si se suma el revés que le espera a Cristina no sólo en la provincia de Buenos Aires, a manos del tigre bonaerense, con sus efectos irradiantes hacia el interior del país, se explica el estado de intranquilidad que vive el mandamás tucumano. Parte de la tropa se viene sublevando. El primero en saltar el cerco fue el legislador Hugo Balceda.

Por posar en una foto junto a Cano, su esposa y su hijo fueron cesanteados en la Legislatura y a él le cortaron los víveres. Sin tapujos, Gerónimo Vargas Aignasse hace guiños al intendente Sergio Massa. La conspiración no se cuece a las sombras en la Jabonería de Vieytes, como antes de la Revolución de Mayo, sino a luz pública y por la prensa.

El mellizo José Orellana también se retobó y anunció su adhesión al massismo. Va de suyo que es de la partida su hermano. Juntos, en el feudo de Famaillá, controlan un apreciable volumen de votos, que en una elección reñida como la que se avecina, resultan decisivos a la hora de contar los porotos. No digieren que se haya privilegiado a La Cámpora en su propio territorio. La fuga tan temida por el jefe ya comenzó a producirse y tuvo su expresión palpable en las primarias de agosto. El kirchnerismo, tras una década en el poder, perdió la friolera de cuatro millones de votos.

Muchos fingieron su apoyo al zar y gustosos recibieron dinerillos y otras dádivas, pero en el cuarto oscuro depositaron la boleta por Cano, porque ven en esa opción la posibilidad de destronarlo. Después de la medianoche del domingo 27, el peronismo acomodará sus cargas y buscará nuevos líderes, al detectar que la Casa de Gobierno despide un tufillo a calas. En primer lugar, tratará de rescatar al Partido Justicialista de las manos de Beatriz Rojkés, a quien se la considera una okupa. Ya hay conciliábulos para encontrar el hombre con quien dar batalla en esa aventura.

En las primarias el oficialismo alimentó con recursos non sanctos a otras fuerzas políticas y vuelve a repetir la operación para descalzar a Cano. No le fue bien la primera vez. Pudo comprobar, cifras en mano, que el más afectado resultó él. ¿Fue la traición de la que habla el peronismo en su jerga o el hartazgo de la sociedad, anhelante de un cambio de aire?

Su temor sobre el final de la consulta del 27 se refleja en el SOS que tiró al Movimiento de Unidad Popular (MUP), pidiéndole poco menos que de rodillas el voto. Ese desgajamiento interno obtuvo 22.600 sufragios; son para Alperovich como el agua para el sediento. Necesita esos y muchos más para asegurar las tres bancas. Fiel a sus modalidad de siempre, terminó arreglando en catacumbas -con argumentos de peso y un millar de planes sociales- con el dúo Luis Romano-Andrés Haime, concejal peronista de Ciudad Alberdi, el primero, y dirigente del sindicato de Seguridad Social, el otro. Nacido como alternativa al alperovichismo, el MUP concluyó rindiéndose antes de la batalla final. Antonio Guerrero, cabeza del grupo, se abrió por fuertes disidencias con ellos.

Cuando la campaña electoral arrecia por la captura de voluntades, para la pareja monárquica las cosas se enturbiaron abruptamente. La usurpación del predio de la ex fábrica de cohetes Pacífico y la represión policial sin misericordia complicó todo. Como conductora de la operación ilegal se sindicó a Mariel Banegas, quien fue registrada en una filmación casera.

Sin filtro ni eufemismos se la oye decir: "yo trabajo para la Sara y para la Betty" (por la hija del gobernador y su cónyuge). Su difusión fue el plato fuerte de las redes sociales y de la prensa. Dio a entender que su acción estaba apadrinada por las féminas del poder.

El gobierno la denunció penalmente por el delito de estafa. En su defensa, ahora, Banegas exhibe una foto vistiendo una camiseta con el logo del Ateneo de la Militancia, además de ratificar lo que había dicho. El grupo político nacido a inspiración de la senadora nacional, hoy es conducido por su hija Sarita. Tampoco ayuda a Alperovich en tiempos electorales el descubrimiento de una red policial vinculada al narcotráfico. ¿Todo esto cuánto incidirá en la conciencia de la gente a la hora de votar?

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