Hoy va a escribir el gordo. El que aprendió a reírse de sí mismo para adelantarse a los chistes que todos harán sobre su peso. El que sabe contar las calorías de todas las comidas para la eterna dieta que será rota el martes o miércoles de cada semana. El que sufre cuando mira en las vidrieras las remeras o los pantalones "para flacos". El que come sin culpa un buen asado o dos platos de locro. El que conoce la cartilla de nutricionistas de toda la provincia e intenta, una y otra vez, tener la fuerza de voluntad para hacer un tratamiento serio. El que se inscribe dos veces al año en el gimnasio para no asistir. El que transpira cuando va a una fiesta en la que las sillas son de plástico, y trata de no sentarse para no pasar el papelón de terminar en el piso. El que guarda en un cajón un pantalón de hace 10 años con la esperanza de que "volverá a entrar". El que aguanta las miradas burlonas cuando en un bar pide una "ensaladita" y en realidad quiere devorar un plato de ravioles.
Hoy te quiere escribir el gordo. El que sufre de tiroides y el que es consecuencia de los sándwiches de milanesas y los guisos de lenteja con chorizo colorado. El que toda su vida vivió con la adiposidad a cuestas, y el que fue sorprendido ya de grande por la gordura. También te escribe la rellenita que desafía las miradas y usa los tops ajustados, y la madre que nunca pudo recobrar la figura que tenía antes del embarazo. La que sólo tiene sobrepeso y la de la obesidad mórbida.
Hoy te escribe el gordo. El que después de estas palabras participará con una sonrisa de las chanzas que le dirán "de onda" los amigos. El que leerá en los comentarios de la nota un "entonces cerrá la boca lechón" y soltará una carcajada cómplice, mientras seguirá luchando, como todos los días, para dejar de ser talla XXL.
Hoy te quiere escribir el gordo. El que sufre de tiroides y el que es consecuencia de los sándwiches de milanesas y los guisos de lenteja con chorizo colorado. El que toda su vida vivió con la adiposidad a cuestas, y el que fue sorprendido ya de grande por la gordura. También te escribe la rellenita que desafía las miradas y usa los tops ajustados, y la madre que nunca pudo recobrar la figura que tenía antes del embarazo. La que sólo tiene sobrepeso y la de la obesidad mórbida.
Hoy te escribe el gordo. El que después de estas palabras participará con una sonrisa de las chanzas que le dirán "de onda" los amigos. El que leerá en los comentarios de la nota un "entonces cerrá la boca lechón" y soltará una carcajada cómplice, mientras seguirá luchando, como todos los días, para dejar de ser talla XXL.
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