La rueda no puede girar para atrás

Jorge Figueroa
Por Jorge Figueroa 28 Agosto 2013
Que las redes sociales son la vedette de nuestros tiempos nadie lo pone en duda; pero lo que siempre escucho son escritores preocupados por salvar una escritura fuera de época, padres temerosos por la exhibición hasta obscena de sus hijos, y a algunos periodistas que pretenden girar las ruedas para atrás. Eso sí, no faltan los maestros que se quejan por la pérdida del hábito de la lectura de los jóvenes. Todo parecería indicar que estaríamos echando al pozo los grandes (¿?) valores heredados de la modernidad. Y en parte, es verdad. También soy un padre que me molesta ver algunas fotos de mis hijas en Facebook. Extraño, además, y no poco, esa escritura seductora, reflexiva y estudiosa, y aquella que me hacía protagonizar historias ajenas. Pero por sobre todas las cosas, soy enemigo de las idealizaciones. ¿Acaso no se lee de otra manera o se escribe distinto, sin que por eso, dejen de ser lectura y escritura? Atacados de nostalgia, ¿podremos asegurar que la comunicación perdió su calidez o se ha hecho fría y distante? ¿Que todo está inter-mediado? No creo que las redes sociales nos alejen, más allá de lo que estamos, efectivamente, en la vida real. Lo del café de amigos o la cerveza compartida no es lo contrario, necesariamente, del chat, o de los mensajes de texto; a las redes sociales no se las puede acusar de anular las relaciones directas, face to face. En definitiva, no me molesta que en el día del cumpleaños me saluden con un posteo. Me interesa sí, que mis hijos dominen las herramientas de su tiempo, que son los que les permitirán sobrevivir, apenas, en esta jungla hostil en la que vivimos. Creo que es imposible escaparse del tiempo en que vivimos; y en todo caso, lo mejor será encontrar el modo propio de linkear.

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