“Mi padre era un militante y siento orgullo de ser su hijo"

“Mi padre era un militante y siento orgullo de ser su hijo"

Augusto Medina tenía 12 años cuando una patota ingresó a su vivienda y se llevó a su padre, Angel “Lito” Medina, secretario del Partido Comunista de Monteros.

LA GACETA / FOTO DE ARCHIVO LA GACETA / FOTO DE ARCHIVO
16 Agosto 2013
Angel “Lito” Medina, secretario del Partido Comunista de Monteros, detenido ilegalmente en 1976 y desde entonces desaparecido, revivió ayer en la voz de su esposa, de su hermana y de su hijo, que contaron ante el Tribunal Oral Federal cómo fue el secuestro de su casa, el día en que festejaba su cumpleaños número 29.

“Mi padre era un militante y siento orgullo de ser su hijo. De él aprendí la integridad, el amor al pueblo y a no claudicar en mis convicciones”, dijo Augusto Medina, que tenía 12 años cuando una patota ingresó a la vivienda donde estaban familiares y vecinos en medio de la celebración.

Ayer y hoy continuaron las audiencias en el juicio conocido como Megacausa Jefatura II - Arsenales II. En la causa hay 41 imputados, acusados de torturas, secuestros, homicidios y otras violaciones a los derechos humanos en contexto de terrorismo de Estado, contra más de 200 víctimas.

El secuestro de Medina fue el pico de una sañuda persecución, según contó Asunción de Jesús Cerrizuela, esposa de “Lito”. La casa ya había sido allanada tres veces, él mismo detenido durante el Operativo Independencia en la “Escuelita” de Famaillá, y cada tanto les tocaban la puerta a medianoche para intimidarlos, una situación de permanente tensión que afectaba a toda la familia.

“Poníamos a los chicos a dormir en colchones en el suelo para que, si había disparos, no los alcanzaran. No los mandaba a la escuela y no abría la puerta de la casa. Yo me quedaba despierta para vigilar durante la noche, así mi esposo pudiera descansar e ir al trabajo al día siguiente (era empleado en la sucursal de Monteros del Banco Nación)”, contó Asunción.

La noche en que se lo llevaron, unas 15 personas entraron a la casa, golpearon a los asistentes a la reunión, incluida la hija de 10 años del matrimonio Medina, que sufría epilepsia. A él, contó su esposa, lo sacaron a rastras, por el fondo de la casa y por encima de un alambre de púas, y lo tiraron en un camioneta. “Los vecinos salieron a la calle, gritando, para que no lo lleven”, relató.

Augusto contó que estaba en la plaza de la esquina cuando vio un movimiento inusual de vehículos frente a su casa, y corrió a ver qué pasaba. “Cuando llego veo que había gente con la cara tapada, uno tenía peluca y anteojos. Estaban golpeando a mi hermana, mientras mi padre decía decía ‘no le peguen a mis hijos’, en medio de gritos de dolor. Era lo único que decía, hasta que le pegaron en la cara y le arrancaron los dientes”, rememoró con emoción el hijo del dirigente de Monteros.  

La búsqueda que siguió a la detención fue un infierno, insistió Asunción: “Me quedé sola, con tres hijos, sin saber dónde estaba mi marido y sin sustento ni para buscarlo. Sus compañeros del Banco Nación hacían una colecta todos los meses para ayudarme, pero al tiempo les prohibieron hasta eso.  A los pocos meses me tuve que ir de la casa que alquilaba”.

Contó también que pasó a veces días enteros esperando que la atiendan en la Jefatura de Policía para preguntar por el paradero de Lito: “El jefe de Policía (Albino Mario) Zimmerman me mandó a hablar con el general Arrechea, en Baviera. Él me dijo que no había presos con ese nombre, que me vaya a mi casa, a cuidar a mis hijos, o me iba a pasar lo mismo”.

Con el tiempo, los Medina tuvieron noticias de que Lito había estado secuestrado en el centro clandestino de detención que funcionaba en el predio de atrás de la Compañía de Arsenales Miguel de Azcuénaga. El médico de Aguilares, Alberto Argentino Augier, lo había visto durante su cautiverio y que, cuando lo liberaron, Lito aún estaba con vida.

“El doctor Augier me dijo que tenía que estar orgulloso de mi padre, que nunca agachó la cabeza y que tenía grandes agallas. Lo traían de la tortura y lo dejaban tirado en el piso. Y él, cantaba La Internacional”, se emocionó su hijo. “Los que lo llevaron son traidores a la Patria, son ladrones de vidas, que no pueden caminar por la calle, sino que tienen que ir a cárcel común”, insistió Medina.

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