Los riesgos de montar un camello en Dubai

Los riesgos de montar un camello en Dubai

Por Rubén Rodó - Para LA GACETA - Tucumán

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04 Agosto 2013
El próximo domingo es día de votaciones. Supuestamente una fiesta de la democracia, como suele ser la trillada y vacua expresión de los políticos. Se cumple, así, una formalidad del calendario electoral, que determina el recambio de medio tiempo en el Congreso Nacional. La ciudadanía de la comarca, como la del país, participará de las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias. Aquí, se ungirá sólo a cuatro diputados nacionales. En esta escala se definen los postulantes que han de confrontar en la consulta del 27 de octubre: la parada grande cuando se dispute quién será el inquilino de la Casa Rosada, desde 2015. Pueden votar 1.079.057 personas. Ficharon 17 listas con expresiones políticas de todo pelaje, algunas de raquítico peso electoral. Es la generosidad de la democracia para satisfacer la vanidad de postulantes sin votos.
En la última recta de la campaña, un camello corcoveador, en Dubai, tiró al zar a la arena. Políticamente, claro. Maltrecho, perdió el paso. No pudo ocurrirle nada peor, por la difusión del video casero en las redes sociales, dando cuenta del viaje de placer de la pareja monárquica por los Emiratos Árabes, con paseos en camélidos y divertimentos con odaliscas. Gastaron dólares a manos llenas, junto con el séquito de palafreneros: Mansilla, Jaldo y el ministro Jorge Gassembauer, con sus respectivas consortes. Se coló, de rondón, el Gran Cuñado. Su divulgación generó la iracundia del César y un escándalo en palacio. ¿Quién filtró ese video que la TV nacional y los diarios porteños reprodujeron hasta el hartazgo? Nadie más que alguien que participó de la excursión, que no ama a Alperovich evidentemente.
En una provincia ancestralmente paupérrima, con bolsones de indigentes y villas miseria por donde se mire, resulta una impudicia tal exhibición de faraónica riqueza, pagando hoteles de 5.000 a 25.000 dólares por noche, según la esposa del mandatario. En tanto, el dúo feudal en una década de administración no resolvió aún el alto desempleo, ni el problema de la droga, ni la inseguridad de la gente, ni la provisión de agua. A los jubilados de la Plaza se niega el 82% móvil, pese a sentencias firmes de la Corte, y un juez enfermo de cáncer no puede acceder a su retiro, porque al jefe del PE, desconociendo una ley expresa, no se le antoja. Aunque el viaje haya sido abonado de su bolsillo, un gobernante ante su pueblo en crisis debe mostrarse recatado, por lo menos.
Para los argentinos de a pie hay cepo cambiario, para los viajeros reales, no. La excursión generó en la sociedad una bronca generalizada. Rupias verdes no le faltan al mandatario. Seguramente le queda un saldo, todavía, de aquella compra de dos millones de dólares que hizo años atrás, en paralelo, con el difunto cacique patagón. Resta conocer si el viaje ida y vuelta a Buenos Aires se hizo en el avión "sanitario" que los tucumanos pagan con sus impuestos.
Las del domingo 11 ¿son elecciones democráticas, auténticas y libres, con igualdad de oportunidades para todos los partidos políticos lanzados al ruedo? Si un forastero llegara a estas tierras y se enterara de que el gobernador ganó su última sospechosa re-reelección con casi el 80% de los votos emitidos, diría que es un gobierno legítimo por su base de sustentación. Nadie duda que se cumple el protocolo de la voluntad popular expresada a través del voto universal y secreto. Pero entre la legitimidad y la legalidad hay una abismal diferencia.
¿Cómo se consigue hoy la adhesión ciudadana? En la comarca la cosecha multitudinaria de voluntades viene con una matriz impura, producto del clientelismo. No es un invento de Alperovich, hay que admitir. Data de lejos la malsana práctica y se aplicó siempre, desde el conservadorismo hasta los turnos populistas que le sucedieron en el Siglo XX. Pero jamás se dio como ahora. El sufragante se convirtió en rehén de miles y miles de planes sociales de los que usa y abusa el cristinato. El César vernáculo no es la excepción, y los utiliza al voleo y sin pudor para la captación de voluntades.
Con total descaro el día de elecciones -antes también- a las puertas de los centros de votación, se reparte bolsones de alimentos o dinero comprando conciencias. O si no, se amenaza al sufragante con quitarle los subsidios, negociándose el hambre por el voto. No es el mejor modo de combatir la pobreza, una deuda social que el peronismo no pudo saldar en más de medio siglo.
A falta de fuentes genuinas de trabajo que devuelvan la dignidad del hombre, hoy el país está anegado con programas de todo tipo. Si bien es una forma de zafar del hambre más urgente, en el fondo, es una manera no ética de dominación de la conciencia del votante, condicionada por el pánico a perder los pesos que lleva a su hogar. Entonces, hay que concluir que no es un hombre libre a la hora de sufragar, ni la consulta popular es democrática ni auténtica como lo exige el Pacto de San José de Costa Rica, anexado a la Constitución Nacional. Los planes sociales, a la postre, terminaron eliminando la cultura del trabajo. Tampoco hay igualdad de oportunidades. Mientras el zar echa mano al aparato del Estado y sus recursos para promocionar a sus favoritos, en el arco opositor rompen alcancías en una pelea muy despareja.
Viene cantado. Los comicios del 11 se polarizarán entre el gobernador y el senador radical José Cano. Ellos son los contendores reales, pese a que no está nominado Alperovich. En la cartelería callejera se lo exhibe aviesamente colocado como si fuera uno más. El fin desembozado es confundir a la gente. Él al medio flanqueado por Manzur y Jaldo. Son tales los retoques cosméticos en el rostro del ministro Manzur que su foto parece la de un mocetón y no la de un hombre que ya superó la cincuentena.
En anchas franjas de la población, en particular en los estratos sociales bajos menos informados, y en otros también, no se sabe, en verdad, qué se vota, ni por quién. De ahí, la argucia fotográfica de incluir a Alperovich como si tirara el carro oficial, en el afán de capturar votos mediante una trampa. Es la confesión -sin decirla- de la desconfianza en sus propios pupilos, sin capacidad de juntar voluntades por sí solos. En los mentideros políticos del peronismo, como afuera, hay consenso de que el armado del lote no es el mejor, ni el más atractivo. Manzur dentro del partido de Perón es un recién llegado, sin capital electoral, ni carisma y encima no es amado por la muchachada peronista. Tampoco por la zarina.
En las elecciones de 1995, al concluir la gestión de Ramón Ortega, en la confrontación con Antonio Bussi por la gobernación, el peronismo llevó a Olijela Rivas como candidata. Padeció una poda de boletas desde adentro del PJ y ganó el represor. El temor del patrón y de su entorno es que ahora los alperovichistas excluidos o desencantados opten por otros postulantes. Hoy, son otros comicios, otras circunstancias y otro el contexto histórico. Desde luego, Manzur no perderá, pero la gran duda que sobrevuela es cuántos sufragios logrará juntar. Cano le viene pisando el rastro a Alperovich y en el horizonte se recorta su figura ante la sociedad como una posible alternativa de poder en 2015.
En el argot del peronismo la palabra traición suena como una fulmínea descarga eléctrica. Un pánico no confesado envuelve a la dirigencia oficialista. Si en la aventura del domingo 11 se mancara el caballo del comisario, el beneficiario directo será el senador radical. El temor es que aquellos marginados jueguen en contra o se abstengan de movilizar a sus huestes. En voz casi inaudible se dan nombres y apellidos. Las miradas se asientan en la alcaldía capitalina y en los mellizos Orellana, en Famaillá, a pesar de los juramentos de fidelidad ante el sumo sacerdote. A última hora hubo fricciones entre Amaya y el mandatario.

Ebullición en la Corte

La Corte Suprema se convirtió en una olla a presión, próxima a estallar. Detonará cuando se conozca el fallo que se cuece por el caso Marita Verón. Ante una sentencia absolutoria de la Cámara Penal, como la que analiza el tribunal, tiene sólo dos alternativas en opinión de hombres de derecho: confirmarla o revocarla. Cualquiera fuera, generará un escándalo de proporciones. Para salir del atolladero, ¿qué se propone hacer la Corte? Por lo que se filtró de sus entresijos: anular la absolución de los camaristas y, en el mismo fallo condenar a los imputados, algo que jamás ocurrió. La escapatoria tangencial que se busca, antes que sustancia y rigor jurídico, tiene esencialmente un malsano contenido político, opinan los especialistas.
Al pasar por Tucumán, Julián Álvarez, funcionario ultra K, conminó a "resolver el caso y condenar". Sin margen de nada, la sala penal de la Corte -Antonio Gandur, Antonio Estofán, Claudia Sbdar- camina en la dirección marcada. La sentencia ya estaría redactada, envuelta en papel celofán y con moño. Su redactor fue Antonio Gandur, el mismo vocal que otorgó el tercer dudoso mandato a Alperovich. De los 13 imputados, uno murió: 10 estarían condenados y dos salvados del patíbulo. La resolución judicial -apelable ante la Corte de la Nación- dejará contentos, sin duda, a Susana Trimarco, a Cristina y al jefe del PE. Por ahora.
En la noche del viernes, la vocal Sdbar, en el caso del juez Emilio Herrera Molina, habría emitido su voto ordenando al PE a aceptar su renuncia para jubilarse. Es un duro revés para el gobernador. Si no hubiera sentencia hasta mañana, la defensa plantearía la acción ante la Corte de Derechos Humanos, por denegación de justicia en una acción de salud. El miembro subrogante Salvador Ruiz tiene previsto un viaje al exterior. Si lo concretara sin definirse el caso, no habrá tribunal para resolver el planteamiento del juez de marras.

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