Talleres para los que protagonizan accidentes

02 Agosto 2013
Se lo define como suceso eventual del que involuntariamente resulta un daño que altera el orden regular de las cosas. Es decir que un accidente es un hecho que no puede evitarse porque ocurre inesperadamente. Según la asociación civil "Luchemos por la vida", en las estadísticas indican que el factor humano incide en un 90% en los accidentes viales y el resto se distribuye entre el camino y el vehículo.

Desde hace siete años, por solicitud de los juzgados correccionales provinciales, la Dirección de Tránsito de la Municipalidad capitalina viene dictando cursos para conductores que han sido despojados de su licencia de conducir. Por los más de 70 talleres ha pasado más de un millar de personas, la mayoría hombres. Deben asistir a clases, rendir un examen y si aprueban se les restituye el carnet.

Pero no todos los conductores experimentan un sentimiento de culpa. Los más afectados suelen ser aquellos en los que accidentes hubo víctimas mortales. "Es cierto que muy pocos conductores asumen su responsabilidad cuando participan de un accidente. Hay casos en los que verdaderamente no tienen la culpa, pero como manejaban el vehículo de mayor porte se los responsabiliza a ellos. Tratamos de concientizarlos para que sepan que salir a la calle significa exponerse a cosas que, por más prudentes que sean, les puede pasar", dijo la psicóloga de la repartición.

Cuando se registran muertes, especialmente de niños, se necesita una ayuda profesional para poder salir del estado de angustia. En contrapartida, en los casos más leves, se suele adjudicarle la culpa al otro y no se vislumbra arrepentimiento, pero se reconoce que el episodio dejó una huella difícil de borrar.

De acuerdo con las estadísticas más recientes, se registran en el país alrededor de 22 muertes viales diarias que podrían evitarse y suman 8.000 decesos al año. Tucumán había aportado 257 defunciones a los 7.485 fallecimientos que había computado la asociación civil "Luchemos por la vida" durante 2012 hasta el 4 de enero pasado, 44 más que en 2011. Según la Dirección de Transporte de la provincia, desde que comenzaron los controles de alcoholemia en 2007, hasta mayo pasado ya hubo 8.256 conductores que fueron inhabilitados por manejar borrachos, un promedio de 112 por mes. El 45% de quienes conducen alcoholizados tienen en 31 y 40 años, según se consigna en la amplia cobertura periodística que le dedicamos a este tema en nuestra edición del martes.

El dictado de estos talleres municipales será positivo en la medida que generen una reeducación vial, una profunda reflexión en los inhabilitados y que no haya reincidencias. Sería positivo que también hubiese talleres destinados a las víctimas y a sus familiares, especialmente en el caso de muertes.

Sería importante que en lugar de empezar por el final, se comenzara por el principio, es decir que hubiese un curso exhaustivo con evaluaciones rigurosas para poder obtener la licencia de conducir cualquier vehículo y que la persona que lo reprobara tuviese que repetirlo, y si fracasara por tercera vez, que no se lo otorgara. Que a la hora de renovar el carnet, se volviera a rendir un examen. Un médico debe aprender a curar a una persona antes de tratarla y no después de dejarla inválida o de matarla por negligencia. Sentarse frente a un volante implica una gran responsabilidad social porque debemos cuidar la vida del prójimo y la propia, y quien lo haga debe estar capacitado para ello.

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