Mucho más que dos estilos

Las peleas entre Lavagna y De Vido exponen un clima peligroso.

12 Octubre 2003
BUENOS AIRES.- En medio de un solapado tironeo, los ministros resultaron ser los protagonistas centrales de la semana en algunos episodios clave, donde los crujidos más notorios se produjeron -otra vez- desde adentro hacia afuera del Gobierno.
Si bien la confianza coyuntural parece haber retornado levemente (baja del dólar, suba de acciones, los Boden, los Pre 8 y Pro 12 y alguna mejora en el consumo de bienes durables), estas señales contradictorias nublan el mediano y el largo plazo y diluyen el horizonte de inversión y la sustentabilidad de la economía.
El ruido mayor lo protagonizó Gustavo Beliz con su frase sobre la "narcodemocracia", disparada para desactivar una operación de desgaste hacia él, que ya circulaba en el Gobierno, con destino diplomático incluido. Sin embargo, los empresarios que necesitan tomar decisiones de largo aliento miran cada día más preocupados el tándem Julio de Vido - Roberto Lavagna y las señales de deterioro de una relación que nunca fue brillante. Los tironeos entre ambos ministros resultan, para sus análisis, la más clara referencia al peligroso clima deliberativo que se está generando en materia de decisiones económicas.

El gradualismo
En un gobierno que ha desechado el shock como consigna económica, el gradualismo activo del presidente Kirchner (y obviamente de su delfín De Vido) se está convirtiendo en un contrapeso preocupante del gradualismo algo más pasivo de Lavagna, que el ministro desarrolló en su charla ante la Fundación Mediterránea. Según el orador, se trata de un esquema cuyo apoyo popular se basa en la equidad en el reparto de las pérdidas con un ritmo que, sin dar señales categóricas a favor de uno o de otro sector, servirá para darle estabilidad estructural al sistema. Aunque el discurso fue criticado, de este modo visualizan la pelea los hombres de negocios, quienes se ponen de modo casi unánime del lado de Lavagna. Desde lo conceptual, esa es la divisoria de aguas entre ambos estilos; y quienes toman decisiones creen que queda muy poco espacio para una convivencia duradera.
Desde lo operativo, está claro que la pelea es por el control de la Caja; y en esa cuestión Lavagna y su secretario de Hacienda están más que sentados sobre ella, aunque los excelentes datos sobre el superávit que se conocieron en estos días hayan sido empañados por un aumento más que preocupante en el nivel de gastos. En este goteo permanente de fondos no es ajeno tampoco el Ministerio de De Vido, que genera subsidios aun a contramano de posiciones preelectorales, como en el caso de los ferrocarriles.
Para evitar nuevos manoteos, Lavagna quiere apurarse a bajar impuestos distorsivos y empezará lo antes posible con el Impuesto a las Transferencias Financieras. En tanto, desde ambos sectores no se ahorran palabras "off the record" para descalificar al rival. Desde Planificación se habla peyorativamente de "piloto automático" para emparentar a Lavagna con Roque Fernández. Desde Economía, un integrante del equipo se refería a la intervención del ministro de Planificación, cuando apostrofó a las empresas eléctricas para advertirlas sobre un eventual corte de servicio. "No se pueden generar terremotos por decreto", decía.
En todo caso, la mención sirve para marcar el clima que existe en el Palacio de Hacienda, en relación con el avance de las huestes santacruceñas sobre temas que tradicionalmente eran de su incumbencia. Ni la coparticipación, ni la renegociación de los contratos de las empresas de servicios públicos privatizados, tienen a los hombres de Economía como protagonistas, hoy casi enclaustrados en resolver la delicada reestructuración de la deuda.Los logrosLo paradójico es que ambos modos de ser tienen logros que mostrar. El estilo K goza de una altísima popularidad, basada en una esgrima política que necesita tener a diario flancos abiertos que sustenten su construcción transversal. A su vez, Lavagna se enorgullece de que, debido a su manera de encarar las cosas, la Argentina está recuperándose a un ritmo que llegaría al 7,5%.Sobre 2004, los analistas ya evalúan que -pese a la disparidad de los sectores- con un cierto viento de cola vía precios del petróleo y la soja, y con un concreto manejo de lo monetario y lo fiscal, sin que haya demasiada inversión y sólo por el arrastre de este año, más la capacidad instalada aún ociosa que tiene la industria, es probable que se pueda repetir la performance.Pero el agujero negro comienza a visualizarse para 2005, después de la renegociación de la deuda y con los vencimientos de las nuevas colocaciones en marcha, ya que es notorio el faltante de financiamiento de allí en adelante. Todos creen que desde entonces comenzarán a definir la situación económica las reformas estructurales que pudieran haberse concretado, las que deberán motorizarse como señal de largo plazo para el retorno de la inversión y el crédito.Y para hacer estas reformas estructurales, en muchos de los casos el gradualismo puede no ser un buen consejero. Limita la inercia y estabiliza las cosas en una meseta que la actual situación social podría no tolerar. (DyN)

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