La oposición encontró blancos

Alperovich mostró parcialmente sus cartas y Miranda soportó el fuego cruzado de sus competidores.

12 Octubre 2003
Dentro de dos semanas acabará el tercer ciclo electoral de 2003 en Tucumán. Faltan, además, 17 días para que Julio Miranda transfiera el gobierno a José Alperovich, en el marco de una sucesión diseñada y ejecutada rigurosamente por el peronismo.
Esa simultaneidad de procesos ha determinado que ambas figuras del justicialismo se erijan en blancos fijos de la oposición multipartidaria, desde que empezó octubre.
La apatía ciudadana, sin embargo, está lejos de haber sido sacudida por la acción de los partidos y de las coaliciones. La naturaleza de los cargos en disputa -cinco diputados y tres senadores nacionales- le quita encanto a la competencia. Los representantes al Congreso son personajes que aparecen alejados de la comunidad, según la percepción popular. En esto influye la ausencia de una rendición pública de cuentas ante la sociedad.
Desde el lado de la política, la cuestión se ve de otra manera. El mirandismo y el presidente Néstor Kirchner quieren engordar los bloques oficialistas en el Congreso porque necesitan imponer una agenda legislativa.
La dirigencia hostil al binomio Miranda-Alperovich se propone crear un escenario político que no se parezca al del 29 de junio. Este nuevo tablero determinaría una recomposición de fuerzas con miras a los comicios legislativos de 2005.
Derrotar al oficialismo en las urnas, no obstante, es una empresa sumamente difícil, como quedó demostrado ese día en Tucumán, y en el país en general. San Juan escapó de esa regla el domingo anterior, donde el PJ se apropió de la administración.

La paradoja
Los primeros actos de gestión de quien aún es gobernador en potencia, les inyectaron vitaminas a los contendientes de Miranda.
Alperovich se fortaleció a expensas del gobernador candidato, es la lectura que hace el mirandismo ortodoxo. Quienes están afuera del ring opinan que las tensiones sobrevinientes a las leyes aprobadas por la Legislatura que se va el 29, son simples reacomodamientos producidos dentro del pacto Miranda-Alperovich. Desdramatizan, en consecuencia, los desajustes de estos últimos días.
Empero, el jefe de campaña del PJ, Antonio Guerrero, casi abandona el barco, a causa del efecto electoral negativo de algunas de esas disposiciones. Así planteó que eran irritativas la reforma de la Ley Orgánica de Tribunales (creación de una sola cámara de apelaciones penal) y la libre disponibilidad del personal estatal. "Le dimos bandera a la oposición", se quejó el ex ministro.
Miranda admitió que vetaría ambas leyes, pero también dijo que no trabaría la que flexibiliza la intervención a municipios y comunas rurales con 21 votos. El vicegobernador electo, Fernando Juri, fue también testigo de las promesas hechas en El Mollar. Aún esperan que el gobernador actual firme los vetos, pero la Legislatura no le remitió los textos sancionados el 3 de este mes.
La diputada Stella Maris Córdoba no quiere pelearse con los gremios de estatales, ni tampoco que se baje a 21 el número de votos necesarios para echar a intendentes y a delegados comunales. Discrepa, así, con el primer candidato a diputado Gerónimo Vargas Aignasse, firme impulsor de los cambios.
Juan Ruiz Olivares dijo que la comunicación de las aprobaciones debe efectuarlas Sisto Terán porque presidió aquella reunión. Y el vicegobernador no lo hace porque está en Buenos Aires. Con ese juego de indefiniciones, cruje la continuidad institucional en la conducción de la Cámara. Ahora bien, la impaciencia gremial no se desarticuló y se proyectará para el martes, con nuevas protestas callejeras. En el sindicalismo temen que todo se estire hasta después del 26, que es cuando Miranda podría promulgarlas sin sufrir presiones.
Las dirigencias sindicales próximas a Miranda dan argumentos para el veto que los beneficia. La sombra del revés que sufrió ATEP a manos de la UDA en las elecciones docentes preocupa a esos cuadros cercanos a Miranda.

Fue a cuenta
Alperovich zanjó la discusión en su entorno y explicó, en público, por qué reclamaba las normas polémicas. La ejecutividad predicada es la contracara de la concentración de poder.
Adelantó, de esa manera, una de las facetas de lo que será su estilo de conducción. El y el ideólogo del esquema jurídico -el futuro ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez- estaban eufóricos por los logros conseguidos. Si las piezas clave se mantienen en pie, la próxima administración podría atender los asuntos de Estado, sin mayor participación de la Legislatura, por lo menos un año.
La insistencia que Alperovich pone en el cambio del régimen de los decretos de necesidad y urgencia revela su profunda desconfianza en la Legislatura formada por el sistema de sublemas. En esta, la coalición oficialista es mayoría indiscutida. La ausencia de derogación de esas resoluciones por la Cámara en el plazo de 20 días, las convertiría en leyes. Alperovich exige seguridades para su acción gubernamental. Ese controvertido régimen se las daría. El criterio de eficacia con el que el futuro gobernador mediría la actividad de intendentes y comisionados comunales despierta reservas por su subjetividad. Y en la oposición recelan de que se vayan a ahogar las administraciones de otros signos partidarios.
En la esfera parlamentaria, en los primeros días de la semana pasada, el académico Rodolfo Danesi (Ciudadanos Independientes) ofició de nexo entre legisladores electos para promover reclamos de derogación de las leyes.

Entre dos polos
Entre la gobernabilidad futura y las necesidades electorales se desenvuelve el trajín de Fuerza Republicana. En esta aseguran que recuperarán posiciones de privilegio en el electorado.
Así, el intendente electo, Antonio Bussi, no ataca a Alperovich y el futuro concejal Miguel Brito votó por la Ley de Presupuesto 2003, en la última sesión de la Legislatura. El candidato a senador Ricardo Bussi dispara, a su vez, contra Miranda. La política contiene a los dos discursos, que plantea conflicto con uno -Miranda- y conciliación con otro- Alperovich-.
Los rivales del bussismo explotan esa dualidad de planteos. José Ricardo Ascárate (Unión por Tucumán) afirma que el Gobierno ha fabricado su oposición amigable, que no es otra que Fuerza Republicana. El y Gumersindo Parajón aunaron esfuerzos. El Frente Cívico presume que las presencias de Ricardo López Murphy y Mauricio Macri significarán avales para sus candidatos Esteban Jerez y Pablo Walter. Aquel pacto -vía Roberto Palina- y Unión por Tucumán pelean por la captación de los radicales. El Encuentro persiste en su táctica de kirchnerismo ortodoxo y de antimirandismo, porque cree que la Casa Rosada no lo abandonó. Todas esas fuerzas sufrirán el aluvión de bolsones que desataría el PJ antes del 26.

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