12 Octubre 2003 Seguir en 
El ánimo y las expectativas de los tucumanos comienzan a construirse con otras referencias políticas en estos días. El relevo de la gestión de gobierno ya impacta en las percepciones y en los sentimientos personales y de los actores sociales. Será el séptimo Gobierno (incluida la intervención federal de 1991) que asume desde 1983. Lejos de aquellos días iniciales de ilusiones y encandilamientos, un nuevo tiempo se instala en la vida democrática de la provincia.
En estos años, la historia y la constatación de la realidad han desnudado dolorosos errores y desatinos de las conducciones políticas de los Gobiernos de la Nación y de la provincia; los aciertos no parecen haber ido más allá de unas cuantas respuestas coyunturales o de supervivencia. Se sabe, los manejos de la economía dejaron agujeros por todos lados e hicieron estragos en amplias capas sociales. Tucumán está casi colmado de sobrevivientes de la catástrofe.
Pero también hay que decirlo: la sociedad vislumbra mayoritariamente que un cambio de aire refresca este presente y reconstruye las maltrechas expectativas. La llegada de Néstor Kirchner a la Casa Rosada y el manejo económico sin fundamentalismos impuesto por Roberto Lavagna han ido modificando el clima de convivencia y de negocios, los proyectos personales y corporativos y el rumbo del país. De hecho, nuevos signos económicos y sociales muestran una modificación de las tendencias. Después de una caída de un 20% del PBI desde1998, la Argentina podría crecer en torno del 7% durante este año. Mejores chances para la exportación de los principales productos que se producen en el país enmarcan también la nueva realidad. Sí, esta Argentina supérstite de la hecatombe de fines de 2001 muestra signos de recuperación y vitalidad.
En ese escenario llega la nueva administración de la provincia. Una primera lectura muestra entonces que al gobierno de José Alperovich lo espera un cuadro de situación complejo, contradictorio, lleno de urgencias, pero frente a una mejor posición comparativa. Enfrentará una fuerte carga del pasado (la deuda social y las secuelas de los desprestigios políticos), pero también contará con ciertas ventajas financieras obtenidas por la provincia a través de acuerdos con la Nación y con los organismos multilaterales de crédito. La renegociación de la deuda consolidada, por ejemplo, y las mejores recaudaciones impositivas, le dejarán márgenes hasta fin de año, por lo menos, para enfrentar los compromisos salariales sin complicaciones.
Uno de los principales integrantes de la próxima administración lo graficó así: "llegamos en un momento que no es malo, porque las condiciones son mejores que antes y porque ahora hay muchas posibilidades para hacer cosas".
Por caso, en ámbitos empresarios, el nuevo Gobierno despierta interés y expectativas, aunque también dudas y reparos. Algunas leyes sancionadas por la Legislatura que podrían servir para mejorar las prestaciones del Estado son bien vistas por el establishment, siempre demandante de reformas estructurales. Se preguntan, sí, por la calidad de la gestión que puede imprimirse y, ciertamente, acerca de las chances de gobernabilidad y de éxito que tendrá. Eso sí, esperan que el nuevo gobernador sintonice una frecuencia mucho más productiva con la Nación, más allá de las palabras o de los gestos. Con todo, el calendario impone un asunto sensible: Alperovich asumirá en un momento de receso de la actividad económica provincial. Es decir, en un trance donde unos 50.000 trabajadores de la zafra azucarera y de la cosecha del limón quedarán prácticamente a la buena de Dios. Hasta marzo-abril, cuando el ciclo productivo de Tucumán cobre fuerza, gran parte de esos operarios reclamará la atención del Estado.
Una provincia con bajos niveles de inversiones (figura en el 15º lugar en el país, en una medición de este año) y en la que el índice de bienestar de la población (mide aspectos sociodemográficos que inciden en el desarrollo humano) se ubica en la vigésima posición, expone también un contexto que no da respiro y exige reacciones rápidas.
El desafío de la nueva gestión parece viajar en una mochila donde el pasado de desaliento ocupa casi tanto lugar como la esperanza. La clave, entonces, podría estar en acertar con una estrategia para controlar la carga y en la inteligencia para llegar a buen puerto.
En estos años, la historia y la constatación de la realidad han desnudado dolorosos errores y desatinos de las conducciones políticas de los Gobiernos de la Nación y de la provincia; los aciertos no parecen haber ido más allá de unas cuantas respuestas coyunturales o de supervivencia. Se sabe, los manejos de la economía dejaron agujeros por todos lados e hicieron estragos en amplias capas sociales. Tucumán está casi colmado de sobrevivientes de la catástrofe.
Pero también hay que decirlo: la sociedad vislumbra mayoritariamente que un cambio de aire refresca este presente y reconstruye las maltrechas expectativas. La llegada de Néstor Kirchner a la Casa Rosada y el manejo económico sin fundamentalismos impuesto por Roberto Lavagna han ido modificando el clima de convivencia y de negocios, los proyectos personales y corporativos y el rumbo del país. De hecho, nuevos signos económicos y sociales muestran una modificación de las tendencias. Después de una caída de un 20% del PBI desde1998, la Argentina podría crecer en torno del 7% durante este año. Mejores chances para la exportación de los principales productos que se producen en el país enmarcan también la nueva realidad. Sí, esta Argentina supérstite de la hecatombe de fines de 2001 muestra signos de recuperación y vitalidad.
En ese escenario llega la nueva administración de la provincia. Una primera lectura muestra entonces que al gobierno de José Alperovich lo espera un cuadro de situación complejo, contradictorio, lleno de urgencias, pero frente a una mejor posición comparativa. Enfrentará una fuerte carga del pasado (la deuda social y las secuelas de los desprestigios políticos), pero también contará con ciertas ventajas financieras obtenidas por la provincia a través de acuerdos con la Nación y con los organismos multilaterales de crédito. La renegociación de la deuda consolidada, por ejemplo, y las mejores recaudaciones impositivas, le dejarán márgenes hasta fin de año, por lo menos, para enfrentar los compromisos salariales sin complicaciones.
Uno de los principales integrantes de la próxima administración lo graficó así: "llegamos en un momento que no es malo, porque las condiciones son mejores que antes y porque ahora hay muchas posibilidades para hacer cosas".
Por caso, en ámbitos empresarios, el nuevo Gobierno despierta interés y expectativas, aunque también dudas y reparos. Algunas leyes sancionadas por la Legislatura que podrían servir para mejorar las prestaciones del Estado son bien vistas por el establishment, siempre demandante de reformas estructurales. Se preguntan, sí, por la calidad de la gestión que puede imprimirse y, ciertamente, acerca de las chances de gobernabilidad y de éxito que tendrá. Eso sí, esperan que el nuevo gobernador sintonice una frecuencia mucho más productiva con la Nación, más allá de las palabras o de los gestos. Con todo, el calendario impone un asunto sensible: Alperovich asumirá en un momento de receso de la actividad económica provincial. Es decir, en un trance donde unos 50.000 trabajadores de la zafra azucarera y de la cosecha del limón quedarán prácticamente a la buena de Dios. Hasta marzo-abril, cuando el ciclo productivo de Tucumán cobre fuerza, gran parte de esos operarios reclamará la atención del Estado.
Una provincia con bajos niveles de inversiones (figura en el 15º lugar en el país, en una medición de este año) y en la que el índice de bienestar de la población (mide aspectos sociodemográficos que inciden en el desarrollo humano) se ubica en la vigésima posición, expone también un contexto que no da respiro y exige reacciones rápidas.
El desafío de la nueva gestión parece viajar en una mochila donde el pasado de desaliento ocupa casi tanto lugar como la esperanza. La clave, entonces, podría estar en acertar con una estrategia para controlar la carga y en la inteligencia para llegar a buen puerto.







