A juzgar por los datos que ofrece el informe de la Cámara Argentina del Libro (CAL), y por el ánimo de los empresarios del sector, la industria gráfica atraviesa un buen momento, al menos en el plano de las ventas y del volumen de la producción editorial. Pese a las dificultades económicas, la cantidad de ejemplares que se editaron mantuvo un nivel parejo en los últimos dos años. Sin embargo, la producción de libros sigue concentrándose en Buenos Aires, en detrimento de las editoriales que luchan por publicar en las provincias. A la vez, son interesantes las inquietudes que movilizan a los lectores para acceder a contenidos que los ayuden a interpretar la economía y la política, con el propósito de construir pensamientos y conclusiones propios. Un análisis aparte merece el avance lento, pero firme, de los e-books. La magia de las publicaciones en papel no se desvanecerá nunca, pero es bueno no perder el tren de las novedades porque abren nuevos caminos hacia el conocimiento y el desarrollo. "Los libros son recipientes que contienen lo que luego han de beber los hombres", escribió Alejandro Dolina, en "Crónicas del Ángel Gris" ¡Y cuánta razón tiene!

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