11 Octubre 2003 Seguir en 
BUENOS AIRES.- "Guardate la renuncia y ponete un lacre en la boca", fue palabras más, palabras menos, la respuesta que Kirchner le dio a Gustavo Beliz cuando éste lo llamó telefónicamente para anticiparle su decisión. Al menos, esa fue la frase que circuló, entre jocosa y fastidiosamente, por la jefatura del Gabinete con relación a los explosivos conceptos del ministro de Justicia sobre la década del 90 y la imputación al Congreso por "compra venta" de leyes. Beliz se había moderado durante un tiempo, desde que la senadora Fernández de Kirchner observó, molesta, sus repetidas declaraciones sobre la Corte, que interferían, a criterio de aquella, en la transparencia legislativa del juicio político a Eduardo Moliné O´Connor. Esa autonomía con que el ministro se mueve verbalmente ha tenido esta vez un círculo considerablemente mayor de humillados y ofendidos, especialmente en el duhaldismo, donde se espera que concurra al Congreso para calmar el ambiente lo más rápidamente posible. "Ya es muy difícil consolidar un frente confiable para el gobierno frente a algunos asuntos muy peleados, para que Beliz haga o diga impunemente lo que le plazca", confió un hombre incondicional de Eduardo Duhalde.
Buitres al acecho
Cuando tiempo atrás este Panorama consignó que Roberto Lavagna había advertido, entre otros casos, que la provincia de Santa Cruz debería asegurar su depósito de 540 millones de dólares en el exterior frente a la eventual acción de los acreedores afectados por la insolvencia argentina, no hizo sino señalar la necesidad de curarse en salud. Posteriormente, esa postura del ministro de Economía se reiteró a su regreso de Nueva York, donde hace diez días trató con representantes financieros los problemas de la deuda. Llamó la atención, eso sí, que comentara después el asunto con el dejo humorístico demostrado en la Fundación Mediterránea. Ahora, sus primeras señales de inquietud se agravaron con las apreciaciones contradictorias sobre la posibilidad de que fondos del servicio diplomático y hasta sueldos de personal en el exterior puedan ser atrapados mediante acciones judiciales -salvo en Suiza, donde la inmunidad de los depósitos es sagrada y por ello están allí los santacruceños-. En rigor de verdad, el acuerdo de Viena sobre inmunidades preserva a los diplomáticos y bienes oficiales de esa naturaleza, pero los jueces de primera instancia no lo hacen algunas veces, bloqueándolos hasta que tribunales superiores se pronuncien.
La seguridad para que los miembros del servicio exterior de la Nación y otros viajeros oficiales aseguren los fondos salariales, como los destinados a diferentes fines públicos, no es otra que el transporte material de los mismos por correos especiales, evitando terceras alternativas fácilmente localizables por los llamados buitres. El tema es un punto de referencia sobre las complejas dificultades que deberá superar la rigidez que Lavagna ha comenzado a aplicar al debate con los creedores. (De nuestra Sucursal)
Buitres al acecho
Cuando tiempo atrás este Panorama consignó que Roberto Lavagna había advertido, entre otros casos, que la provincia de Santa Cruz debería asegurar su depósito de 540 millones de dólares en el exterior frente a la eventual acción de los acreedores afectados por la insolvencia argentina, no hizo sino señalar la necesidad de curarse en salud. Posteriormente, esa postura del ministro de Economía se reiteró a su regreso de Nueva York, donde hace diez días trató con representantes financieros los problemas de la deuda. Llamó la atención, eso sí, que comentara después el asunto con el dejo humorístico demostrado en la Fundación Mediterránea. Ahora, sus primeras señales de inquietud se agravaron con las apreciaciones contradictorias sobre la posibilidad de que fondos del servicio diplomático y hasta sueldos de personal en el exterior puedan ser atrapados mediante acciones judiciales -salvo en Suiza, donde la inmunidad de los depósitos es sagrada y por ello están allí los santacruceños-. En rigor de verdad, el acuerdo de Viena sobre inmunidades preserva a los diplomáticos y bienes oficiales de esa naturaleza, pero los jueces de primera instancia no lo hacen algunas veces, bloqueándolos hasta que tribunales superiores se pronuncien.
La seguridad para que los miembros del servicio exterior de la Nación y otros viajeros oficiales aseguren los fondos salariales, como los destinados a diferentes fines públicos, no es otra que el transporte material de los mismos por correos especiales, evitando terceras alternativas fácilmente localizables por los llamados buitres. El tema es un punto de referencia sobre las complejas dificultades que deberá superar la rigidez que Lavagna ha comenzado a aplicar al debate con los creedores. (De nuestra Sucursal)







