A las devociones las elige el pueblo

17 Abr 2013 Por Magena Valentié
Su nombre es "La Victoria", por la Batalla de Tucumán, pero la devoción a la Virgen de La Merced acompañó desde siempre a la provincia. La Merced es anterior a la batalla, e incluso a San Miguel de Tucumán, porque existía desde tiempos de Ibatín. La fuerza devocional de La Merced es tan grande que se impuso por encima del patrono titular de la ciudad, San Miguel Arcángel, obligado a proteger a los tucumanos sin esperar el más mínimo gesto de piedad popular. ¡Ni qué decir de los vicepatronos San Simón y San Judas Tadeo, inexplicablemente ignorados! Tampoco ancló en el corazón de los tucumanos la advocación de la iglesia matriz, la Catedral, con Nuestra Señora de la Encarnación. Claro que en ambos casos se trata de la Virgen María, por eso decimos que Tucumán es un pueblo profundamente mariano.

No dejan de sorprender las elecciones espontáneas de la devoción popular. No reconocen imposiciones ni sugerencias de ninguna clase, y sólo responden con fe sencilla a los dictados del corazón.

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