Con el último aliento

La atomización del poder mirandista.

10 Octubre 2003
Todavía quedan en la retina de los tucumanos aquellas postales recientes sobre la entrega de poder en la Provincia. Ramón Ortega tuvo que soportar una fuerte rechifla en el Teatro San Martín cuando le entregó el mando a Antonio Bussi, ante un auditorio claramente republicano. Bussi, en tanto, no asistió a la ceremonia institucional y fue su compañero de fórmula, Raúl Topa, quien delegó la sucesión gubernamental a Julio Miranda.
Ni Ortega ni Bussi recuperaron el acompañamiento de un pueblo que los llevó a la gobernación. Miranda padece los mismos síntomas del "ya no ser". Las hojas del calendario van cayéndose rápidamente, mientras su poder se desdibuja. En el Partido Justicialista todo el mundo se siente con derecho a reclamarle espacios. La atomización del mirandismo es cada vez más fuerte y, si el mandatario no controla la tropa, pasará a constituirse en otra corriente interna del PJ que se inscribió como un proyecto que tuvo intenciones hegemónicas. "Estamos con vos", le dicen sus colaboradores, quienes muestran una actitud pasiva para apoyar a quien los cobijó durante más de cuatro años.
Hasta José Alperovich, a quien eligió como su sucesor, tomó vuelo propio y trata de despegarse de aquel que le enseñó el arte de la conducción. El resistido paquete de leyes que dan superpoderes al gobernador electo fue sólo un botón de muestra de ostentación de Alperovich. La seguridad que tiene el actual senador de que Miranda promulgará las polémicas leyes, no es otra cosa que un factor de presión. No hacía falta que Alperovich le pidiera públicamente a Miranda un gesto más de acompañamiento en la transición.
Lo que queda claro es que el futuro administrador de la provincia tomó sus previsiones antes de recibir el bastón de mando. Miranda, con su clásica postura, manda mensajes a su sucesor para rechazar esa suerte de apriete. El veto a dos de las seis normas sancionadas por la Legislatura sería prácticamente un hecho. La reforma judicial y la autorización para el traslado de empleados públicos están en la cuerda floja. Esta última tiene que ver con una estrategia electoral, para quitarle argumentos a la oposición y para recuperar parte del electorado que se perdió cuando se aprobó el paquete de leyes.
Si el domingo 26 el resultado de los comicios no supera el piso partidario de 160.000 votos, será traumático para el justicialismo. Miranda llega al fin de su mandato con el último aliento y con unas encuestas que no lo favorecen en su carrera por retornar al Senado.

Un silencio peligroso
Tras la sanción de las leyes con la que Alperovich iniciará su gestión, el vicegobernador electo, Fernando Juri, decidió mantener un silencio sepulcral. Según sus allegados, el futuro presidente de la Legislatura decidió adoptar una postura prudente frente a la sorda pelea entre Miranda y Alperovich.
Sin embargo, la próxima Cámara tendrá su poder acotado porque el nuevo gobernador tendrá facultades legislativas extraordinarias, con los decretos de necesidad y urgencia. No obstante, hay quienes afirman que todo decreto será analizado dentro de los 20 días para ejercer el control sobre los actos de gobierno. "No habrá obsecuencia", afirman algunos legisladores oficialistas que asumirán el 28 del corriente en el Teatro San Martín.
Además, existe una idea que está cobrando fuerza en el Gobierno y que pone los pelos de punta a los nuevos legisladores. La posibilidad de la readecuación del gasto legislativo (actualmente es de $ 29,5 millones anuales) que, en 2004, significaría la eliminación de la partida 012 de bienes y servicios no personales (casi $ 9 millones). Los futuros legisladores ya pegaron el grito en el cielo y dijeron que un ajuste como ese sería de imposible incumplimiento y afectaría el funcionamiento de la próxima composición parlamentaria.

Tamaño texto
Comentarios