Adoptaron a Marina sabiendo que podía morir

31 Marzo 2013
Esta historia comenzó hace 20 años. A Oscar todavía se le caen lágrimas cuando recuerda el día que fue a acompañar a un colega al hospital de Niños y vio a Marina en la terapia por primera vez. "Había sido abandonada en Salta. Su mamá era una adolescente. La trasladaron a Tucumán cuando era una bebé. Tenía muy pocas chances de sobrevivir, pues padecía el síndrome de Vacterl (una malformación del aparato digestivo), y encima estaba sola, en manos de la Justicia ¿Quién iba a querer adoptar una niña así? Apenas la vi, sentí una conexión especial. Me fui a casa y le dije a mi esposa que quería adoptarla; ella aceptó", arranca Oscar. El matrimonio comenzó a visitar a Marina todos los días y luego viajó a Salta para iniciar los trámites de adopción. "El panorama de su salud era horrible. Ella estuvo al borde de la muerte. Pesaba menos de un kilo, era muy pequeñita. Cuando la alzábamos, se reía. Con mi esposa nunca creímos que iba a morir; nos enamoramos de esa bebé. Al poco tiempo nos dieron la guarda legal, la llevamos a casa y le pusimos una bomba para poder alimentarla con sonda. De a poco fue mejorando. Fue un milagro que se haya salvado", dice el papá, que tiene otros tres hijos. Los primeros ocho años de vida de Marina, la familia tuvo que enfrentar los tratamientos y operaciones necesarios para mejorar la calidad de vida de la niña. "Al principio, había gente que me decía que estaba loco, que cómo me iba a meter en esto. No me arrepiento", cuenta orgulloso y habla de los logros de su "flaca"; el último: haber terminado el secundario.

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