Los espacios públicos de la ciudad se han convertido en un fabuloso negocio inmobiliario privado. Hace tiempo que en Tucumán se ha quebrado el eje de los tres pilares que sostienen el concepto de desarrollo sustentable, que son los factores ambiental, económico y social.
Para que un proyecto avance sólo deben cerrar los números, pero no los números del erario público, sino los de algunos particulares privilegiados. Los otros pilares, el ambiental y el social, no les importan a los responsables de aprobar y controlar estos proyectos.
Se puede partir un parque por la mitad (el Avellaneda) para que una calle agilice el tránsito hacia un centro comercial o se puede edificar un casino en el pulmón de la manzana más emblemática de la ciudad.
En uno de los cinco distritos más densamente poblados del país se elimina una plaza para construir una legislatura, con todo lo que eso conlleva: más hacinamiento y tránsito vehicular en un centro que ya está colapsado hace rato.
Al parque 9 de Julio, principal pulmón verde de la ciudad, le queda sólo el 40% de su superficie original, mientras seguimos avanzando sobre el cerro San Javier y la zona pedemontana.
Más de 1,1 millón de hectáreas se han deforestado desde 2007, muchas de ellas en zonas protegidas, mientras la provincia recibe fondos nacionales provenientes de la Ley de Bosques, destinados a proteger lo que en realidad se desmonta.
El 70% de la población vive en un área inferior al 5% del territorio provincial, cuyos espacios se distribuyen de la siguiente manera: 75% de espacio construido, 21% de calles y avenidas y apenas el 4% de parques y plazas, según un relevamiento realizado por la Facultad de Arquitectura de la UNT.
En su discurso de apertura de sesiones del Concejo Deliberante, pronunciado el 1 de marzo de 2011, el intendente, Domingo Amaya, dijo sin ponerse colorado: "En 2003 recibimos una ciudad con seis metros cuadrados de espacios verdes por habitante. Hoy tenemos 14 metros cuadrados por habitante. Aumentamos casi un 150% los espacios verdes de la ciudad, llevando la superficie de 300 a 740 hectáreas".
Nadie le preguntó al intendente cómo hizo para pasar de 3 a 7,4 kilómetros cuadrados de espacios verdes, en una ciudad que tiene 90 kilómetros cuadrados, si sólo el 4% son espacios verdes y donde, a simple vista, está claro que cada vez hay más edificios y menos parques y plazas. La trampa está en que Amaya, para poder dibujar estos números, contabilizó la remodelación de plazas que ya existían y la limpieza -discutible- de las platabandas de avenidas, los bordes de los canales y los accesos a la ciudad. Incluyó hasta sitios baldíos como espacios verdes de la ciudad. No es casual que el intendente se haya esforzado en llegar a 14, porque es el número de metros cuadrados de espacios verdes por habitante que la Organización Mundial de la Salud alerta como mínimo para que una ciudad sea sustentable.
Ahora pretenden construir diez torres de edificios en la plazoleta Sarmiento (Barrio Sur) y se habla de un emprendimiento inmobiliario de gran escala en Campo Norte.
"Ya nada sorprende", es la frase que más se repite en la calle, por ciudadanos amortiguados y resignados frente a consignas como "vamos por todo". Y cómo sorprenderse, si un legislador, ese señor que hace las leyes, arrasó con 150 hectáreas de montes protegidos en Arcadia. Eso sí, lo "castigaron" con una multa $ 90.000. Casi una burla, considerando que podrá pagarla con la madera que deforestó en un par de hectáreas. Madera que luego será palos en la rueda.
Para que un proyecto avance sólo deben cerrar los números, pero no los números del erario público, sino los de algunos particulares privilegiados. Los otros pilares, el ambiental y el social, no les importan a los responsables de aprobar y controlar estos proyectos.
Se puede partir un parque por la mitad (el Avellaneda) para que una calle agilice el tránsito hacia un centro comercial o se puede edificar un casino en el pulmón de la manzana más emblemática de la ciudad.
En uno de los cinco distritos más densamente poblados del país se elimina una plaza para construir una legislatura, con todo lo que eso conlleva: más hacinamiento y tránsito vehicular en un centro que ya está colapsado hace rato.
Al parque 9 de Julio, principal pulmón verde de la ciudad, le queda sólo el 40% de su superficie original, mientras seguimos avanzando sobre el cerro San Javier y la zona pedemontana.
Más de 1,1 millón de hectáreas se han deforestado desde 2007, muchas de ellas en zonas protegidas, mientras la provincia recibe fondos nacionales provenientes de la Ley de Bosques, destinados a proteger lo que en realidad se desmonta.
El 70% de la población vive en un área inferior al 5% del territorio provincial, cuyos espacios se distribuyen de la siguiente manera: 75% de espacio construido, 21% de calles y avenidas y apenas el 4% de parques y plazas, según un relevamiento realizado por la Facultad de Arquitectura de la UNT.
En su discurso de apertura de sesiones del Concejo Deliberante, pronunciado el 1 de marzo de 2011, el intendente, Domingo Amaya, dijo sin ponerse colorado: "En 2003 recibimos una ciudad con seis metros cuadrados de espacios verdes por habitante. Hoy tenemos 14 metros cuadrados por habitante. Aumentamos casi un 150% los espacios verdes de la ciudad, llevando la superficie de 300 a 740 hectáreas".
Nadie le preguntó al intendente cómo hizo para pasar de 3 a 7,4 kilómetros cuadrados de espacios verdes, en una ciudad que tiene 90 kilómetros cuadrados, si sólo el 4% son espacios verdes y donde, a simple vista, está claro que cada vez hay más edificios y menos parques y plazas. La trampa está en que Amaya, para poder dibujar estos números, contabilizó la remodelación de plazas que ya existían y la limpieza -discutible- de las platabandas de avenidas, los bordes de los canales y los accesos a la ciudad. Incluyó hasta sitios baldíos como espacios verdes de la ciudad. No es casual que el intendente se haya esforzado en llegar a 14, porque es el número de metros cuadrados de espacios verdes por habitante que la Organización Mundial de la Salud alerta como mínimo para que una ciudad sea sustentable.
Ahora pretenden construir diez torres de edificios en la plazoleta Sarmiento (Barrio Sur) y se habla de un emprendimiento inmobiliario de gran escala en Campo Norte.
"Ya nada sorprende", es la frase que más se repite en la calle, por ciudadanos amortiguados y resignados frente a consignas como "vamos por todo". Y cómo sorprenderse, si un legislador, ese señor que hace las leyes, arrasó con 150 hectáreas de montes protegidos en Arcadia. Eso sí, lo "castigaron" con una multa $ 90.000. Casi una burla, considerando que podrá pagarla con la madera que deforestó en un par de hectáreas. Madera que luego será palos en la rueda.








