Un libro para el verano: Ejercicios de estilo

Por Julio Ricardo Estefan*

10 Febrero 2013

Hace unos años, en uno de nuestros frecuentes y matutinos encuentros en un bar de la "Quinta Agronómica", mi amigo, el profesor Roberto Cautelier, deslizó el nombre de un escritor, de un libro y de un grupo literario. Todo a raíz de mi afición por la literatura y la matemática. El escritor era Raymond Queneau, el libro Ejercicios de estilo y el grupo literario OuLiPo. Quiero recomendarle el libro, pero recuerde al autor y al grupo creado por él en los 60.

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Ejercicios de estilo, es exactamente eso: un libro de ejercicios literarios, donde Queneau, a partir de un hecho totalmente anodino, despliega una magistral lección de estilo. ¿Es posible reducir un texto narrativo a un soneto o un Tanka japonés? ¿Podemos escribirlo usando versos alejandrinos? ¿Podemos ampliarlo hasta convertirlo en una comedia o una Oda? ¿Puede tomar la forma de una carta oficial, una secuencia lógica, una propaganda? Estos parecen ser algunos de los planteos que el autor se hace a la hora de escribir. En 113 páginas nos cuenta, de 98 maneras diferentes, la historia de un individuo poco cordial, con quien se topa en el ómnibus y que luego volverá a ver en la esquina de una plaza, charlando con un amigo que le indica la ausencia de un botón en la pechera de su abrigo.

Queneau estudió matemática, se graduó en filosofía y psicología. Publicó los Ejercicios de estilo en 1947 y fundó en noviembre de 1960 el Seminario de Literatura Experimental (Selitex), luego OuLiPo (Taller de Literatura Potencial). 

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Estos datos puede ampliarlos en Internet. Le dejo esta tarea. Otro "ejercicio" es encontrar el libro porque, aparentemente, la edición en español está agotada. Dirá usted: ¿para qué me lo recomienda entonces? Pero no se apure, en el siguiente enlace encontrará una versión digital: http://es.calameo.com/read/0013202235bc29c861164. Ahora le toca a usted. Baje el archivo y disfrute la lectura, junto a la pileta, mientras bebe su trago favorito. Son los únicos ejercicios que me animaría a hacer bajo este inclemente sol tucumano.

*Escritor, periodista cultural, director de la editorial La Aguja de Buffon.


FRAGMENTOS: SUEÑOS

Me parecía que todo era brumoso y anacarado en torno mío, con múltiples e indistintas presencias, entre las cuales, sin embargo, sólo se dibujaba con bastante nitidez, la figura de un joven cuyo cuello demasiado largo parecía anunciar ya por sí solo el carácter a la vez cobarde y protestón del personaje. La cinta de su sombrero había sido reemplazada por un cordón trenzado. Reñía luego con un individuo al que yo no veía: después, como presa del miedo, se metía en la oscuridad de un pasillo.

Otra parte del sueño me lo muestra caminando a pleno sol delante de la estación de Saint-Lazare. Está con un compañero que le dice: "Deberías hacerte añadir un botón en el abrigo."

En eso, me desperté. SonetoSubido al autobús por la mañana

entre golpe, cabreo y apretón

me encuentro con tu cuello y tu cordón

lechuguino chuleta y tarambana.

De improviso y de forma un tanto vana,

gritando que te ha dado un pisotón,

provocas a un fornido mocetón

que por poco te zurra la badana.

Y vuelvo a verte al cabo de dos horas

discutiendo con otro pisaverde

acerca del gabán que tanto adoras.

Él critica con saña que remuerde;

tu te enojas, fastidias y acaloras

y, por toda respuesta, exclamas: "¡Merde!"

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