Para el circo: ojotas, short y remera

Nicolás Iriarte
Por Nicolás Iriarte 09 Febrero 2013
¡Qué mal nos vestimos para ir al circo! El Cirque du Soleil me esperaba el año pasado y decidí ponerme el más formal de los atuendos. Error. Grave error.

La música del comienzo del espectáculo empezó a arrugarme la camisa. Cada uno de los colores de los diferentes personajes obligaban a abrir bien grandes los ojos del público, que empezaba a ceder. ¿Y cómo no mancharse el pantalón para sentarse en el piso y disfrutar de los payasos? Ese clown que nos miraba a los ojos esperando nuestra aprobación como ningún otro actor, y que estaba listo para todo. No importa dónde: él iría desde una punta de la carpa a la otra con tal de que siguiéramos sonriendo.

Imposible tener los zapatos puestos y pulcros para ver cómo el malabarista seguía sumando pelotas a su truco y, pese al error, seguía intentándolo y festejando con nosotros. Mucho más difícil fue mantenerse quieto y no transpirar viendo a los trapecistas saltar de todas las maneras posibles.

La luz se enciende. El show ha terminado, miro a los costados y los señoritos y señoritas que muy elegantes y formales asistieron al circo han terminado como los niños que llevaron de la mano: sucios, desfachatados, cansados y llenos de una felicidad que sólo podremos volver a sentir en un par de años, cuando todos esos monstruos vuelvan a acampar. Para ese entonces prometemos no cometer el mismo error, ¿verdad?

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