Juan Pablo Durán
Por Juan Pablo Durán 07 Febrero 2013
El intendente Domingo Amaya se cayó al mar desde el barco alperovichista y naufraga solo en su balsa de 9 de Julio y Lavalle. En la Casa de Gobierno comentan que el capitán de navío se cansó de los constantes actos de rebeldía del jefe municipal. Y con el paso de las horas, las olas lo alejan cada vez más del gobernador José Alperovich. Porque si bien el idilio entre ambos dejó de ser el mejor desde hace unos años, días atrás se produjo un hecho que crispó la paciencia del titular del PE: las declaraciones del ex ministro de Gobierno mirandista, Antonio Guerrero. El peronista dijo que el alperovichismo iba a terminar "caminando por tribunales" y que le gustaría que Amaya sea gobernador. Desde hace unos años, el experimentado dirigente asesora, en las sombras, al alcalde capitalino. Y en el edificio de 25 de Mayo y San Martín, aplicaron el carácter transitivo para interpretar las palabras de Guerrero. "Si el Cabezón dijo eso, será porque Amaya lo mandó", elucubraron en el entorno del mandatario. Para evacuar todas las dudas, dos días después, Alperovich hizo llamar al ex gobernador Julio Miranda y le preguntó si tenía él algo que ver con los dichos de su ex funcionario. El "Pulpo" negó responsabilidad con el hecho y el titular del PE le retribuyó su gesto de lealtad ampliándole su vínculo de amistad por un nuevo período.

Amaya está solo y lo sabe. Y en ese frío y oscuro océano de dudas y contradicciones, el intendente de la capital tiene a un único amigo con quien conversar y compartir sus penas: su pelota de voleibol, que en poco tiempo pasó a llamarse Germán "Wilson" Alfaro. Al igual que en la película El Náufrago que protagonizó Tom Hanks, el ex secretario de Turismo de Miranda teme que su coequiper se aleje de su lado y sea cobijado bajo las calurosas alas del alperovichismo. El lunes último, Alfaro visitó a Aperovich en la Casa de Gobierno. Fue recibido con los brazos abiertos y esta vez no hubo amansadora. Los legisladores Guillermo Gassenbauer, Marcelo Caponio y Sisto Terán, que se encontraban en el ante despacho del mandatario, miraban azorados la escena. Como en la taquillera película de los 90, "Wilson" Alfaro pareciera alejarse, como arrastrado por la marea, de la balsa en la que sobrevive el intendente. Mientras tanto, el "Colorao" espera que el trasatlántico kirchnerista pase cerca, le tire un salvavidas y le diga que Él es el hombre elegido para disputarle el poder al alperovichismo en 2015.

"Es como nosotros"

En la transversalidad K, el ex presidente Néstor Kirchner trazó una máxima para entender las alianzas con extrapartidarios. "Hay quienes están con nosotros, pero no son como nosotros", reflexionó alguna vez entre sus íntimos. Alperovich y su esposa, Beatriz Rojkés, forman parte de esa división ideológica trazada por el extinto mandatario, a diferencia de Amaya, que siempre fue considerado un "paladar negro". Y en esta pelea por el linaje político, el vicepresidente, Amado Boudou, y el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, juegan y se divierten con la pareja tucumana como si fueran dioses del Olimpo. Comentan que en el Senado de la Nación, el ultrakirchnerista Marcelo Fuentes -se perfila para suceder a Rojkés en la presidencia subrogante de la Cámara Alta- ya no puede ver "ni en figuritas" a la primera dama tucumana, a raíz de sus constantes metidas de pata en el recinto. Es por ello que a mediados de diciembre, Boudou y Abal Medina le mandaron a decir a Betty, a través del secretario administrativo del Senado, que dejara de hablar. Días después, Abal Medina y Amaya aparecieron sonrientes en una foto retratada en la Casa Rosada. Las señales, los roces y los juegos políticos estarán a la orden del día en este 2013 electoral que comienza.

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