Es un clásico de todos los días en la redacción. Al que llaman más de tres veces, y que recién se percata del clamor con las señales de humo que le hace el compañero del frente, está del bando de los que para inspirarse en lo suyo necesitan abstraerse del tráfico periodístico del entorno. Benditos auriculares aquellos, los que reproducen sólo lo que se quiere escuchar, y que de ninguna manera puede cuestionarse.
Del otro lado están los que llaman. Y llaman. Por eso son corrientes las advertencias para prohibir sin cláusula alguna el uso de "esos aparatos" (calificación bien despectiva). Por suerte, sus amenazas quedan en la nada, y por suerte también, siempre habrá un compañero-vecino de isla que nos salve las papas.
Del otro lado están los que llaman. Y llaman. Por eso son corrientes las advertencias para prohibir sin cláusula alguna el uso de "esos aparatos" (calificación bien despectiva). Por suerte, sus amenazas quedan en la nada, y por suerte también, siempre habrá un compañero-vecino de isla que nos salve las papas.








