Buscando libros prohibidos

El sacro-thriller de Sturlese transcurre en la Génova de fines del siglo XVI.

EL TRIBUNAL. Detalle de Auto de fe de la inquisición (1815-1819), de Francisco de Goya y Lucientes. WIKIPAINTINGS.ORG EL TRIBUNAL. Detalle de "Auto de fe de la inquisición" (1815-1819), de Francisco de Goya y Lucientes. WIKIPAINTINGS.ORG
03 Febrero 2013

En la literatura ficcional de las últimas décadas, el libro-reliquia aparece como un motivo recurrente. En nuestro tiempo, en que su esencia prescindible es cuestionada, el libro objeto se instala en el centro de la pesquisa detectivesca. Ejemplos abundan e incluyen obras magistrales como El nombre de la rosa (1980), de Umberto Eco, o El viaje de Baldassare (2000), del libanés Amín Maalouf. En todos los casos, se trata de libros que han motivado, durante centurias, persecuciones y destierros, y cuya dimensión mítica llega a crear dudas sobre su real existencia. El inquisidor, del escritor argentino Patricio Sturlese (1973), nos propone una nueva versión de esas búsquedas, dentro de un género que hoy se conoce comercialmente como sacro-thriller, y que funde teología, historias monacales y cuestiones mundanas, no sin riesgos, como los que presentan el registro lingüístico y el punto de vista.

El incorruptible soñador
Ambientada en los tiempos turbulentos de fines del siglo XVI, en Génova, bajo el papado de Clemente VIII, la novela relata los tormentos inquisitoriales que inflige Angelo DeGrasso, conocido como El Ángel Negro. Implacable ante la herejía, es convocado por el Papa y sus superiores para rastrear dos libros prohibidos que jamás deberían juntarse: el Necronomicón y el Códex esmeralda. Unidos, los dos volúmenes pueden completar la revelación de los conjuros de las sectas demoidólatras.

La historia está narrada en primera persona por el protagonista: "Esta es la crónica de mis días, una larga odisea en la que nada fue lo que aparentó. Es la historia que brota de los dedos de un hombre apasionado, de un soñador, absoluto y perseguido…"

Hay una curiosa dualidad entre lo espiritual y lo carnal en el personaje de DeGrasso. Su incorruptibilidad en la fe no le impide soñar con un amor sensual, incluso tener fantasías eróticas con otras mujeres. Hay un viaje al Nuevo Mundo, cuya travesía es registrada vívidamente y constituye la mejor parte del libro. Hay, también, una trama secundaria que gira en torno al misterio de su identidad.

Patricio Sturlese no ha tenido una formación académica para escribir. Estudia en el teologado jesuita Máximo de San Miguel de Buenos Aires. Sorprendido de su propio éxito -es también autor de La sexta vía- confiesa que ha sido jardinero antes de ser el autor de best-sellers, y que encuentra su inspiración en la música, más que en la literatura. © LA GACETA

María Eugenia Bestani

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