Catálogo de colores para el alma

Silvina Cena
Por Silvina Cena 30 Enero 2013
La mayoría de las veces, la expresión se manifiesta como rápida enmienda de un insulto peor que se profirió antes: "quiero decir, negro de alma, porque estos tienen ya el alma negra, qué querés que te diga". Y, entonces, surge la primera novedad: que entre nosotros hay quienes tienen la habilidad para diferenciar las tonalidades de las almas ajenas. Y, al parecer, a esa capacidad se le suma la de relacionar ese color con una (mala) conducta social. Porque el aludido "negro de alma" nunca es mencionado en un contexto favorable, nunca para decir "ay, mirá qué tierno, es un negro de alma" o "no me sorprende que trabaje tanto... ¡no esperaba menos de un negro de alma!". No. Y es que casi siempre lo negro es relacionado con lo negativo ("humor negro", "se las vio negras"), pero parece que las ánimas oscuras no residen en todos los estratos sociales. De un político con buena presencia que se sabe que obró mal, por ejemplo, es común escuchar "corrupto", "ladrón", "mentiroso" u otros apelativos más subidos de tono, pero ninguno vinculado con su espíritu. Tampoco de un gerente que estafó a sus empleados. Ni siquiera de un vecino que saca la basura a deshora. Quizás, en algunas esferas, las almas fueron coloreadas solo con tonos pasteles.

¿Y entonces qué quiere decir "negro de alma"? ¿Por qué se ha extendido tanto esa expresión y, peor que eso, por qué tiene un barniz mucho menos escandaloso que otros insultos parecidos? ¿Por qué no admitir que es un giro que muchas veces expresa otras concepciones racistas y que, en ese sentido, es tan repudiable como aquellas? La paleta de colores para el alma se define, lamentablemente, de acuerdo con los prejuicios del que supuestamente puede diferenciarlos. ¿En qué extremo del catálogo ubicará la suya propia?

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