Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 22 Enero 2013
Jorge Capitanich picó en punta, pero eso no quiere decir que sea el primer testimonial del kirchnerismo de las elecciones de este año. José Alperovich ya había dado señales en ese sentido al arrancar este 2013, casi con el mismo argumento que usó el gobernador chaqueño, pero con distintas necesidades políticas. Ninguno de ellos -muy cercanos a la Casa Rosada- confesó de que, detrás de sus probables postulaciones hubo un llamado presidencial que los orientara a sumarse a la contienda electoral. A invertir parte de su capital político en una empresa mucho más grande, que los ha contenido a lo largo de la última década: el kirchnerismo.

Capitanich ha dicho que encabezará la lista oficialista a senadores por Chaco. Y que su deseo es dejar la gobernación en 2015 y pasar a integrar la Cámara Alta. El tucumano, a su vez, no tiene la misma proyección que su par de ruta política. Su decisión es esperar hasta último momento, pero manteniendo en vilo a propios y extraños. Alperovich 2013 será una de las leyendas de la campaña oficialista. Directa o subliminalmente eso está en marca desde el segundo día de este mes. Con los millonarios anuncios de obras públicas, que pueden llegar a ser financiadas por la presidenta Cristina Fernández. El jueves, en Buenos Aires, puede haber un testeo del gobernador respecto de un tema muy espinoso para la gestión: los talleres de Tafí Viejo. Hay pedido de reuniones con miembros del gabinete nacional para definir qué se hará definitivamente con esa vieja promesa ferroviaria. Mientras no haya un ladrillo colocado o algo que sea tangible a la reactivación definitiva nada se dirá en la campaña.

El poder se construye de a poco; con el tiempo. Y se consolida con el liderazgo. Alperovich teme al desgaste. Por eso casi no confronta. Prefiere tejer esa telaraña financiera que lo ata políticamente a los intendentes y a los comisionados rurales. Ninguno de ellos ha sacado aún los pies del plato. Ni siquiera el jefe municipal capitalino, Domingo Amaya, signado como un potencial candidato a encabezar algún proyecto político con intenciones de suceder al actual jefe del Poder Ejecutivo. Nada de eso sucederá en el corto plazo. Los peronistas suelen ser orgánicos. Y el que avisa no traiciona. No hubo mensajes sobre las futuras intenciones electorales del intendente.

Alperovich no quiere culebrones de verano. Reniega de ellos, como el que protagonizaron el legislador José "Gallito" Gutiérrez y el ministro de Desarrollo Social, Enrique Zamudio, por los gastos parlamentarios. Pero él escribe parte de los libretos de esas novelas. Porque la cuestión de fondo es haber convalidado un incremento del 36% en los gastos sociales legislativos, a sabiendas de que ese puede ser el piso de las próximas paritarias. Así se escribió la trama de la historia que ahora quiere silenciar.

La reforma constitucional sobrevuela. No hay que descartarla. Ni a nivel nacional, ni en la instancia provincial. Es la carta de continuidad que aún guardan en la manga tanto Cristina Fernández como José Alperovich. Ambos tratan de mantener la expectativa que, en definitiva, es lo que los mantiene a flote, ocupando el centro de la escena política. El día que alguno de ellos diga que se bajará de la carrera electoral, al siguiente habrá dirigentes que se le animen a discutirle liderazgo. Por eso, Alperovich sigue dando a entender que será candidato testimonial; no sólo para responder a las expectativas cristinistas de obtener un triunfo rotundo en las elecciones parlamentarias (que le garanticen más votos en el Congreso), sino también porque -de ese modo- puede aspirar a nuevos mandatos para una persona que ya lleva 10 años en el poder. Y quiere seguir ejerciéndolo.

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