Algunos integrantes de los poderes Ejecutivo y Legislativo no se tiran precisamente flores entre ellos, sino más bien todo lo contrario: el ministro de Desarrollo Social, por ejemplo, mandó al legislador José Gutiérrez a "legislar" y no a ocuparse de las cuestiones sociales. Pero no es lo que dicen públicamente los funcionarios lo que llama la atención, sino el por qué de esas declaraciones y lo que susurran puertas adentro de los edificios públicos.
Hay "paredes parlantes" de la Casa de Gobierno que afirman haber escuchado que la línea política que habría bajado el gobernador fue la de dejar a los legisladores que se las arreglen solos, es decir, que ellos mismos se hicieran cargo del costo político de haberse aumentado un 36% los gastos sociales. De ahí que Alperovich no haya salido a defenderlos públicamente. Ni siquiera dijo que le parecía bien o que era una decisión del Poder Legislativo. No dijo nada. En otras oportunidades, el mandatario supo salir a "bancar" a sus legisladores (42 de los 49 son oficialistas), pero ahora no atendió la solicitud de algunos "hacedores de leyes" para que tratase de poner un coto a la lluvia de críticas contra el manejo de fondos en la Cámara.
Cansados de estar en medio de la escena pública -y no por buenos motivos-, algunas "paredes" del vidriado edificio legislativo aseveran haber escuchado a legisladores oficialistas lanzando munición gruesa contra el Poder Ejecutivo. Hasta sugirieron que se investigara el gasto de la Secretaría General de la Gobernación (ex Ministerio de Coordinación), que tiene asignados $ 68,2 millones anuales (unos $ 186.000 por día) para gastos varios y subsidios. El mensaje fue: "por qué nos pegan a los legisladores si en la Casa de Gobierno también tienen sustanciosas cuentas destinadas a cuestiones similares a los gastos sociales". Otros parlamentarios "recordaron" -con intención que se haga público- que el vicegobernador con licencia y ministro de Salud de la Nación continuaría recibiendo su paga mensual por el cargo que no ejerce.
Aunque los parlamentarios tengan razón con su planteo, el "mal de muchos consuelo de tontos" no parece ser la respuesta de transparencia y buen manejo de los dineros públicos que reclama la sociedad.
Los funcionarios de Alperovich, por lo pronto, tienen como prioridad borrar de la cabeza de los gremios estatales la cifra "36", ya que si toman como referencia de pedido de aumento salarial el incremento igual a ese porcentaje que aplicaron los legisladores a los gastos sociales -parafraseando al gobernador- tendrán que "irse de Tucumán". Ese embrollo en el que envolvieron los legisladores al gobernador es lo que dejó ofuscado y mudo al jefe del Ejecutivo.
Arcas secas
Los que no pueden aumentar absolutamente nada son los funcionarios de la Universidad Nacional de Tucumán. El presupuesto apenas les alcanzará -y con mucha suerte- para pagar salarios. Quienes manejan las cuentas de la casa de Juan B. Terán están más que preocupados por la situación y no descartan -de ser necesario- agitar a los universitarios para que salgan a la calle a protestar y pedir más recursos. La situación se agrava porque las regalías mineras también se están acabando, por la realista razón de que se extrae cada vez menos oro y, por ende, bajan las ganancias de la compañía y proporcionalmente los fondos que se envían a la UNT. Para abonar los últimos sueldos de 2012, los universitarios acudieron a adelantos bancarios y este año será difícil que puedan avanzar con las obras que estaban en marcha. Con este panorama, febrero encontrará a los funcionarios volviendo e las vacaciones y reingresando a tremendo problema.
Hay "paredes parlantes" de la Casa de Gobierno que afirman haber escuchado que la línea política que habría bajado el gobernador fue la de dejar a los legisladores que se las arreglen solos, es decir, que ellos mismos se hicieran cargo del costo político de haberse aumentado un 36% los gastos sociales. De ahí que Alperovich no haya salido a defenderlos públicamente. Ni siquiera dijo que le parecía bien o que era una decisión del Poder Legislativo. No dijo nada. En otras oportunidades, el mandatario supo salir a "bancar" a sus legisladores (42 de los 49 son oficialistas), pero ahora no atendió la solicitud de algunos "hacedores de leyes" para que tratase de poner un coto a la lluvia de críticas contra el manejo de fondos en la Cámara.
Cansados de estar en medio de la escena pública -y no por buenos motivos-, algunas "paredes" del vidriado edificio legislativo aseveran haber escuchado a legisladores oficialistas lanzando munición gruesa contra el Poder Ejecutivo. Hasta sugirieron que se investigara el gasto de la Secretaría General de la Gobernación (ex Ministerio de Coordinación), que tiene asignados $ 68,2 millones anuales (unos $ 186.000 por día) para gastos varios y subsidios. El mensaje fue: "por qué nos pegan a los legisladores si en la Casa de Gobierno también tienen sustanciosas cuentas destinadas a cuestiones similares a los gastos sociales". Otros parlamentarios "recordaron" -con intención que se haga público- que el vicegobernador con licencia y ministro de Salud de la Nación continuaría recibiendo su paga mensual por el cargo que no ejerce.
Aunque los parlamentarios tengan razón con su planteo, el "mal de muchos consuelo de tontos" no parece ser la respuesta de transparencia y buen manejo de los dineros públicos que reclama la sociedad.
Los funcionarios de Alperovich, por lo pronto, tienen como prioridad borrar de la cabeza de los gremios estatales la cifra "36", ya que si toman como referencia de pedido de aumento salarial el incremento igual a ese porcentaje que aplicaron los legisladores a los gastos sociales -parafraseando al gobernador- tendrán que "irse de Tucumán". Ese embrollo en el que envolvieron los legisladores al gobernador es lo que dejó ofuscado y mudo al jefe del Ejecutivo.
Arcas secas
Los que no pueden aumentar absolutamente nada son los funcionarios de la Universidad Nacional de Tucumán. El presupuesto apenas les alcanzará -y con mucha suerte- para pagar salarios. Quienes manejan las cuentas de la casa de Juan B. Terán están más que preocupados por la situación y no descartan -de ser necesario- agitar a los universitarios para que salgan a la calle a protestar y pedir más recursos. La situación se agrava porque las regalías mineras también se están acabando, por la realista razón de que se extrae cada vez menos oro y, por ende, bajan las ganancias de la compañía y proporcionalmente los fondos que se envían a la UNT. Para abonar los últimos sueldos de 2012, los universitarios acudieron a adelantos bancarios y este año será difícil que puedan avanzar con las obras que estaban en marcha. Con este panorama, febrero encontrará a los funcionarios volviendo e las vacaciones y reingresando a tremendo problema.
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