El sino de dos palabras envenenadas
Ya lo dijo Domato, a principios de esta semana que se despide: en política anda bien el que borra el "no" de su vocabulario, a la hora de enfrentar a un referente superior. Sucede entre Alperovich y Cristina; y entre intendentes o legisladores y el mandatario. La imagen de Trimarco Federico van Mameren | LA GACETA fmameren@lagaceta.com.ar
"En política funciona el que borra el no de su lenguaje, el que de entrada no da ninguna opinión que pueda comprometerlo, el que elude cuando las papas queman". La frase de José Domato quedó flotando a principios de la semana. Resulta claro que José Alperovich no puede decirle que no a Cristina Fernández de Kirchner, aunque piense diferente. Pero tampoco los intendentes o los legisladores tienen fuerza para utilizar ese adverbio ante los poderes superiores. Y el que lo hace, el que se anima a pronunciar el monosílabo, sabe que tiene que prepararse para lo peor: en estos tiempos, significa trabajar en política sin esos fondos extras que los poderes ejecutivos manejan discrecionalmente. El experto, el militante y el caminador de barrios queda relegado. Aquella frase del ex gobernador tucumano fue seguida de otra lapidaria: "(la política) me envenenó la vida".
Domato nunca había caminado los embarrados laberintos de la actividad política. Por esos senderos, hombres y mujeres se ensucian y se empantanan, pero también construyen y reparten libertad. Para Domato significó veneno que se dosificó en pequeñas dosis, por estar obligado a decir siempre sí.
Hoy sucede lo mismo. El ejercicio de la política está muy alejado de la perfección y de los ideales impolutos. "Se hace lo que se puede", declaman los políticos actuales; y por las dudas, se preocupan de que sus intereses personales no queden de lado porque la vida es cada vez más larga y la pública es cada vez más incierta.
Alperovich lo sabe; y si no, lo intuye. En este 2013 electoral lo encuentra tan dependiente de la Nación que sólo tiene incertidumbres. ¿Cuántos diputados le pedirá Cristina? No lo sabe. ¿Serán dos o uno para La Cámpora? ¿Le pedirá la sempiterna banca de Stella Maris Córdoba? No tiene respuesta, ni guiños. Resulta claro que lo que le pida la Presidenta no es lo que quiere ni lo que piensa el gobernador; y no caben dudas de que el diálogo no es el mejor. Alperovich -como Domato- no se formó en los senderos sinuosos de la política y, por lo tanto, siempre trata de adelantarse a las jugadas que vendrán. No le gustan las improvisaciones. Sin embargo, 2013 lo viene zamarreando con cuestiones inesperadas y el pronóstico le promete nuevos temporales.
Esta semana cerró con reuniones con cada uno de los intendentes y de los comisionados rurales. Él mismo revisó qué obras se construirán con la plata que ya tiene lista la Nación para que este año electoral no termine con sorpresas. Cristina -y Alperovich- se juegan todo. La Presidenta no puede perder el poder y el control de ninguna de las cámaras en el Congreso. La mínima pérdida será leída como una gran derrota; un lujo que a dos años finalizar su mandato no se puede permitir.
Un comienzo a los tumbos
El año comenzó -y continuará- con los coletazos del juicio por la desaparición de "Marita" Verón. Alperovich no tiene sosiego con la mujer más poderosa de la provincia, que no es la primera dama senadora, sino Susana Trimarco. Siguió con la Justicia que acaba de propinarle una paliza a su gran recaudador Pablo Clavarino, al declarar inconstitucional el cobro del impuesto a los sellos a los autos que se adquirieron fuera de la provincia. Curiosamente, dos intendentes le dijeron no: uno es el mellizo Enrique Orellana, que siente que Famaillá no recibe los mimos que sí tienen otros municipios, y Jorge Yapura Astorga. Este último insiste en destruir un hotel, porque no se cumplió con la ley; y Alperovich porfía en que eso no importa y en que, por lo tanto, la piqueta no se ponga en marcha.
Estos intendentes se animan a decir no, pero no con la intención de usarlo como antídoto del veneno "domatiano", sino porque las incertidumbres del Poder Ejecutivo son tantas que al no saber adónde ir ni cuál es el proyecto empiezan a jugar solos. ¿Habrá reforma constitucional? ¿Seguirá la provincia bajo la hegemonía alperovichista? Por ahora nadie tiene respuestas y los tiempos se acortan. Lo más seguro es que si se repite un pacto de Olivos (ese que firmaron Alfonsín y Menem en casa de Dante Caputo, para reformar la Constitución nacional), Cristina y Alperovich irán por otra reelección.
Claro que si hay algunos que dicen "sí", y otros poquitos que se animan a pronunciar "no", faltan los que balbucean un "ni"... y así les va. Basta con preguntarle a Domingo Amaya que esta semana fue ninguneado por el gobernador cuando trato al intendente de la capital como uno más de los intendentes y no como un privilegiado.
"Andá a legislar"
Para decir "no" los grises deberían desaparecer de la política. De ese color se pintan las acciones hoy en día. Por eso los legisladores pueden aumentarse los gastos sociales un 36%. El incremento está fuera de toda lógica; los gastos sociales no existen o no deberían existir y, sin embargo, inmensos sectores de la sociedad aprueban ese sistema. El ministro de Políticas Sociales se animó a decirle "no" a los gastos sociales. ¿Enrique Zamudio puede decirle a los legisladores cómo se hace política hoy en día? ¿Sus ideas y sus palabras se exteriorizan sin la anuencia de Alperovich, que dio a entender que las cosas de otros poderes no le atañen? En la Legislatura hay un silencio absoluto ya sea porque los inquilinos de ese poder andan de vacaciones o porque los que se quedaron o volvieron esperan que pase el temporal. El aumento de fondos sociales no cayó bien indudablemente. Por eso andan buscando al o a los culpables de que se haya difundido esta información, en lugar de tratar de que de una vez por todas se transparente la forma de hacer política. Si 2013 avanza en el mar de las indefiniciones las peleas internas del alperovichismo van a empezar a afectar la administración.
Si no se reforma la Constitución, casi una veintena de legisladores no sólo no tendrán los gastos sociales, sino que no volverán a sentarse en el recinto. El reloj avanza y se van esfumando las ilusiones. Con ellas crece el nerviosismo de legisladores como José Teri, Raúl Hadla, Roque Alvarez, José "Gallito" Gutiérrez que, al igual que otros, ya se acostumbraron a la cómoda poltrona legislativa.
Tiempo de gurúes
Los tiempos políticos de Domato no son iguales a estos de principios de siglo. En aquel entonces las encuestas no era la verdad revelada. Hoy sí. En un año de elecciones, como este, los sondeos cobran aun más importancia. Según afirman los "sijosesistas" que suelen revisar encuestas, antes del histórico fallo absolutorio en el caso "Marita" Verón, los guarismos decían que la madre de la joven tenía una imagen tan positiva como negativa. Ahora calculan que las cosas han cambiado. Les preocupa que la popularidad de Susana Trimarco haya trepado tanto que una candidatura se vuelva tan tentadora como ineludible. En marzo, cuando empiecen a revisar los primeros sondeos del año, esta mujer "que tiene cortito" a los poderosos estará en la mira de la política. ¿Puede llegar a ser candidata por el oficialismo? "Si la Presidenta lo pide, todo es posible", responden los "sijosesistas" sin ponerse colorados.
Las encuestas aún no dicen nada sobre los resultados que se auguran para los comicios que se realizarán en octubre. Sin números en la mano, en el alperovichismo abren el paraguas y no presumen de que irán por todos los cargos a renovarse (cuatro bancas). Los más optimistas -incluso delante del gobernador- indican que la oposición podría quedarse con una banca. En el radicalismo, Juan Casañas se peina para salir en esa foto. Pero no está solo; ya hay tres que quieren sacarle el saco y pelearán por ese lugar: Esteban Avila, Osvaldo Barreñada y Ariel García. A medida de que se acortan los tiempos, los sueños de la oposición de actuar en bloque y en forma conjunta se van haciendo cada vez más utópicos. Es que la misma oposición también cree que en los comicios sólo habrá una banca para la oposición. En los tiempos de Domato, el oficialismo solía sacar dos bancas y la oposición se repartía las otras dos bancas.
Dos preguntas
Una de las primeras materias de la actividad política es abstenerse de decir lo que realmente se piensa, para vestirlo con la camisa de lo que conviene. Debe ser extramedamente desgastante querer decir "no" y terminar gritando "sí" a los cuatro vientos. Debe ser como un buen plato de comida suculentamente sasonado con un buen veneno. La duda pasa por saber ¿para qué? y ¿hasta cuándo?
Domato nunca había caminado los embarrados laberintos de la actividad política. Por esos senderos, hombres y mujeres se ensucian y se empantanan, pero también construyen y reparten libertad. Para Domato significó veneno que se dosificó en pequeñas dosis, por estar obligado a decir siempre sí.
Hoy sucede lo mismo. El ejercicio de la política está muy alejado de la perfección y de los ideales impolutos. "Se hace lo que se puede", declaman los políticos actuales; y por las dudas, se preocupan de que sus intereses personales no queden de lado porque la vida es cada vez más larga y la pública es cada vez más incierta.
Alperovich lo sabe; y si no, lo intuye. En este 2013 electoral lo encuentra tan dependiente de la Nación que sólo tiene incertidumbres. ¿Cuántos diputados le pedirá Cristina? No lo sabe. ¿Serán dos o uno para La Cámpora? ¿Le pedirá la sempiterna banca de Stella Maris Córdoba? No tiene respuesta, ni guiños. Resulta claro que lo que le pida la Presidenta no es lo que quiere ni lo que piensa el gobernador; y no caben dudas de que el diálogo no es el mejor. Alperovich -como Domato- no se formó en los senderos sinuosos de la política y, por lo tanto, siempre trata de adelantarse a las jugadas que vendrán. No le gustan las improvisaciones. Sin embargo, 2013 lo viene zamarreando con cuestiones inesperadas y el pronóstico le promete nuevos temporales.
Esta semana cerró con reuniones con cada uno de los intendentes y de los comisionados rurales. Él mismo revisó qué obras se construirán con la plata que ya tiene lista la Nación para que este año electoral no termine con sorpresas. Cristina -y Alperovich- se juegan todo. La Presidenta no puede perder el poder y el control de ninguna de las cámaras en el Congreso. La mínima pérdida será leída como una gran derrota; un lujo que a dos años finalizar su mandato no se puede permitir.
Un comienzo a los tumbos
El año comenzó -y continuará- con los coletazos del juicio por la desaparición de "Marita" Verón. Alperovich no tiene sosiego con la mujer más poderosa de la provincia, que no es la primera dama senadora, sino Susana Trimarco. Siguió con la Justicia que acaba de propinarle una paliza a su gran recaudador Pablo Clavarino, al declarar inconstitucional el cobro del impuesto a los sellos a los autos que se adquirieron fuera de la provincia. Curiosamente, dos intendentes le dijeron no: uno es el mellizo Enrique Orellana, que siente que Famaillá no recibe los mimos que sí tienen otros municipios, y Jorge Yapura Astorga. Este último insiste en destruir un hotel, porque no se cumplió con la ley; y Alperovich porfía en que eso no importa y en que, por lo tanto, la piqueta no se ponga en marcha.
Estos intendentes se animan a decir no, pero no con la intención de usarlo como antídoto del veneno "domatiano", sino porque las incertidumbres del Poder Ejecutivo son tantas que al no saber adónde ir ni cuál es el proyecto empiezan a jugar solos. ¿Habrá reforma constitucional? ¿Seguirá la provincia bajo la hegemonía alperovichista? Por ahora nadie tiene respuestas y los tiempos se acortan. Lo más seguro es que si se repite un pacto de Olivos (ese que firmaron Alfonsín y Menem en casa de Dante Caputo, para reformar la Constitución nacional), Cristina y Alperovich irán por otra reelección.
Claro que si hay algunos que dicen "sí", y otros poquitos que se animan a pronunciar "no", faltan los que balbucean un "ni"... y así les va. Basta con preguntarle a Domingo Amaya que esta semana fue ninguneado por el gobernador cuando trato al intendente de la capital como uno más de los intendentes y no como un privilegiado.
"Andá a legislar"
Para decir "no" los grises deberían desaparecer de la política. De ese color se pintan las acciones hoy en día. Por eso los legisladores pueden aumentarse los gastos sociales un 36%. El incremento está fuera de toda lógica; los gastos sociales no existen o no deberían existir y, sin embargo, inmensos sectores de la sociedad aprueban ese sistema. El ministro de Políticas Sociales se animó a decirle "no" a los gastos sociales. ¿Enrique Zamudio puede decirle a los legisladores cómo se hace política hoy en día? ¿Sus ideas y sus palabras se exteriorizan sin la anuencia de Alperovich, que dio a entender que las cosas de otros poderes no le atañen? En la Legislatura hay un silencio absoluto ya sea porque los inquilinos de ese poder andan de vacaciones o porque los que se quedaron o volvieron esperan que pase el temporal. El aumento de fondos sociales no cayó bien indudablemente. Por eso andan buscando al o a los culpables de que se haya difundido esta información, en lugar de tratar de que de una vez por todas se transparente la forma de hacer política. Si 2013 avanza en el mar de las indefiniciones las peleas internas del alperovichismo van a empezar a afectar la administración.
Si no se reforma la Constitución, casi una veintena de legisladores no sólo no tendrán los gastos sociales, sino que no volverán a sentarse en el recinto. El reloj avanza y se van esfumando las ilusiones. Con ellas crece el nerviosismo de legisladores como José Teri, Raúl Hadla, Roque Alvarez, José "Gallito" Gutiérrez que, al igual que otros, ya se acostumbraron a la cómoda poltrona legislativa.
Tiempo de gurúes
Los tiempos políticos de Domato no son iguales a estos de principios de siglo. En aquel entonces las encuestas no era la verdad revelada. Hoy sí. En un año de elecciones, como este, los sondeos cobran aun más importancia. Según afirman los "sijosesistas" que suelen revisar encuestas, antes del histórico fallo absolutorio en el caso "Marita" Verón, los guarismos decían que la madre de la joven tenía una imagen tan positiva como negativa. Ahora calculan que las cosas han cambiado. Les preocupa que la popularidad de Susana Trimarco haya trepado tanto que una candidatura se vuelva tan tentadora como ineludible. En marzo, cuando empiecen a revisar los primeros sondeos del año, esta mujer "que tiene cortito" a los poderosos estará en la mira de la política. ¿Puede llegar a ser candidata por el oficialismo? "Si la Presidenta lo pide, todo es posible", responden los "sijosesistas" sin ponerse colorados.
Las encuestas aún no dicen nada sobre los resultados que se auguran para los comicios que se realizarán en octubre. Sin números en la mano, en el alperovichismo abren el paraguas y no presumen de que irán por todos los cargos a renovarse (cuatro bancas). Los más optimistas -incluso delante del gobernador- indican que la oposición podría quedarse con una banca. En el radicalismo, Juan Casañas se peina para salir en esa foto. Pero no está solo; ya hay tres que quieren sacarle el saco y pelearán por ese lugar: Esteban Avila, Osvaldo Barreñada y Ariel García. A medida de que se acortan los tiempos, los sueños de la oposición de actuar en bloque y en forma conjunta se van haciendo cada vez más utópicos. Es que la misma oposición también cree que en los comicios sólo habrá una banca para la oposición. En los tiempos de Domato, el oficialismo solía sacar dos bancas y la oposición se repartía las otras dos bancas.
Dos preguntas
Una de las primeras materias de la actividad política es abstenerse de decir lo que realmente se piensa, para vestirlo con la camisa de lo que conviene. Debe ser extramedamente desgastante querer decir "no" y terminar gritando "sí" a los cuatro vientos. Debe ser como un buen plato de comida suculentamente sasonado con un buen veneno. La duda pasa por saber ¿para qué? y ¿hasta cuándo?
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