"Tal vez la literatura futbolera es un camino de resistencia frente a la farandulización del fútbol"

El autor de La pregunta de sus ojos, inspiradora de la célebre película de Campanella que obtuvo el Oscar en 2010, habla sobre las historias de fútbol. "Con esa cosa de reproducir la vida, pero en pequeña escala, el fútbol permite ese salto de lo prosaico a lo profundo", señala. Y destaca a Soriano y Fontanarrosa como autores centrales de una literatura de la vida cotidiana de las personas comunes.

LA REIVINDICACIÓN. El fútbol permite ese salto de lo prosaico a lo profundo, y de vuelta hacia acá, define Sacheri. LA REIVINDICACIÓN. "El fútbol permite ese salto de lo prosaico a lo profundo, y de vuelta hacia acá", define Sacheri.
20 Enero 2013

POR EZEQUIEL MARIO MARTÍNEZ

PARA LA GACETA - BUENOS AIRES 

El fútbol nunca ha gozado de mucho prestigio en el ámbito de las letras. Vinculado históricamente con lo popular y lo mundano, la literatura oficial lo apartó -casi siempre- de sus objetos de interés y pocas veces lo consideró un universo digno de ser narrado. Autores como Osvaldo Soriano, Juan Sasturain o Roberto Fontanarrosa se encargaron de empezar el trabajo de derrumbe de estos prejuicios, con cuentos y novelas memorables. Ahora sí, poco reconocidos en vida como verdaderos "escritores", reciben hoy en día un merecido reconocimiento y aplausos de la crítica. Eduardo Sacheri es sin duda su mejor discípulo, pero con un estilo propio, inconfundible. Porque el fútbol presente en sus cuentos se transforma en una excusa para hablar de los sentimientos y las emociones que atraviesan la condición humana. Porque Sacheri es, ante todo, un gran observador. Y esto se plasma en sus relatos. La prosa justa para narrar y describir con precisión los grandes temas del hombre, en todas sus épocas: el amor y la amistad, la gratitud y la venganza, la lealtad y la traición, las pérdidas y la esperanza. Autor además de grandes novelas como Aráoz y la verdad, Papeles en el viento y La pregunta de sus ojos (llevada al cine por Campanella, ganadora del Oscar 2010), la reciente reedición de sus libros de cuentos -Esperándolo a Tito, Te conozco Mendizábal, Lo raro empezó después, Un viejo que se pone de pie- fue la excusa perfecta para entablar este exquisito diálogo con Sacheri.

- Eduardo, ¿por qué crees que la literatura futbolera ha sido históricamente subestimada por el mainstream literario? Pienso en lo difícil que fue abrirse camino a narradores como Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa…

- Creo que esa subestimación abarcaba no solo al fútbol, sino a cualquier manifestación que tuviera que ver con la cultura popular, con la vida cotidiana de la gente común. Y autores como Soriano y Fontanarrosa son, precisamente, los que abrieron, pese a todo, ese camino de legitimación para los que hemos venido después. Ambos fueron grandes escritores, dotados de un oído exquisito para reproducir las voces y los ambientes de nuestra vida y sus recovecos. Que además hayan utilizado el fútbol para expresarlas es, en cierto modo, menos importante que lo otro.

- Alguna vez te escuché decir que "el fútbol es una puerta de entrada a cosas más profundas". ¿Cómo es eso?

- Creo que cualquier literatura, con alguna pretensión de profundidad, apunta a esos grandes temas, que son los de la vida de todos nosotros. Ahora bien, a casi todas las personas nos cuesta abarcar esos temas de manera profunda y directa. Nos asustan, o se nos imponen con su solemnidad, con su peso existencial. El fútbol es una buena tangente para llegarles. Con esa cosa de reproducir la vida, pero en pequeña escala, el fútbol permite ese salto de lo prosaico a lo profundo, y de vuelta hacia acá.

- ¿Por qué crees que el fútbol se ha posicionado como un rasgo fundamental de nuestra identidad nacional?

- Acá apenas puedo especular. Me parece que, en las últimas décadas, la cultura de la que formamos parte experimentó una fuerte desorientación, un fuerte vaciamiento de significados. Hace… ¿30 años? poseíamos identidades laborales, barriales, profesionales, políticas, religiosas, de roles familiares, más estables. No digo que fueran mejores. Digo más estables. Tal vez el retroceso de esas certidumbres haya dejado otras huellas de identidad en primer plano. Y la del fútbol, posiblemente, haya experimentado un proceso así.

- Tus relatos de historias futboleras siempre de índole amateur -cuentos en la calle, partidos memorables en el barrio, épicas del equipo del pueblo- son una forma de conjurar el fútbol de hoy hiperprofesionalizado?

- Es muy posible. Creo que la farandulización del fútbol nos provoca, a los viejos futboleros, una profunda desazón. Tal vez la literatura futbolera es un camino de resistencia (prefiero pensarlo en esos términos, más que en términos de nostalgia), frente a lo peor de ese proceso. Poner matices donde el discurso maniqueo y simplista nacido en los medios masivos tiende a borrarlos.

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- La pregunta de tus ojos, ahora Papeles en el viento ¿Por qué crees que tus novelas llegan al cine?

- No estoy seguro. No es algo que yo me proponga antes de escribir. Pero sí me gusta que suceda. Como una segunda vida a mis libros. Tal vez, pero no estoy seguro, tenga que ver con que en mis libros me interesa pintar personajes pero, también, que sucedan cosas. Que haya una historia que sucede, que crece y que pasa. No sé, insisto, son meras especulaciones.

- ¿Qué disfrutas más, tu oficio de escritor o el de lector?

- ¡El de lector! Muchísimo más. Podría vivir sin escribir (aunque me guste mucho hacerlo). Pero no podría vivir sin leer.

- ¿Te sentís parte de una tradición literaria? ¿Qué autores disfrutás actualmente?

- No me siento parte de una tradición (porque no me siento a la altura de los escritores que a todos nos han ido marcando). Pero sí me gusta pensar que ciertos autores argentinos abrieron un espacio que no sé cómo denominar, pero que podría ser el de la literatura de la vida cotidiana de las personas comunes. Ahí Soriano y Fontanarrosa tienen un sitio clave. Pero cuidado, que los cuentos de Cortázar, décadas atrás, siento que abrieron un camino en el mismo sentido. La ventaja de ser un advenedizo en el mundo literario es que puedo generar las filiaciones que se me ocurran, sin sentir que le falto el respeto a ningún sumo sacerdote. Autores argentinos actuales de los que disfruto: Claudia Piñeiro, Pablo de Santis, Guillermo Martínez, Sergio Olguín, Pablo Ramos, Raquel Robles. Y seguro me olvido de alguno de los que me gustan y después me quiero matar, ¡por ingrato!

© LA GACETA

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