Suicidio

Fragmento de Lanata (Editorial Margen izquierdo)

13 Enero 2013

Entre los fuegos artificialesy los estruendos de las cañitas voladoras que anunciaban la llegada de 1998, los motivos de Lanata parecían demasiado obvios para incorporarlos a su balance de fin de año, beber otra copa de champagne, volver a darse un saque de merca y, por fin, dispararse en la cabeza el tiro final. 


¿Cómo había llegado hasta ahí?

Mil novecientos noventa y siete había arrancado como uno de los mejores años de su vida. Y, sin embargo, estaba terminando como uno de los peores, para no decir el peor.

Si quería ser indulgente con él mismo, Lanata podía incluir, en el haber, su primer intento de desintoxicación en Glens Falls, aquel pueblito cercano a New Jersey donde un experto en adicciones prometía que le haría abandonar su amor a la cocaína. Aterrizó allí el 5 de enero de 1997 con su chica de entonces, la estudiante de cine Mariana Erijimovich. Aquel ensayo terminó en un estrepitoso fracaso, como se comprobará, luego, en detalle. Sin embargo, el hecho de haber viajado hasta allí bien podía ser considerado como el principio del deseo de curarse de aquella enfermedad.

Podía anotar, sin mentir, a 1997, como el año de mayor facturación de toda su vida. Había calculado casi dos millones de dólares entre la radio y la tele. A eso habría que sumarle las regalías de Vuelta de Página, el libro con los artículos periodísticos de Lanata en El Porteño y en Página, y los editoriales de la radio y de la tele, reunidos en una ediión especial para quioscos, bajo el sello J. L. producciones y asociados. ¿Cómo era entonces que, al final de cuentas, tenía más deudas que dinero en el banco? Se lo había explicado su mánager, Fernando Moya, el mismo que representó a Charly García y Fito Páez, una y otra vez, con una calculadora en la mano y los papeles en la otra:

- Jorge, tu problema no es que ganás poco, o que mi porcentaje sobre tu facturación es demasiado alto. Tu problema es el mismo que tienen las estrellas de rock, como Fito o como Charly. Ganás un fangote, pero gastás mucho más. Y lo peor es que te lo gastás más rápido de lo que lo ganás.

Lanata, podía, incluso esa noche de balance extremo, engañarse y dar por sentado que había llegado a ser cada vez más popular y al mismo tiempo cada vez más creíble y prestigioso.

Pero lo que no podía negar era que, lo que más lo había afectado, era su salida repentina de la tele.

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Por Luis Majul

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