Sinceridad que mata, que daña, que agrede. En psicología explican con estas ideas el concepto de "sincericidio". En política, estas actitudes, traducidas en expresiones, provocan un profundo desagrado y hasta irritación. Vayan unos ejemplos: 1- "sería bueno, sano y transparente para el sistema democrático si todas las declaraciones juradas de gobernadores, intendentes, jueces, ministros de la Corte, estuvieran a disposición de toda la sociedad; publicadas, analizadas y publicitadas" (presidenta Cristina Fernández, en respuesta a las objeciones sobre su patrimonio realizadas por Ricardo Darín). 2- "la política es como una maquinaria, siempre hay que aceitarla, y eso cuesta dinero; mantener un caudal político cuesta dinero" (legislador José Gutiérrez, justificando los gastos sociales parlamentarios). 3- "si les doy ese porcentaje -36%- a los empleados del Estado, es lo mismo que decir: me tengo que ir" (gobernador José Alperovich, al negar la posibilidad de ese incremento salarial para este año).
La Presidenta, en función de tratar de justificar el crecimiento de su patrimonio y de defender su honestidad, puso en duda la del resto de la dirigencia argentina que, por cierto, no se dio por aludida, silbó bajito y miró para otro lado. Tiró del mantel o llevó al barro al resto, una jugada típica del accionar político cuando la realidad comienza a jugar en contra. "Conmigo deberían caer todos", pareció decir, o amenazar. En todo caso, si la clase dirigente es observada por su buen pasar, o por el crecimiento de sus bienes -como el caso del licenciado vicegobernador Juan Manzur-, sería bueno que la jefa de Estado promueva lo que pregona. ¿Acaso intentó asustar a los propios para que no salten el cerco en este complicado año electoral? Hay que mirar con lupa: se equivocó o bien hizo una advertencia. El ataque a Daniel Scioli por sus dólares no declarados alimenta la sospecha de que intenta presionar y debilitar adversarios. Scioli, de parabienes con la mención presidencial: la mandataria lo puso en su mismo nivel político. Cristina, al cuestionarlo de pasada, reconoció tácitamente que el bonaerense es el candidato opositor interno a vencer.
Lo de Gutiérrez fue peor. Sin medias tintas dijo que la dirigencia hace política con la plata de los tucumanos: los legisladores no hacen política con dinero propio, sino con el ajeno. Es un privilegio, vergonzante, con mayúscula. En fin, el juez falla, el médico sana, el maestro enseña, el parlamentario legisla pero, además, necesita hacerse de un "extra" para seguir viviendo de la política. ¿Y si le dan a los docentes dinero para "gasto social", para distribuir lápices y cuadernos?, ¿y si se otorgan esos extras a los médicos para que repartan suero y camillas para mantener la clientela? Mejor aún: porqué no aumentar la dieta legislativa a $ 60.000, más o menos, y que hagan política de "sus bolsillos", no con la plata del Estado. Para que les duela, ya que estarán distribuyendo lo que les pertenecería, legalmente. Al margen: ¿el Tribunal de Cuentas controla los gastos de los representantes del pueblo? En los 90 sólo bastaba que los legisladores presentaran los papeles admitiendo haber recibido tal suma de dinero en conceptos de "gastos de bloque" -no rendiciones detalladas de gastos- para que el organismo aprobara los gastos. A no sorprenderse, lo permitía una ley.
Finalmente, Alperovich les envió un mensaje clarito a los estatales: ni sueñen con tener un mejor pasar este año. Los empleados públicos no tendrán para sus gastos sociales, porque -deducción- él no dejará el cargo. Hoy, los recursos del Estado son para que unos pocos hagan política y otros, miles, para que sufran la conducción política. ¿Sincericido? No, cruel verdad.
La Presidenta, en función de tratar de justificar el crecimiento de su patrimonio y de defender su honestidad, puso en duda la del resto de la dirigencia argentina que, por cierto, no se dio por aludida, silbó bajito y miró para otro lado. Tiró del mantel o llevó al barro al resto, una jugada típica del accionar político cuando la realidad comienza a jugar en contra. "Conmigo deberían caer todos", pareció decir, o amenazar. En todo caso, si la clase dirigente es observada por su buen pasar, o por el crecimiento de sus bienes -como el caso del licenciado vicegobernador Juan Manzur-, sería bueno que la jefa de Estado promueva lo que pregona. ¿Acaso intentó asustar a los propios para que no salten el cerco en este complicado año electoral? Hay que mirar con lupa: se equivocó o bien hizo una advertencia. El ataque a Daniel Scioli por sus dólares no declarados alimenta la sospecha de que intenta presionar y debilitar adversarios. Scioli, de parabienes con la mención presidencial: la mandataria lo puso en su mismo nivel político. Cristina, al cuestionarlo de pasada, reconoció tácitamente que el bonaerense es el candidato opositor interno a vencer.
Lo de Gutiérrez fue peor. Sin medias tintas dijo que la dirigencia hace política con la plata de los tucumanos: los legisladores no hacen política con dinero propio, sino con el ajeno. Es un privilegio, vergonzante, con mayúscula. En fin, el juez falla, el médico sana, el maestro enseña, el parlamentario legisla pero, además, necesita hacerse de un "extra" para seguir viviendo de la política. ¿Y si le dan a los docentes dinero para "gasto social", para distribuir lápices y cuadernos?, ¿y si se otorgan esos extras a los médicos para que repartan suero y camillas para mantener la clientela? Mejor aún: porqué no aumentar la dieta legislativa a $ 60.000, más o menos, y que hagan política de "sus bolsillos", no con la plata del Estado. Para que les duela, ya que estarán distribuyendo lo que les pertenecería, legalmente. Al margen: ¿el Tribunal de Cuentas controla los gastos de los representantes del pueblo? En los 90 sólo bastaba que los legisladores presentaran los papeles admitiendo haber recibido tal suma de dinero en conceptos de "gastos de bloque" -no rendiciones detalladas de gastos- para que el organismo aprobara los gastos. A no sorprenderse, lo permitía una ley.
Finalmente, Alperovich les envió un mensaje clarito a los estatales: ni sueñen con tener un mejor pasar este año. Los empleados públicos no tendrán para sus gastos sociales, porque -deducción- él no dejará el cargo. Hoy, los recursos del Estado son para que unos pocos hagan política y otros, miles, para que sufran la conducción política. ¿Sincericido? No, cruel verdad.
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