Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 26 Diciembre 2012
No es el Apocalipsis, pero se le asemeja. La alineación de planetas fue un mal síntoma para la Casa de Gobierno. Oscureció al Palacio, de tal manera que José Alperovich está viviendo el peor momento de una gestión que está próxima a cumplir la década. El gobernador está herido. Su poder ya no es tan ejecutivo como en otros tiempos. La Casa Rosada le está sacando facturas a uno de sus aliados políticos. Ahora Alperovich paga, con sudor y lágrimas, esa sensación de relación inestable con el kirchnerismo.

Cristina Fernández no le atiende el teléfono al matrimonio gubernamental. El fallo en el caso Marita Verón le ha costado muy caro a Alperovich. Pocos saben lo qué es lo que le dijo la jefa de Estado al gobernador la noche de la absolución. La posterior sucesión de hechos fue confirmando que -al menos por ahora- aquella "sólida" relación Nación-provincia se fue resquebrajando. La posible eyección de Juan Manzur del Ministerio de Salud Pública de la Nación alimenta las especulaciones políticas. En el entorno de Alperovich no creen que el vicegobernador en uso de licencia abandone el gabinete de Cristina en forma inminente. "No creo que ella entregue a uno de sus fusibles por lo que digan los diarios. Creo que ese puede ser un factor de resistencia que puede alargarle la vida política a Manzur dentro del kirchnerismo", razonó uno de los hombres cercanos al gobernador. No está en los planes de Manzur volver a Tucumán, al menos por ahora. Pero no depende de él esa decisión.

Los problemas no le dan respiro al gobernador. El psicótico sábado de compras navideñas volvió a ponerlo en la vidriera que menos le gusta exponerse al gobernador: el de las críticas y el de la innecesaria exposición mediática. Tucumán volvió a ser noticia por una cuestión que Cristina prefiere callar: los "saqueos organizados" al decir de sus colaboradores.

Lo electoral ha quedado muy relegado en la agenda oficial. Ahora, Alperovich está más preocupado por recomponer su imagen. Al año le quedan tan sólo cinco días. Y, si fuera por el gobernador, dejaría que todo transcurriera por debajo de los feriados puente e, inmediatamente, cambiar el almanaque. Pero hasta los feriados se le ponen en contra de la gestión. Entre el viernes y el lunes, Tucumán tiene previsto recibir unos $ 30 millones adicionales por depósitos vinculados por el reparto del Impuesto al Valor Agregado (IVA). El feriado del lunes, si se lo declara para toda la jornada, puede constituir un trastorno para la acreditación de aquellos millones. Si eso es así, frente al ajustado equilibrio fiscal, Tucumán puede llegar a terminar el año con un minúsculo déficit, pero "rojo" al fin, de $ 2 millones. Si lo cobra, Alperovich podrá exhibirse como uno de los mandatarios que, pese a las restricciones financieras, ha podido capear un año de menores giros por coparticipación y de transferencias casi nulas de recursos discrecionales.

El humor dentro de la Casa de Gobierno no es el de los mejores: demasiadas caras largas, por los golpes políticos recibidos en tan poco tiempo. Es casi el mismo malhumor que reina entre los integrantes de la clase media tucumana que está recibiendo las boletas de impuestos patrimoniales (Inmobiliario y Automotor) con aumentos que están muy por encima de lo promediado por el Ejecutivo (25%). Ni hablar del reajuste en las facturas de los servicios públicos estatizados y privatizados. El Gobierno está sintiendo los efectos de un año difícil para una gestión que venía cabalgando sobre millones de pesos que hoy escasean. Alperovich se tomará los próximos dos meses para rediseñar su futuro y, naturalmente, el de su proyecto político casi personalista: el alperovichismo. Un replanteo, 10 años después de gestión.

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