Federico Türpe
Por Federico Türpe 22 Diciembre 2012
Otra vez en diciembre el peronismo dirime sus internas en los supermercados. ¿O será que finalmente se puso en marcha el plan "LCD Para Todos"? Es la fiebre del consumismo sazonada con la política. Esa fiebre que hace que transitar por el microcentro sea un infierno por estos días. Hay colas hasta para apoyarse en un árbol a descansar. Debemos contar hasta 100 y tener paciencia budista para no explotar. "Tranquila, señora, no es el fin del mundo", le dice un don a una doña que lo atropella con una caja más grande que ella.

Y sí, es que pocos entendieron a los pobres mayas. Ayer se terminaba el décimotercer Baktún (para qué explicar algo que está más claro en Google) y para muchos era el fin del planeta, cuando en realidad era el comienzo de una nueva era. La era del sube: sube la luz, el gas, el agua, el inmobiliario, el municipal, la canasta, la nafta y la presión arterial. "¡Es que no hay plata que alcance!", resopla otra señora en la cola del cajero con veinte bolsas de regalo encima.

"Felipe, descolgá la ropa de la soga que se viene una lluvia de meteoritos", grita una mamá hipnotizada con las "Profecías 2012" que pasan por Discovery Channel.

"La gente está muy loca", comenta un taxista, mientras reta por celular al que parece ser su hijo y a la vez discute por señas con un varita. "No soporto las fiestas", agrega, y por si quedan dudas, despeina de un bocinazo a un anciana que demora en cruzar la calle.

Qué lindo que es enero, cuando pasa la locura y sólo quedan las deudas y los desarreglos estomacales.

No se entiende tanta locura y tanta paranoia porque se termina el mundo, si lo verdaderamente preocupante es que todo siga igual.

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