La Casa Toledo, en peligro de demolición

21 Diciembre 2012
Muchísimos hogares seguramente guardan reliquias que no sólo tienen que ver con lo material, sino con lo afectivo. Fotografías, objetos, cartas, libros, ropa que pertenecieron a antepasados forman parte de la historia, de la identidad de una familia. De manera similar, hay ciudades que se preocupan por conservar su patrimonio cultural y arquitectónico y explotarlo turísticamente. Qué sería de París sin el Louvre, Notre Dame, el palacio de Versailles o si se hubiesen demolido las casas, edificios, hoteles, mansiones, puentes que evocan los distintos siglos y estilos. En contrapartida, hay capitales que hacen todo lo contrario, es decir que demuelen su pasado.

En nuestra edición del martes informamos que la hermosa Casa Toledo, ubicada en la esquina de Chacabuco y Crisóstomo Álvarez tiene los días contados. En la Municipalidad confirmaron que ya se inició un trámite para demolerla, pese a que integra la lista de Bienes Patrimoniales de Interés Municipal de la ciudad. El inmueble perteneció a Ignacio Toledo, abogado y y político radical que se desempeñó como ministro de Gobierno en el primer gobierno de Juan B. Bascary y ministro de Obras Públicas en 1922 y 1923 durante la administración de Octaviano S. Vera. Fue erigido en 1925 por Luis Lucena, prestigioso constructor. Es un tipo de vivienda-negocio tardío para la época, en la que se combinan la resolución de la vivienda, casi un Petit Hotel francés en planta alta y una vivienda de alquiler y local de renta en planta baja. Los especialistas señalan que estilísticamente es un destacado ejemplo de arquitectura academicista propia de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Exteriormente se destacan los elementos ornamentales de origen francés como el tratamiento de revoque símil Piedra París, guirnaldas, catelas, arcos de carpanel. En 1943 la casa pasó a manos de la familia del doctor Enrique V. Zuccardi, y esa ocasión el constructor Pedro Toscani le realizó reformas. Esta casa es uno de los escasos ejemplos de vivienda-negocio característicos del siglo XIX, como también lo es la Casa Chaker Farah Apas, ubicada en la esquina de San Juan y Maipú, con la que comparte un mismo lenguaje estilístico.

Otro inmueble que se viene salvando, gracias a la movilización popular, es la casa Sucar, ubicada en Salta 532, construida en 1923 y que según el Colegio de Arquitectos de Tucumán es una pieza de indiscutible valor arquitectónico; un singular exponente de calidad, tanto tipológica (villa suburbana sobre bulevar), como estilística (modernismo hibridado con otras corrientes del siglo XX).

Lo lamentable es que estas valiosas casonas no son reemplazadas por construcciones con arquitecturas futuristas o revolucionarias, sino por torres de oficinas o departamentos vulgares como las hay en cualquier parte y que carecen de atractivo arquitectónico, o por playas de estacionamiento.

Esta vocación inmobiliaria y demoledora pone en evidencia la ausencia de una política seria de preservación del patrimonio urbano. Mientras otras ciudades conservan su casco histórico, en San Miguel de Tucumán, llamada "ciudad histórica", lo depredamos. Imaginemos dentro de 50 años nuestra capital, poblada de edificios anodinos. ¿Podría alguien pensar que es una urbe "histórica", donde alguna vez se declaró la independencia de nuestro país? ¿Alguien visitaría París si fuera un conjunto de torres insulsas y de estacionamientos?

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