¿Absueltos?; no, culpables
Cuando los problemas estallan, se busca desesperadamente culpables. Hasta tanto, la inacción de los ciudadanos se apodera de todo. Tras el fallo del caso Verón, el gobierno de Alperovich quedó golpeado y el mandatario agitó apresuradamente su Gabinete. Se vienen más cambios
"Hoy todos somos Marita". Esta semana, esa simple y desgarradora consigna -escrita con bronca, amor, dolor, desazón, solidaridad, vergüenza, miedo, revancha, cansancio, sorpresa y frustración- dio vuelta la plaza Independencia y quedó estampada en una pared porteña.
Debió haber sido otra: "Hoy todos somos hipócritas".
Durante el tiempo en el que Susana Trimarco andaba señalando prostíbulos, pidiendo ayuda, señalando delincuentes, recibiendo portazos de poderosos y de otros más, los tucumanos andaban en otra.
Somos ciudadanos muy especiales. Durante más de la mitad de esos 128 meses los tucumanos habían decidido tomar todos los días y varias veces al día remises 5 estrellas que por entonces administraban Ale y Rivero, los mismos a los que hoy se defenestra tras las 13 absoluciones. Aquellos remises incumplían la ley desde el momento en que arrancaban y, sin embargo, se habían convertido en el transporte ideal de los tucumanos. "Son más seguros; a ellos no los asaltan", solían decir los usuarios.
Durante años las mismas personas fueron vivadas, abrazadas, besadas, aplaudidas en la cancha de la Ciudadela porque "tuvieron el coraje de poner plata y de sacar al frente a los santos en su peor momento". Contra esas personas se manifestó y se despotricó después del inesperado fallo poliabsolutorio de Alberto Piedrabuena, de Emilio Herrera Molina y de Eduardo Romero Lascano.
En este interregno se designaron jueces según caprichos, amiguismos y parentelas y no sobre la base del mérito. Incluso hubo uno -Carlos López- que demostró méritos y fue desterrado de las poltronas tribunalicias, sólo por haber investigado al gobernador en alguna oportunidad.
En el mismo tiempo la venta, el consumo y los enfermos por la droga aumentaron. Los prostíbulos se abrían apenas la Fundación María de los Ángeles le sacaba los ojos de encima. El "transa" que proveía la droga o que se ponía a grabar CD -el gran éxito de la ilegalidad después de las fotocopias de las facultades- no recibía ni una tarjeta amarilla porque algún puntero, legislador o concejal lo apadrinaba. Si se trataba de un barrabrava peor aún ya que las protecciones podían salir hasta de la Casa de Gobierno, y con subsidios incluidos.
Así fuimos construyendo el futuro, que hoy es este presente. No importó que las instituciones se desarmaran al mismo tiempo en que se iba concentrando el poder en una sola persona. Así se diluyeron el debate legislativo y las discusiones entre entidades intermedias, salvo honrosas excepciones entre las que se puede anotar al Colegio de Abogados. En ese maremagnum un ministro puede levantar el teléfono y pedir sobre una causa en Tribunales o un ciudadano puede ir al cajero a cobrar por no trabajar. En el mismo laberinto una gran mayoría de ciudadanos se siente con derecho a circular en moto por la vereda o a contramano; incluso, sin casco. En ese pandemonium cualquiera tira un papel a la calle sin importarle el prójimo o simplemente escupe como si fuera el único habitante del planeta.
Deberíamos hacernos cargo de que muchas normas se cumplen, principalmente, por el temor al repudio social y para algunos -cada vez menos- por temor a la cárcel.
De a poco los ciudadanos vamos rompiendo los límites y se cruzan fronteras ante la mirada y ante la inacción de todos. Cuando estalla, como ocurrió después de las 20 de este martes, se busca desesperadamente culpables; cuando la realidad nos abraza a todos y a todas como sociedad.
El fallo de los jueces no fue redactado por los tres jueces, sino por miles de ciudadanos durante estos últimos años. De lo contrario, la realidad de esta semana habría sido otra.
Susana Trimarco tiene un temple y una lucha que hasta la puso en la alfombra de los que van a Suecia a recibir el premio Nobel. Es ciudadana del mundo. Para estar donde está parada pasó por las mismas agresiones y maltratos que sufre hoy Alberto Lebbos. Alguien que tampoco ceja en la lucha. No sería bueno que el futuro de dentro de 10 años se esté escribiendo en base a este presente. Lebbos como Trimarco son víctimas de lo que no se hizo bien como Estado y como sociedad. Sus voces son gritos desesperados y desgarradores, pero no deberían ser rectores; para eso están los estadistas y los expertos.
En la Argentina quedó muy claro cuando Juan Carlos Blumberg se puso al hombro una de las movilizaciones más fuertes del país. Con ese respaldo, la clase política acató las órdenes del padre de Axel y las convirtió en leyes. Craso error. El delito no ha cambiado en la Argentina. La potencia de Blumberg fue y podría ser fundamental para iluminar, pero no para construir. El miedo -y la picardía- de la política le dio la palabra cuando no debía y su ayuda se diluyó.
Sin brújula
El gobernador José Alperovich sufrió lo mismo. Espantado después del fallo salió a calmar a Trimarco, que no es otra cosa que una luchadora por la causa de su hija. Sin embargo, se convirtió en algo más que una gobernadora durante varios días; y Alperovich demostró no poder pararse. Anduvo como esos boxeadores groggies, errantes por un ring. El mandatario perdió la brújula por miedo al escarnio, en vez de defender sus convicciones. O, en todo caso, porque aquellas cosas que se le criticaron durante mucho tiempo alguna vez, las vio razonables y prefirió obviarlas y ahora le estallaron en las manos. ¿Qué culpa tiene Alperovich por el fallo? Ninguna. Sus responsabilidades tienen que ver con todo lo que, durante mucho tiempo, ayudó a que el fallo no pudiera encontrar culpables.
Mal cambio
Desesperados por los gritos de la víctima, Alperovich cambió el ministro de Seguridad y puso a su amigo, consejero y hombre de absoluta confianza en el lugar de Mario López Herrera: el mismo ministro que fue con Trimarco a Tribunales al comenzar el juicio de Marita. Para que asuma Jorge Gassenbauer desarticuló la especie de Jefatura de Gabinete que le había creado para él. Gassenbauer estaba armando las tarjetas de fin de año para saludar como ministro coordinador cuando lo llamaron al despacho de Alperovich para que sea el Salvador de este intríngulis. El no sabe absolutamente nada de seguridad; por lo tanto podría haber seguido en su tarea y controlar al futuro ministro, como quiere Alperovich. Los "sijosesistas" salieron a adular al mandatario y aplaudieron esta jugada como si fuera un caño de Messi. Si Gassenbauer era el hombre, ¿por qué no hicieron el cambio hace dos o tres años, y se evitaba la crisis de hoy?
Alperovich ha malacostumbrado a sus funcionarios. Ellos se han convertido en funcionales. ¿Nadie le advirtió a Alperovich que el juicio de Marita era un vendaval, que podía arrastrar a quien no estuviera bien parado? Y si le advirtieron, ya no tienen la fuerza suficiente para que el jefe los escuche; por lo tanto, están demás. Había antecedentes: desde la aparición de la ministra Nilda Garré hasta las preocupaciones de la Presidenta, pasando por las preocupaciones de los Estados Unidos sobre este caso. Un gobernador debió haber tenido sobre su escritorio todas las variables del caso. Se conformó con algunas llamadas telefónicas a los amigos que le respondieron "está todo bajo control".
No sólo falló Seguridad, sino también el Ministerio de Gobierno y Justicia; y también los asesores, que después del fallo le dijeron "ponete a las órdenes de Trimarco", cuando en realidad debieron haberle dicho "ponete a disposición de Trimarco", para contenerla y escucharla.
Fue tal la forma en que perdió el rumbo que sus hombres salieron a decir: "estamos esperando que Susana Trimarco presente el juicio político contra los jueces". Si tenían la convicción cualquiera podría haberlo hecho sin tener que esperar la voz de la madre de "Marita".
El desconcierto de los súper poderosos fue tal que el miércoles los llamados desde la Casa Rosada crispaban los nervios de todos y se convertían en llamados a todos los amigos para pedirles "digan algo", "hagan algo". Mientras tanto, Alperovich corría a la Fundación María de los Ángeles a apaciguar el fuego. El fuego que se había encendido 10 años atrás.
A río revuelto...
Las esquirlas después del estallido político se anotan en la pizarra para cuando se calmen las aguas. Dicen que los amayistas brillaron por su ausencia en la asunción de Gassenbauer. Dicen que los alperovichistas están muy atentos a la cercanía de la diputada Stella Maris Córdoba con Trimarco.
En Tribunales ya especulan que la revisión del fallo se hará sobre la base de las diferencias de criterio que hubo entre las absoluciones y las dos décadas de condena que pidió la Fiscalía. Hay detractores que están sacando ubicaciones preferenciales para ver qué hará Sisto Terán, quien junto a Alperovich es uno de los protagonistas principales de la gestión de Julio Miranda y ahora tendrá protagonismo en el seguro juicio político. ¿Habrá reemplazante en la jefatura de gabinete tucumana? Si tiene perfil bajo, reaparecerá Ramiro González Navarro -seguirá perdiendo sentido las candidaturas testimoniales-; pero si se proyecta un perfil alto, ya lo están anotando a Osvaldo Jaldo.
Lo que viene
La fuerza y potencia de Trimarco habilita una buena oportunidad de cambiar rumbos y de corregir fallas y acciones diarias. De nada serviría que estalle como un dique al que se le abren las compuertas y se lleva todo por delante por la furia del instante. Tampoco habrán tenido sentido todos estos años si mañana el "Caso Lebbos" vuelve a repetir la historia porque todos hemos sido hipócritas.
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