La fruta prohibida cuelga madura de la rama. Se ofrece jugosa y dulce, al alcance de la mano. Seduce. Atrae. Pero tomarla implica pecar; y si el pecado se comete en tiempos electorales deviene mortal. La idea de reformar el estatuto de la UNT, para incluir una nueva posibilidad de reelección, cautivó a varios, en la época reciente de la casa de Altos Estudios. Siempre en forma de rumor -las cuestiones pecaminosas suelen nombrarse en voz baja- ya en años anteriores circuló el runrún por los pasillos de la casona de Juan B. Terán. Pero diseñar un proyecto que conforme a tantos resulta más difícil que hallar una fecha para hacer un asado con amigos en diciembre. En especial, porque no sólo se acuerda con los de dentro.
La UNT es un universo que abarca cuatro estamentos: docentes, no docentes, graduados y estudiantes. Absolutamente todos cuentan con reivindicaciones objetivas que incorporar al estatuto. Algunas, no del todo compatibles con la idea de gobierno que tienen las conducciones: por ejemplo, la elección directa de autoridades -una persona, un voto-. Los educadores pedirán la carrera docente, con estabilidad laboral. Y está muy bien: se trata de los únicos empleados públicos sin convenio, con el agravante de que si pierden un concurso quedan en la calle. Los no docentes pedirán mayor injerencia en los órganos de gobierno. Y está muy bien: hoy no votan en las cuestiones académicas; pero estas influyen en su labor, y muchas veces incrementan su trabajo. Ni hablar de las reivindicaciones que exigen los alumnos: desde la gratuidad total hasta el cogobierno igualitario docente-estudiantil. El actual estatuto ampara la gratuidad; pero el artículo que la prevé -el 91°- se encuentra en suspenso.
Habilitar una reforma implicaría abrir una verdadera Caja de Pandora, que deje libre espíritus ingobernables. En una negociación se cede algo para obtener otra cosa; pero en este caso resultan peligrosas las concesiones. Tales son las trabas puertas adentro de la UNT. La moneda de cambio para que los distintos sectores bendigan una "re-re" cotiza en color blue.
Pero fuera de las dependencias de la UNT, en las sedes de los partidos políticos, también podrían registrarse movimientos telúricos. La Unión Cívica Radical, por ejemplo, que se opone con fiereza a una nueva reelección en la provincia, ¿avalará la posibilidad de que Juan Alberto Cerisola, correligionario del diputado Luis Sacca, acceda a un tercer mandato consecutivo al frente de la UNT? No parece potable tal elucubración. Incluso, en un mitin celebrado el viernes en Horco Molle, algunos radicales también le habrían bajado el pulgar a la "re-re" universitaria.
De hecho, el sector cerisolista que lanzó esta manzana de la discordia no integra las filas del partido de Alem. Por el contrario, se encuentra más cercano del calor de los oficialismos nacional y provincial. La versión larga del rumor da cuenta de que el gobernador, José Alperovich, sugirió a los universitarios pro "re-re" que avancen con esta idea en la UNT, para ver cómo cae en ese espacio, copado por la llamada clase media. Pareciera razonar de este modo: si ese sector de la sociedad acepta el plan sin demasiados cuestionamientos, también podría aceptar livianamente una nueva reforma de la Constitución, que asfalte la reelección indefinida en Tucumán. En abril, agrupaciones estudiantiles se reunieron con la senadora Beatriz Rojkés de Alperovich: el alperovichismo buscaba comenzar a hacer pie en la UNT. Además, es de público conocimiento que el gobernador y Cerisola mantienen una excelente relación, casi de amistad. No se trata de datos menores, a la hora de explicar la atracción por la manzana de la "re-re". El problema es que, como en el cuento, podría terminar por perderse el paraíso.
Lo más popular








