Polémicas

El debate tiene una larga tradición en este suplemento. Son memorables los cruces protagonizados por Mujica Lainez, Casterán, Valentie, Carilla, Schkolnik y Raiden. Las buenas polémicas implican amor por las palabras y pasión por la verdad.

09 Diciembre 2012
Estas líneas surgen a partir de la inteligente polémica sostenida, en la edición de LA GACETA Literaria del 4 de noviembre pasado, entre el abogado Julio Rougés y el periodista Álvaro José Aurane, a propósito de un artículo que este ultimo publicó sobre la obra de Eric Hobsbawm, titulado "El hombre que explicó el siglo XX". No es mi propósito aludir a la cuestión de fondo sobre la que polemizan y debaten ambos interlocutores. Destaco el estilo en que ambos polemizan, la variedad de argumentos y la astucia con los que estos guerreros de la palabra defienden su posición. Aurane sostiene que el historiador británico fue un lúcido analista de su tiempo, aún cuando silenció algunos excesos del comunismo al que adhería. Rouges afirma que la obra del historiador solo constituyó una propaganda marxista en su vertiente estalinista, que vino a ocultar los genocidios cometidos por los estados comunistas.

Mi propósito es poner de relieve el género de la polémica, a la que LA GACETA Literaria ofrece un generoso espacio desde los inicios de su existencia como suplemento de cultura de este diario, y la búsqueda de la verdad que esto viene a significar. La polémica refiere a un ejercicio argumental en la que alguien viene a defender una idea contraria a la que sostiene otro autor. Esta opinión o argumentación es controversial respecto a asuntos políticos, religiosos o culturales y su autor rebate y discute las ideas de su contrincante intelectual. Los polemistas muchas veces adoptan una actitud vehemente en la que defienden sus posiciones y atacan sin piedad los argumentos de su ocasional adversario. Esta exaltación apasionada deriva del convencimiento de la verdad sostenida y la supuesta falacia de los argumentos e ideas contrarias. Se trata de una apasionante lucha en el terreno de la palabra, en la que la misma adquiere el carácter que le es propio de mediación entre el sujeto y el otro. Es el argumento y no la injuria lo que prevalece en este lazo social. Las buenas formas y la astucia van de la mano e implican que los ataques no refieren al ser del otro, ni a los atributos de su persona. Si se produce un exceso de esta índole, el público critica o rechaza este maltrato al otro.

El estilo de la polémica muchas veces es irónico y mantiene el propósito de desmoronar los argumentos del adversario intelectual. La polémica, generalmente de carácter público, relanza a quien la lee a la búsqueda de saber para alcanzar la verdad.

Duelos magistrales

Hubo memorables polémicas sostenidas en las páginas de este suplemento. Acuden a mi memoria la extensa e interesante polémica mantenida entre Manuel Andújar y Emilio Carilla sobre García Lorca, la que sostuvieron Ricardo Casterán y Manuel Mujica Lainez sobre Fedra y "las mujeres sabias de Moliere", y la apasionante controversia sobre el diablo entre la filósofa Genie Valentie y un sacerdote dominico.

La polémica también puede adquirir un carácter ficcional. Un ejemplo que se plasmó en estas páginas salió de la pluma del filósofo Samuel Schcolnik. Este había dado a luz a González, un personaje que era esperado por el público lector domingo tras domingo. Se trataba de un vecino del barrio Sur tucumano que contaba algunas aventuras mientras transmitía filosofía práctica a los lectores. En uno de sus textos, Schkolnik dio por muerto en un supuesto accidente a su personaje, causando una particular reacción de tristeza en quienes deseábamos seguir disfrutando de sus escritos. Grande fue el asombro cuando, un tiempo después, el ex decano de la Facultad de Odontología de la UNT Guillermo Raiden, polemizó con el autor y, en una intervención que bien podríamos calificar de psicoanalítica, devuelve a la vida a González. Raiden sostuvo, en este suplemento, que se había comprobado a partir de estudios en los molares de quien había aparecido muerto, que estos no correspondían con el personaje en cuestión. A partir de entonces, González volvía a las páginas del diario brindándonos el placer de leer nuevas disquisiciones filosóficas en su búsqueda apasionada por la verdad.

Lógicas diferentes

La verdad desvela y preocupa al ser humano desde los orígenes. La palabra en su semi-decir posibilita acercarnos a ella para ser develada. Es el psicoanálisis una de las formas de acceso al desciframiento de aquello que se nos oculta y engaña. El método creado por Freud, en su incansable búsqueda de la verdad del sujeto, rechaza el ámbito público, requiriendo como condición la intimidad del encuentro entre analizante y analista para que esta pueda desplegarse. Contrario a la polémica, que sostiene como criterio de verdad la adecuación de la idea a la cosa, el psicoanálisis afirma que la verdad no esta en los enunciados, sino entre lo que se dice, y es dependiente para su develamiento de la enunciación de cada sujeto que habla

Es en el decir de cada sujeto, y no en sus razones y argumentos, donde puede descubrirse la verdad. Aún más, el psicoanálisis va a sostener que la verdad tiene estructura de ficción. Por lo que no se trata de demostrar los hechos mediante razones y argumentos, sino que es en lo Inconsciente, allí donde se expresa eso que para cada sujeto le es opaco e ignora de sí, donde vamos a encontrar la verdad amordazada de cada uno. La verdad habla, y es un efecto del decir. Es en el lapsus, el chiste, los síntomas, en los actos fallidos, en el sueño donde se va expresando esa cifra que se hace necesario descifrar.

Aún perteneciendo a órdenes y lógicas diferentes, la verdad a la que intenta arribar el polemista en su despliegue argumental, la verdad que la filosofía busca alcanzar a partir de sus enunciados, la verdad toda a la que la ciencia se esfuerza en llegar, o la que el psicoanálisis propone hacer hablar, se constituyen en la contrapartida necesaria en una época marcada por la tendencia a las verdades absolutas y fundamentalistas. Vivimos un mundo donde priman la intolerancia y los enfrentamientos políticos e ideológicos que en lugar de rescatar la verdad tienden a ocultarla, en un tiempo social que promueve el desconocimiento del otro como semejante hasta llegar a la segregación, la exclusión e incluso a su eliminación. Rodeados por la infamia, la injuria y el agravio al otro, el amor por las palabras y la pasión por la verdad, se constituyen en las vías de resistencia frente al embate de los absolutos, posibilitando un lazo social que incluya al otro en su Otredad radical. Se trata de una apuesta a vivir en comunidad alejados de la barbarie y la sinrazón.

© LA GACETA Alfredo Ygel - Psicoanalista, profesor de psicología de la UNT.

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