La guerra del cerdo

Los recientes asaltos a jubilados perpetrados por la banda de "la cheta", integrada por la universitaria residente del barrio porteño de Belgrano y su novio, remiten a una de las novelas de Bioy Casares. Allí se plantea también el conflicto generacional que marca la actualidad argentina. La manera en que la sociedad y las autoridades tratan a nuestros viejos prefigura lo que nos espera en el futuro.

 OSCARCINE.COM OSCARCINE.COM
09 Diciembre 2012

Por Alina Diaconú - Para LA GACETA - Buenos Aires

La escalada de horrores policiales que se está produciendo en nuestra sociedad y de los cuales nos enteramos hoy al instante, gracias a los medios de difusión, incluyó en los últimos tiempos a la así llamada banda de "la cheta".

La particularidad de esa asociación delictiva, encabezada por una "cheta" rubia, universitaria y residente del barrio porteño de Belgrano, en colaboración con su novio, "chorro", era que asaltaba a gente de la tercera edad, es decir, lisa y llanamente, a viejos, a quienes golpeaban y robaban el dinero.

Esos hechos me hicieron recordar de inmediato aquella obra maestra de Adolfo Bioy Casares, titulada Diario de la Guerra del Cerdo (1969), que fuera llevada al cine por Leopoldo Torre Nilsson unos años después. Diario de la Guerra del Cerdo es una novela absolutamente extraña, durísima y que parecía pertenecer al género fantástico en aquellos años, pero que, según lo que acabo de mencionar, demostró ser absolutamente profética.

El libro plantea una verdadera guerra generacional entre los jóvenes (irresponsables, poco pensantes, soberbios, agresivos, pero llenos de la vitalidad propia de su edad) y los viejos (a quienes los chicos llaman "cerdos" en su persecución, con todo lo que esta comparación implica de deleznable). Claro que el autor no es maniqueísta y, al describir a los viejos, no los idealiza, sino que los pinta con sus matices, mostrando su frecuente cobardía, su no poco egoísmo, y sus deseos eróticos aún despiertos con respecto a las muchachas.

"En la vejez -escribe Bioy- todo es triste y ridículo, hasta el miedo de morir". Y reconoce que "en esta guerra, los chicos matan por odio contra el viejo que van a ser".

Un planteo complejo y terrible pone de relieve Bioy Casares en ese libro, tan vigente, tan crudo, donde el personaje principal, Isidoro Vidal, un hombre al borde de la vejez, está entre dos aguas.

Probablemente, el propio escritor, de 55 años, se identificara con ese papel protagónico en aquellos tiempos.

Un futuro común

¿Qué podemos decir hoy de la situación de nuestros viejos, además de haber constituido el blanco de la banda de "la cheta"? ¿Cómo no pensar, asimismo, en los jubilados con sus míseros ingresos, que dependen de la ayuda ajena y que esperan y esperan, cuando lo que justamente les falta es el tiempo?

Sabemos -por datos hoy obtenidos- que en los Tribunales de la Capital y del interior se fueron acumulando 534.747 demandas de jubilados contra la Anses.

También sabemos lo que menciona Carlos Gabetta en su reciente y valiente libro

La encrucijada argentina - República o país mafioso

(Planeta): "El gobierno viene desoyendo, con absoluto desparpajo y sin consecuencias, un fallo de la Corte Suprema de Justicia que dispuso el pago a los jubilados del 82% móvil que establece la ley…"

El reciente paro del sindicalismo anti K tuvo este tema entre sus reivindicaciones.

"La Argentina de hoy -sostiene Gabetta- es un país rico con millones de pobres y desamparados". Gran parte de los viejos está entre ellos.

Si ésta no es la Guerra del Cerdo ¿cómo la podemos denominar?

¿Qué han hecho nuestros ancianos, nuestros "abuelitos" (como se los llama vulgarmente) para merecer esto? ¿Qué han hecho para que los asalten a la salida de los bancos, en las "entraderas" a sus casas, o que los discriminen con beneficios mensuales ridículos, mientras la Anses es el pozo sin fondo de donde se saca dinero (su dinero) para cualquier otro fin?

Si esto no es una guerra disfrazada, ¿qué es?

Susan Sontag escribió: "El miedo a envejecer nace del reconocimiento de que uno no está viviendo la vida que desea. Es equivalente a la sensación de estar usando mal el presente".

Es todo esto, claro, pero también, para los que aún no han llegado a la así llamada tercera edad, como el personaje de Bioy, es ver cómo la sociedad y las autoridades tratan a nuestros viejos, es darse cuenta de qué lo espera a uno en el futuro, si no ocurren cambios profundos.

Si estas sociedades consumistas, basadas en las compulsivas compras de los jóvenes, no modifican su pensamiento acerca de lo que la edad puede significar -cosa que podríamos aprender de los pueblos originarios-, nada cambiará.

Mirada serena

Herman Hesse escribió un libro titulado Elogio de la vejez, donde decía: "Ya (a esa edad) se pasa de largo sobre muchas cosas, ya no se acusan muchos golpes o alfilerazos, y una parte del ser que en otros tiempos se llamaba yo, ya está allí donde pronto se instalará en el todo".

Sobre estas realidades y esta sabiduría que da el paso de los años, también García Márquez aportó lo suyo: "La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio logramos sobrellevar el pasado".

Son muchas las cosas que los viejos aprendieron y que pueden transmitir. Por algo los ancianos fueron y son venerados todavía en algunos lugares. No en esta Capital, precisamente, según lo que nos muestra la experiencia diaria. Quizá en algún sitio remoto del país, se mantenga sí la tradición. Ojalá.

Hay una reflexión del gran director de cine Ingmar Bergman que lo dice todo: "Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena".

No pretendo idealizar a los viejos, simplemente respetarlos, respetar sus derechos y apreciar su experiencia, porque la tienen. También creo que hay que cuidarlos -porque ellos nos cuidaron a nosotros- o, al menos, no hacerles daño; ni física ni moralmente.

No podemos estar en esa lucha desigual que planteaba la novela visionaria de Bioy Casares. ¿Qué pasa si nos replanteamos un poco las cosas y si llegamos a reconocer que todos (jóvenes, viejos) nos merecemos cosechar lo que sembramos y que, como sociedad, por muchas razones, nos necesitamos los unos a los otros?

© LA GACETA Alina Diaconú - Escritora. Publicó 15 libros, de los cuales los más recientes son Avatar y Ensayo General.

Publicidad
Tamaño texto
Comentarios
Comentarios