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ENSAYO
LENGUA DEL ULTRAJE
HORACIO GONZÁLEZ
(Colihue - Buenos Aires)
Lengua del ultraje es un agudo ensayo de Horacio González que enfoca textos fundamentales de la cultura y la literatura argentinas. "Papeles del archivo nacional", "documentos del discurso público argentino" denomina el autor a esos textos, sin duda muy estudiados por investigadores y críticos, pero mirados en este libro desde una óptica original, la del honor y sus reversos: la injuria, la hostilidad, la venganza, el ultraje.
El ultraje, ese sentimiento que, para González, "proviene del quiebre de un manojo de creencias que protegen el ilusorio recinto de nuestro yo", supone un ejercicio eminentemente lingüístico. Es, entonces, "el modo como el lenguaje actúa en una máxima torsión del léxico, allí donde vibran sus imputaciones y capacidad de ofensa".
Desde esa clave se construye un corpus a la vez relevante y atractivo, que abarca las discusiones entre Esteban Echeverría y Pedro de Angelis, el Facundo (verdadero punto de quiebre que hace difícil "imaginar el difuso tiempo anterior en que este libro no existía"), la ejemplarmente injuriante polémica entre Sarmiento y Alberdi (que en definitiva discuten sobre los títulos intelectuales de cada uno, sobre quién está más habilitado para pensar la etapa posterior a Caseros), el duelo intelectual entre Mitre y Vicente Fidel López (un combate sobre la historia y el lugar del documento que "contiene una parte esencial del camino fundador de la historiografía argentina") y ciertas "literaturas honoríficas": cuentos como Emma Zunz, El Sur, El Aleph, de Borges, el Borges de Bioy Casares (definido, entre otras fórmulas, como la "administración del sentimiento aristocrático de la maledicencia"), El payador, de Lugones, la novela Tartabul, de David Viñas.
No se trata de un libro de lectura fácil. Las abundantes citas y discusiones bibliográficas, las extensísimas notas (la nota 32 comienza en la página 55 y finaliza en la 60), las largas transcripciones, las digresiones y las frecuentes reflexiones metalingüísticas, el estilo recursivo y moroso -aunque salpicado por destellos de humor e ironía- con el que se da vueltas en torno a los temas, escudriñándolos desde distintas aristas, perfilan un lector esforzado, paciente, reflexivo.
Con todo, la posibilidad de asistir al despliegue de un pensamiento maduro y lúcido acerca de nuestra historia político-cultural hace que el esfuerzo valga la pena.
© LA GACETA

Soledad Martínez Zuccardi







