Preocupa la obesidad infantil en Tucumán

07 Noviembre 2012
Antes se decía que era una cuestión cultural. Los gorditos eran muchas décadas sinónimo de buena salud, aunque por entonces no existía la comida chatarra. Los tiempos fueron cambiando. Con el avance del confort y de la tecnología, el sedentarismo fue ganando un lugar importante en la sociedad. Esta escasa actividad física y la poca calidad de la alimentación atrajeron enfermedades que tiene a maltraer al ser humano, como la obesidad, causante a su vez de otros padecimientos.

Hace pocos días, dimos a conocer el caso de un niño de 12 años, que pesa 119 kilogramos. Como consecuencia de su gordura, es víctima de la discriminación en la escuela; sostiene que los alumnos más grandes son los más crueles. La segregación también la padece a la hora de comprar ropa. Su madre señala que el chico vive encerrado en su habitación o se va al ciber a jugar a la computadora; tiene muy pocos amigos. Los especialistas afirman que la baja autoestima y la depresión influyen en los niños obesos.

Una psicóloga consultada por nuestro diario dijo que a diario, desde diferentes ámbitos, se invita al consumo, tanto a adultos como a adolescentes y a niños. En su opinión, en la actualidad los chicos pasaron a ser una importante franja de consumo. "Sumemos a esto que se fomentan conductas sedentarias y se plantea el 'hacer nada' como un valor. Lo social incide tanto en la aparición de la patología como en las consecuencias", manifestó.

La Organización Mundial de la Salud asegura que la obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI que está afectando progresivamente a muchos países de bajos y medianos ingresos, sobre todo en el medio urbano. En 2010 había 42 millones de niños con sobrepeso en todo el mundo, de los que cerca de 35 millones vivían en países en desarrollo.

En agosto pasado, un trabajo de la Sociedad Argentina de Pediatría, filial local, dio a conocer datos preocupantes. Indicaba que el 40% de los chicos tucumanos sufría sobrepeso y un sector importante padecía de obesidad. Según la encuesta, más de la mitad de los niños consultados ni siquiera pasaba una hora por semana al aire libre con sus amigos; y destinaba menos de una hora, de lunes a viernes, a actividades físicas extra escolares. En cambio, pasa frente al televisor aproximadamente 18 horas semanales. El Programa de Salud Escolar, a su vez, había realizado un seguimiento a 7.000 alumnos de la escuela primaria, de establecimientos ubicados en barrios periféricos de San Miguel de Tucumán, y concluyó que los índices de obesidad y sobrepeso llegaban al 20%.

Dijimos en esa ocasión que la escuela no ayudaba a los chicos porque la actividad deportiva se reducía a un par de horas semanales de educación física que no cubría las necesidades de movimiento para cuerpos en desarrollo. Los quioscos escolares ofrecen justamente lo contraindicado: golosinas, gaseosas, galletas, panchitos, alfajores, papas fritas, tentaciones difíciles de rechazar.

Los ministerios de Educación y Salud y la Secretaría de Deportes podrían diseñar una política conjunta para desterrar el sedentarismo y la obesidad. Los principios elementales de la nutrición saludable deberían adquirirse en la escuela primaria. De ese modo, se crearía una conciencia temprana de cómo alimentarse bien y se llevaría a la práctica el antiguo adagio "mens sana in corpore sano".

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