"Lo que debe primar en un museo es la obra"
El fundador del Malba habla sobre el museo porteño que acaba de cumplir diez años y que alberga la colección de arte latinoamericano más grande del mundo. Costantini es uno de los mayores coleccionistas de arte y también uno de los más grandes desarrolladores inmobiliarios de la Argentina (diseñó la primera ciudad-pueblo del país). Aquí habla sobre sus diversas actividades y acerca de las características de su museo. Afirma que, ante los obstáculos que tuvo su construcción, pensó en desechar el proyecto que se convertiría en uno de los íconos arquitectónicos de Buenos Aires.
LA DEFINICIÓN. "Un desarrollador debe transmitir una genuina imagen de seriedad y de cumplimiento", afirma Costantini.

Por Asher Benatar - Para LA GACETA - Buenos Aires
- Usted es un desarrollador inmobiliario. Esa profesión comprende un cúmulo de cosas. ¿Cuál es la parte de este trabajo que más le gusta?
- Me interesa el diseño, la parte creativa. En el desarrollo inmobiliario interviene en forma especial la arquitectura, que busca la belleza y la funcionalidad. De acuerdo con mi experiencia, un desarrollador tiene que diferenciar lo que requiere una casa, un barrio y aun una ciudad. Una casa requiere una propuesta; no olvide que responde a algo tan importante como los sueños y las esperanzas de una forma de vida. Hay que dejar bien establecido cuál va a ser la ubicación, el entorno, el diseño, el contenido. Una ciudad es algo completamente distinto; se requiere saber si hay un masterplan, cómo es éste, cómo se dibujan sus calles; cómo dialogan las casas y los edificios públicos con las escuelas, cómo lo hacen entre sí y cómo interactúan con los centros comerciales; cómo va a diseñarse el recorrido del tráfico vehicular, cómo va a impactar éste sobre la comunidad; es decir, debe haber un proyecto urbanístico, establecer cuáles son las cosas que hay que ofrecer a la sociedad; prever el impacto y mejorarlo en términos de espacios públicos, por ejemplo. Hay que tener en cuenta que siempre, en todo emprendimiento inmobiliario, cualquiera sea su tamaño, está presente la sociedad. Hay aristas arquitectónicas, urbanísticas, sociales. Uno va creando una comunidad, que tiene también sus características, inclusive en el aspecto paisajístico.
- Hace 30 o 40 años no existía esa mirada tan severa, ese juicio que puede determinar el éxito o el fracaso de un proyecto.
- Es que ahora hay muchos más requerimientos. Nacionales, provinciales, barriales. Nosotros ahora estamos embarcados en dos proyectos para Miami que me entusiasman.
- ¿Algo así como Nordelta?- No, otra cosa; son dos edificios residenciales, muy lindos, que van a levantarse en el barrio residencial más bello de Miami. Y sabemos que vamos a tener que establecer un consenso con la sociedad, la que seguramente presentará ciertas aspiraciones entre las cuales las ambientales no serán las de menor importancia.
- ¿Cómo se logra? ¿Negociando?- Previendo las cosas antes. Hay un entorno y es necesario ser amigable con él. Actualmente un desarrollador debe transmitir una genuina imagen de seriedad y de cumplimiento. De lo contrario, la sociedad se le pondrá en contra.

- Usted ha tenido experiencia en este tipo de conflictos, ¿verdad?
- Si se refiere al Malba, le digo que sí, y mucho. Y es claro que no por nosotros.
- A mí me asombró, cuando se produjeron esos conflictos, que se dieran ante la actitud de alguien que ofrecía arte. ¿A qué lo atribuye? ¿A la indudable pequeñez del ser humano?
- (Ríe, algo divertido). Una de las cosas que se me ocurren es el miedo. En general, lo nuevo produce temor. Muchas veces irracional. Nosotros trabajamos en diversas provincias argentinas, en el Uruguay, en Miami, y sin la menor dificultad. Lo del Malba fue un caso atípico, pero creo que ayudó mucho el desconocimiento. Entiendo que hubo ligerezas por parte de los vecinos. Firmaban peticiones, se oponían sin conocer de qué se trataba aquello con lo que manifestaban no estar de acuerdo. Usted me pregunta miedo a qué: a la gente, a que esto se convirtiera en un lugar de reunión de personas que no fueran de su gusto, al tráfico de vehículos que se generaría, tal vez a la desvalorización de su propiedad. Tantas cosas… Es difícil saberlo, es muy difícil conocer los motivos de la gente cuando actúa en conjunto. En ese caso surgen grupos minoritarios que se radicalizan. Se habló mucho de la volumetría, pero si sale a la calle va a encontrar varios edificios enormes, dos de ellos son torres de cien metros de altura, que no han merecido la menor objeción. El Malba usó dos metros más de lo que le habría correspondido de acuerdo con los códigos vigentes, lo que significó un 40% más de construcción. De esta manera, necesitaba de una autorización especial. Y allí las cosas se pusieron tensas.
- ¿Sintió ganas de mandar todo al diablo y levantar el Malba en un lugar más amable?
- En algunos momentos, le aseguro que sí. Especialmente en cierto momento en que las obras se frenaron por una medida cautelar. Los trámites para destrabar esa medida fueron extenuantes. Las argumentaciones eran, por denominarlas con una palabra prudente, extravagantes y al mismo tiempo ridículas. Hubo dos hermanos que argumentaron, en las audiencias públicas, que en la esquina donde se estaba levantando el museo, habían visto una prostituta. Esa afirmación, según mi interpretación, sugería que la nueva obra propendía a la prostitución.
- (Reímos francamente) Atendiendo a esa teoría, se me ocurre que usted ha perdido un gran negocio. ¿Así que la prostitución es obra de los museos?
- Parece que sí, que las obras de arte llevan al libertinaje. Provoca risa. Pero hubo otras cosas que no fueron precisamente graciosas. En el medio de todas esas idas y venidas el señor Enrique Olivera, presidente de la Legislatura y vice-jefe de Gobierno de la ciudad, me dijo que el proyecto tenía mucha oposición y que no esperara nada, que no iba a aprobarse. Imagínese cuál era mi estado de ánimo. Al fin, cuando mi paciencia y mi sistema nervioso estaban llegando al máximo, se aprobó, pero con una condición: una contraprestación de dos millones de dólares para ser entregados al Teatro General San Martín. Fue durante el período de Jorge Telerman, sucesor del destituido Aníbal Ibarra. Por supuesto, me negué a esa contribución porque llevaba la pérdida del museo a cifras muy difíciles de soportar. Aclaro que en todo el mundo no hay un museo de este tipo que no genere pérdidas.
- Perdón, lo interrumpo pero en seguida continuamos con esto porque es interesante: ¿quién banca esas pérdidas del Malba?
- La Fundación Eduardo F. Costantini, pero sigamos con la historia: al final accedí a dar 650.000 dólares con destino al Teatro San Martín. Mientras tanto, grupos radicalizados (casi siempre surgen cuando la gente actúa en conjunto) a pesar de todo seguían con su oposición. De hecho, la aprobación se logró con la oposición de varios diputados. Entre ellos estaba la señora Irma Roy, legisladora, en aquella época presidente de la Comisión de Cultura, actriz, para mayor sorpresa. Esta señora, que no se informó debidamente, aseguraba que la sala de exhibición temporaria, que por otra parte tienen todos los museos, mostraba un fin comercial. Otro error enorme.
- Toda esa gente que se puso en contra del proyecto, ¿qué piensa ahora?
- Ah, están encantados. Tanto desde el punto de vista de la jerarquización que se ha producido en el barrio como por la gran valorización de todas las propiedades de los alrededores. También algo que no habían tenido en cuenta: el factor estético, lo que es innegable. Mucha gente que firmó petitorios en contra del Malba me lo ha dicho.
- Sí, pero individualmente. ¿No hicieron un acto público para desagraviarlo?
- No, tampoco lo habría aceptado. Yo siempre miro hacia adelante. Me basta con la actitud de muchos de ellos, que se manifestaron arrepentidos de su actitud y reconocieron los valores a los que antes se oponían.
- Una especie de desagravio privado.- Algo así. También hubo uno público. En 2007, la Legislatura de la Ciudad declaró al Malba como Sitio de Interés Cultural reconociendo su rol como Difusor de la Cultura Latinoamericana.
- Quiere decir que ahora está tranquilo.- No tanto. Ahora viene la ampliación del museo, es decir la segunda parte de las negociaciones. No me refiero a rechazos vecinales sino a pedidos oficiales. No tienen que ver con dinero sino con planes, con acciones sociales, como si en las actividades del Malba no estuvieran previstas y realizadas una gran cantidad de acciones que son de bien público. Cine, literatura, planes para chicos de bajos recursos, tercera edad, personas con diferentes discapacidades, programas para chicos desde el punto de vista federal y provincial. Además, por supuesto, de la actividad habitual del museo, algo desde cualquier punto de vista enriquecedor. Tenga en cuenta que, entre otras cosas, la ampliación se traducirá en dos auditorios más. No muy grandes, aunque sí muy útiles, porque van a tener muchas aplicaciones.
-¿Cómo fue la elección del proyecto?- Se hizo con la colaboración de la Asociación internacional de Arquitectos mediante un concurso en el que intervinieron 400 artistas de 35 países. El jurado era realmente de primerísima categoría internacional. Participaron Jorge Glusberg, Joseph Kleihues, Norman Foster, Enric Miralles, Mario Botta, César Pelli, Sara Topelson, Terence Riley, Diego Félix San Martín, Bernardo Dujovne, José Ignacio Miguens y Kenneth Frampton. Había siete arquitectos extranjeros y seis argentinos. La decisión del jurado tomó por sorpresa a la gente, el ganador fue un estudio integrado por arquitectos jóvenes de Córdoba, que presentaron este proyecto que concitó la aprobación de casi todo el mundo. Entiendo que la arquitectura del Malba respeta a las obras plásticas exhibidas y que le brinda la oportunidad de mostrar plenamente todos sus valores. Lo que entre otras cosas tuvo muy presente el jurado fue su funcionalidad, la obtención de soluciones prácticas.
-¿Qué opina de Frank Gehry y, en especial, del Guggenheim de Bilbao?
- Me parece una obra artística extraordinaria, pero yo sé cuál es su inquietud, y la respondo. Si hiciera otro Malba, podría, sí, convocar a Ghery y decirle: Frank, quiero un museo donde despliegues todo tu bagaje artístico y que sea funcional. Ésa es una palabra fundamental. Creo que es muy importante considerar los planos curvos, cómo ayuda o perjudica eso a las obras exhibidas y cómo la obra exhibida ejerce su protagonismo por sobre cualquier otra cosa. Repito. Lo que debe primar en un museo es la obra mostrada. Aclaro que con eso no quiero sugerir que Bilbao no cumpla con esos requisitos. Pero creo que estamos hablando de Frank Gehry como si sólo diseñara museos. No, él tiene una obra realmente vasta, y muy talentosa, en la que puede apreciarse todo tipo de obras. Me parece un artista de los grandes.
- Pero usted también valora el que un museo sea en su construcción una obra de arte.
- Lo valoro, pero insisto, todo debe estar al servicio de las obras que se exhibirán en ese lugar. Un ejemplo de ello es lo que actualmente muestra el MoMA (Museum of Modern Art), de Nueva York.
- Usted se refirió incidentalmente a un Malba II. ¿Está pensándolo?
- Se habló de hacerlo en París, nos ofrecieron el terreno, pero la cifra que se necesitaba era muy alta, muy por encima de nuestras posibilidades. 20 o 30 millones de euros.
- ¿Tiene parangón la colección de arte latinoamericana del Malba?
- La exhibición permanente es la más grande del mundo. Considerada como patrimonio, la preeminencia está entre el Malba y el MoMA. Posiblemente la nuestra, pero no estoy muy seguro.
- ¿Existe en Latinoamérica un museo como el Malba?
- No. Se consideró la posibilidad de hacer algo semejante en colaboración con Brasil, que podría funcionar en San Pablo o en Río. Tal vez con el tiempo.
- Usted se hace cargo de déficits millonarios del museo. ¿No le parece que hay en el empresariado una actitud renuente al mecenazgo?
- No diría eso. Hay empresas que no dirigen su ayuda hacia las artes, pero dedican fondos para atender necesidades sociales de sectores que lo necesitan. Tal vez se note menos, pero cumple con una función. En el interior del país, donar un quirófano es muy importante.
- Qué parte de su tiempo le ocupa la Fundación?(Lo piensa durante largos segundos) Digamos el 30 por ciento. Más, menos. El resto lo dedico a mi empresa, a mi familia, a vivir, a gozar con momentos especiales. Hay algunas actividades que tienen que ver con el museo y que disfruto mucho. Comprar obras, por ejemplo. Generalmente lo hago por teléfono. A veces uno se desilusiona porque el precio de una obra no está al alcance del presupuesto. Por ejemplo, desde hace mucho tiempo tengo ganas de comprar una escultura del brasileño Víctor Brecheret. Hace unos años, cuando averigüé para ver si podía integrarlo a mi colección personal, se cotizaba en un millón y medio de dólares. Seguramente el precio ahora está aún más fuera de nuestro alcance.
-¿No hay donaciones para ampliar el patrimonio del museo?
- Sí, y eso me pone muy bien. En estos momentos tenemos 200.000 dólares para comprar obra. Creo que podremos llegar a 250.000, y aclaro que las donaciones son exclusivamente para adquirir obra, de ninguna manera para sostener el funcionamiento del museo.
- La estructura del Malba denota una gran pasión. ¿La siente por todo aquello a lo que el museo se dedica?
- Sí, pero no puedo dedicarle a todo, todo el tiempo que desearía. La actividad cinematográfica me interesa mucho, pero ya le he contado acerca de mis responsabilidades, las que tengo para con mi empresa, con mi familia y también para conmigo. Me interesa practicar varios deportes, el náutico entre ellos. No podría participar en todo desde adentro. Me da satisfacción y orgullo el salvataje de películas cinematográficas de las que había una sola copia completa en el mundo, eso cumple una función artística, casi le diría social. Para eso Malba cuenta con Fernando Martín Peña, a cargo del área de cine. Otro colaborador importante es Marcelo Pacheco, curador en jefe del museo, que me ayuda mucho. Hay que convencerse de que no todo se puede. Mientras tanto, entre muchas otras cosas me siento muy bien porque los espectadores del Malba, todas las semanas, tengan posibilidad de ver, por ejemplo, Metrópolis, de Fritz Lang, con la que se ha realizado una obra de restauración importantísima. O que puedan gozar de muestras permanentes u ocasionales.
- ¿Cuáles son los rasgos, en general, que presentan las obras del Malba?
- Podría decirse que constituyen una historia, la historia del arte latinoamericano. Aquí está representado el arte social, geométrico, expresivo, minimalista, pop, neo-concreto, conceptual, instalaciones, fotografía. He comprado firmas de una vanguardia tal vez europeísta pero a la que los artistas le han dado la impronta latinoamericana, o la de cada país, o la de cada artista individual. Todas, o por lo menos la mayoría, son corrientes con la identidad de país. En definitiva, todos están emparentados por sus raíces.
PERFIL
Eduardo Costantini nació en Buenos Aires en 1946. Egresó de la UCA con un título en Economía y realizó un Master de la misma especialidad en Inglaterra. Trabajó en varias empresas y fue agente de bolsa en la década del 80. En 1991 fundó Consultatio, empresa focalizada en el mercado financiero y en el desarrollo de emprendimientos inmobiliarios innovadores de gran escala. Es presidente de Nordelta S.A., primera ciudad-pueblo de Argentina, donde trabajan 8.000 personas y residen más de 20.000 habitantes. Desde principios de los años 70 comienza su actividad como coleccionista de obras plásticas, inclinado su interés por las obras latinoamericanas, de las cuales llega con los años a reunir unas 240. Interesado en lograr un "hogar" fijo para ese valioso conjunto, crea la Fundación Costantini, entidad sin fines de lucro que en 2001 funda Malba, Museo de Arte Latinoamericano Buenos Aires. Luego de una década, el museo se ha incorporado a las costumbres del público de Buenos Aires y es un lugar de visita obligada para el turismo argentino y extranjero....

MALBA
PERFIL ARQUITECTÓNICO
Proyecto del estudio cordobés Atelman-Fourcade-Tapia, ganadores del concurso internacional (cuyo jurado integró, entre otros, César Pelli) realizado en 1997. Edificio de estilo deconstructivista, se caracteriza por la yuxtaposición de volúmenes formando piezas poliédricas. Desde el exterior se lo percibe como un juego de volúmenes revestidos en piedra caliza española, con uno de vidrio verde tipo courtain wall. En el interior, el acceso principal a las colecciones se realiza por el lateral este del edificio, mediante una serie de escaleras mecánicas que van recorriendo esa fachada vidriada a medida que suben.
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