Una voz celestial en la noche tucumana
Es el momento de Jon Anderson, de recibirlo por primera vez y de disfrutar sus canciones. Frente a frente con el público, solo sobre el escenario, recorrerá medio siglo de música. Cantará clásicos de Yes, de sus colaboraciones con Vangelis y de su rica carrera solista. Un ícono de la historia del rock está listo para regalarnos una porción de su inagotable talento.
1
En el principio fue John, pero a comienzos de los 70 prescindió de la hache y fue Jon. De infinitos cambios, algunos tan anecdóticos como la letra de un nombre, otros trascendentes, se forjó la vida de Jon Anderson. Lo inmutable durante medio siglo de música fue -es- su voz. Incontables adjetivos intentaron describirla. Todos en vano, por supuesto, porque a una voz como la de Jon Anderson solo es posible entenderla por medio de la inigualable experiencia de la escucha. Ese es el regalo que aguarda a quienes asistirán esta noche al teatro San Martín.

2
"Nunca voy a tocar en una banda que tiene una guitarra eléctrica. Eso no es un instrumento". Dice Jon que eso le dijo Vangelis cuando le ofrecieron reemplazar a Rick Wakeman en Yes. Se trata de una de esas historias de fogón que se vienen relatando desde que el rock es rock. Anderson la repitió hace unos días, durante el show que brindó en Buenos Aires. Jon debió esperar unos años hasta que finalmente armó el dúo con Vangelis y pasó lo que tenía que pasar: cinco discos muy pero muy exitosos. "I'll find my way home" es uno de los temas compuestos junto al griego que está ofreciendo en esta gira. Y hablando del setlist...

3
...es posible tener una idea de lo que vamos a experimentar hoy en base a los shows previos. No parece que vaya a ser muy distinto de:
- Apertura con fragmentos de "Open", la sinfonía de 21 minutos que Jon dio a luz el año pasado y a la que solo puede accederse por medio de iTunes. Viene combinada con "Yours is no disgrace", lo que provoca la lógica explosión de la horda de fans de Yes.
- Hablando de Yes, y como es lógico suponer, de esa matriz proviene el núcleo del concierto. Hay lugar para "Starship trooper", "And you and I", un generoso fragmento de "Ritual", "Time and a word" (¡a ritmo de reggae!, según anticipó en su crónica Andrés Valle, uno de los máximos expertos en rock progresivo del país). Y más: "Owner of a lonely heart", "Give love each day", "Close to the edge", "Heart of the sunrise", "Roundabout", "The revealing science of God". Y más.
- Es tan abrumador el peso de Yes y de Jon & Vangelis que la delicada carrera solista de Anderson suele pasar inadvertida. Una lástima. Con toda seguridad hoy cantará "Flight of the Moorglade", tema de su primer álbum ("Olias of sunhillow"), una extraordinaria pieza de música prácticamente inconseguible.
- En el porteñísimo ND/Ateneo cerró con "Soon" y "Show me", uno de esos bises que arrancan lágrimas de los corazones más prosaicos.
4
Ningún ser humano en sus cabales puede tocar la guitarra si Steve Howe anda cerca. El instrumento imprescindible de Anderson en plan Yes fue su voz. Pero Jon es un talentoso multiinstrumentista: dénle una guitarra, un ukelele, un sitar, un piano o cualquier elemento de percusión y les extraerá sonidos. Bellos sonidos.
5
Anderson es, por sobre todo, un artista integral. Poeta incansable, músico inspirado, pintor. Lee todo el tiempo. Compone todo el tiempo. De su intensa vida espiritual, un experimento sincrético tan interesante como algunas de sus creaciones, se encarga de hablar en reportajes y en letras de canciones. Anderson es, básicamente, un fundamentalista de la vida. Del placer que proporcionan las pequeñas cosas; la naturaleza, los sentimientos. Y construye su discurso a puro compromiso.
6
Nació de padre escocés y madre irlandesa. Viene haciendo música desde 1962, surfeando décadas sin la necesidad de reinventarse. Es petiso y simpático. Un Napoleón en el escenario, su hábitat. Puede pasar por un canchero cultor de la new age. Tiene la mirada muy, muy diáfana, casi una delación de la paz que domina su mundo interior. Es asmático (la pasó mal en 2008, cuando debió poner en piloto automático su carrera para superar la crisis). Se casó dos veces. No le gusta cuando critican ciertos trucos que juega a la hora de cantar. Será la envidia que producen las increíbles notas que alcanza y la amplitud de su rango vocal.
7
Independientemente de lo que significa su pertenencia a Yes, de los trabajos con Vangelis, de los 14 discos editados como solista y de las contribuciones a los álbumes de sus compañeros de banda, Anderson hizo música con King Crimson, Mike Oldfield, John Paul Jones, Giorgo Moroder, Tangerine Dream, Toto, Kitaro, Milton Nascimento, Dream Theater, numerosas filarmónicas, orquestas y ensambles clásicos, y soundtracks para películas de toda laya. Esto a vuelo de pájaro, porque hay tanto pero tanto...
8
De todos modos, en el medio, omnipresente, siempre estará Yes. La banda que Anderson formó, alimentó, mimó como un padre cariñoso y de la que fue su corazón. Desenredar la madeja del time line de Yes es cosa de eruditos. La academia acepta como alineación clásica Anderson-Howe-Wakeman-Squire-White. De ahí en más fue un incesante ir y venir de gente. Imposible no recordar con cariño los pasos de Tony Kaye, Bill Bruford o Trevor Rabin. Hubo alineaciones para tirar para arriba, incluyendo aquella etapa casi surrealista en la que convivieron dos Yes (uno con el insólito título de ABWH -Anderson/Bruford/Wakeman/Howe-). El papel de Anderson en este agitado contexto histórico fue el de catalizador. Si Yes no se limitó a la condición de rejuntado de genios fue porque Anderson le dio una guía al grupo, un sentido a tanto virtuosismo. Hasta cuando hizo falta un hit para hacer pie en los 80, Yes sacó de la manga "90125" y "Owner of a lonely heart". La valoración de la discografía de Yes es cosa de fans, aunque la altura que alcanzaron a lo largo de los cuatro movimientos de "Tales from topographic oceans" no parece fácil de igualar.
9
¿Por qué no fue el show de Jon Anderson el broche de platino del Septiembre Musical? Misterio. Perece mentira que al desembarco de tamaña estrella la haya precedido una maraña burocrática que ríanse de Kafka. Lo cierto es que la semana pasada el concierto estuvo cerca de caerse. Las puertas del San Martín se abrirán con fórceps para esta iniciativa independiente. Hubo responsabilidades compartidas, le caben al Ente de Cultura y a la producción. Moraleja: algún día habrá en Tucumán una sala que brinde independencia del Estado para mover el avispero cultural. Nada menos.
10
Volviendo a Anderson, vale la reiteración de un concepto publicado días atrás en LA GACETA: nunca actuó en Tucumán una estrella de rock de semejante envergadura. Felices entonces quienes se embarcarán en un tour mágico y misterioso por la extraordinaria carrera de uno de los artistas más sensibles y talentosos de la segunda mitad del siglo XX.





