Pianos que funcionan solos, gritos y taconeos en el teatro

Pianos que funcionan solos, gritos y taconeos en el teatro

Automovilistas ven espectros al costado de algunas rutas. En los teatros, empleados revelan que conviven con fantasmas que corren por las salas vacías y se reflejan en los espejos de los camarines. ¿Existen realmente?, le preguntamos a una experta.

LEYENDAS DETRÁS DE ESCENA. En el teatro San Martín se oyen ruidos raros y hay apariciones de fantasmas. LA GACETA / FOTO DE INÉS QUINTEROS ORIO LEYENDAS DETRÁS DE ESCENA. En el teatro San Martín se oyen ruidos raros y hay apariciones de fantasmas. LA GACETA / FOTO DE INÉS QUINTEROS ORIO
02 Septiembre 2012
Son verdaderos laberintos, horizontales y verticales, donde más y más escaleras conducen a pasadizos atiborrados de objetos de todo tipo: hay pinturas, manuscritos, vestidos, espejos, muebles y herramientas. Cada corredor, cada recoveco es como si escondiera el recuerdo de actores, cantantes, bailarines. Por eso, los teatros suelen ser el lugar ideal para que proliferen historias de aparecidos.

La "dama de blanco" es una leyenda viva en el teatro Alberdi. Los que trabajan allí afirman que el fantasma de una mujer los acompaña siempre y, aunque ya se acostumbraron a vivir con ella, algunas situaciones les generan mucho miedo. "Se dice que se trata de la esposa que tuvo uno de los primeros encargados del teatro. Al parecer, la señora falleció aquí", cuenta con naturalidad Raúl "Bigotes" Aguirre, técnico del Alberdi desde hace 14 años. "Vemos su figura pasear por los pasillos", resalta.

Junto a sus compañeros, le tocó vivir sucesos tenebrosos: pasos sobre el escenario vacío, el ruido de tacos bajando las escaleras, gritos, voces que los llaman y herramientas o sillas que cambian misteriosamente de lugar. "A veces, el mismo público se queja. Algunas personas nos plantean que mientras están en los palcos han sentido que alguien los manosea", detalla.

Aguirre (48 años) tiene el recuerdo nítido de una vez que se estaba bañando en el tercer piso del teatro y sintió cómo "algo" lo tocaba desde los pies hasta la cabeza. "Eso sí me dio terror. Bajé inmediatamente, así como estaba, desnudo. Mis compañeros se sorprendieron mucho. Nunca más me bañé ahí", detalla. No fue el único que cambió sus costumbres en la sala. Un sereno que se quedaba a dormir a diario decidió no hacerlo más. "Es muy feo sentir que te pellizcan, te tocan, que caminan por detrás tuyo. Uno nota como una energía distinta que te envuelve", describe. Jorge "Bocha" Soria lleva gran parte de su vida en el teatro San Martín. Tiene 58 años y desde hace 41 es el encargado de cerrar la sala cada día. Según cuenta, está acostumbrado a vivir con movimientos extraños. Mientras está solo en el edificio, un sonido que aparece con frecuencia es el de zapatos con tacos bajando la escalera. "El taconeo es infinito; es decir, nunca llega a un piso. Y se trata de un movimiento elegante", detalla.

Soria no se detiene nunca. Abre y cierra ventanas y cortinas, prende y apaga luces. "Recuerdo una vez que ya me estaba por ir. Sentí que empezaba a sonar el piano. Me acerqué y no había nadie. Fue un hermoso concierto", especifica.

Detrás del escenario, los camarines también esconden un mito. En ellos, más de una vez se observó una bailarina mirándose al espejo. Soria también habla de la presencia de un murciélago especial, que suele aparecer para darles buena suerte a ciertas obras. El animal habita en lo más alto del inmueble, muy cerca del "gallinero". Justo en esa zona, cuando la sala está totalmente vacía, para los limpiecistas es común ver un hombre de sombrero negro y traje antiguo sentado entre las amontonadas butacas rojas, en la segunda fila, describe. Y remata: "creo en estas cosas porque somos muchos los que hemos visto las imágenes. Algo hay".

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