Siempre te da margen para volar

Entre "Ratón" y Molina terminaron quebrando a un "decano" que se pinchó en el acto final.

SIEMPRE LISTO. Ibáñez nunca deja de sorprender en los clásicos con sus gambetas y centros letales. La gente, feliz. LA GACETA / FOTO DE HÉCTOR PERALTA SIEMPRE LISTO. Ibáñez nunca deja de sorprender en los clásicos con sus gambetas y centros letales. La gente, feliz. LA GACETA / FOTO DE HÉCTOR PERALTA
Por Leo Noli 30 Julio 2012
Una corrida al límite. Un amague letal. Una cabeza bien levantada y un compañero encendido para derrapar con alma y vida el gol de la tarde. Todo eso, ni más ni menos, en Aerolíneas Ibáñez, seguro hay por docena. Cuándo no, el oriundo de San Pablo haciéndose cargo de la situación que nadie quiere perderse, aunque a veces haya alguno que otro saldo y retazo pidiendo revancha antes de tiempo.

La de ayer fue la típica tarde de amor entre Gustavo y el hincha de San Martín. Pasan los años y quizás las piernas pesen el triple, sin embargo, el quiebre de caderas y la necesidad de irle a la yugular al enemigo nunca dejarán de perder poder en la humanidad de "Ratón". No sentenció ningún cuento Ibáñez, sólo hizo la más difícil: descolocar al milmanos de Ezequiel Cacace, y quebrarlo. Dejó tendido en el suelo al arquero mientras del otro costado el moreno Molina entraba como bondi lleno y capturaba ese preciso buscapié letal cuyo destino fue la zona prometida.

De aquel movimiento constituido cerca del ocaso del primer clásico invernal, llegó el canto de la victoria de San Martín sobre Atlético. Y si se pregunta si fue merecida o no, por lo hecho en el segundo tiempo, sí, no caben dudas. El dueño de casa fue un digno triunfador.

Porque si se trata de desmenuzar lo sucedido en el acto I, las cosas podrían complicarse. Hubo llegadas de ambos; hubo momentos clave que ambos también despilfarraron. De entrada nomás, Molina habilitaba a Balvorín quien, en vez de operar a voluntad su experiencia cuando superaba a Lastra y Barone, se apuró y definió mal. Muy Mal. Lo mismo le pasó al cantante de Simoca. Barrado, el Barrado peligroso de los 45' del arranque, le cruzó un pelotón a "Pulguita". En vez de buscar a Cobelli, Luis intentó la complicada y falló. Después llegaron otras tantas jugadas jamas convertidas. La tensión embargaba porque el 0-0 no se movía tras el descanso aún habiéndose apagado la luz del "decano". Pero apareció Aerolíneas Ibáñez, se cargó con todos y Molina los llevó a pasear por el cielo de la alegría.

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