El otro París
06 Mayo 2012

Por Marcelo Damiani - Para LA GACETA - París

Toda megalópolis siempre esconde más de una ciudad en su interior, y París no es la excepción. Para el turista, para el débutant, acosado por los tiempos de la economía y la obligación de reconocer los emblemas, los lugares comunes abundan: La Tour Eiffel, Les Champs-Elysées, L´Arc de triomphe, La place de la bastille, La Sorbonne, La Catedral de Notre-Dame, La basílica de Sacré Cœur, El Louvre, El Sena, etcétera.

París es incluso un paraíso para los fotofóbicos, ya que pueden recorrer toda la ciudad de un lado a otro sin asomarse a la superficie, gracias al fantástico Métro, un verdadero ente con vida propia, cuyas más de 300 estaciones lo convierten en uno de los más importantes subterráneos del mundo. Luc Besson, el director de Nikita (1990) y Juana de Arco (1999), le dedicó su segunda película, Subway (1985), protagonizada por Isabelle Adjani en su mejor momento.

Es que sería imposible negar que toda la ciudad de París parece un enorme estudio de cine al natural que los cineastas de todas las épocas no se han cansado de retratar, como si se tratara de una bella mujer atemporal, y no es raro encontrarse con equipos de filmación en esas callecitas serpenteantes que atraviesan la ciudad. Por eso a nadie le sorprendió que el año pasado el gran cineasta norteamericano David Lynch inaugurara su propio y exclusivo club, El silencio, situado en la rue Montmartre y que parece listo para entrar en una de sus películas (o salido de una de las que aún no ha filmado y seguramente está a punto de filmar).

No muy lejos de ahí está la famosa librería Shakespeare & Co, cuya propietaria más famosa, Sylvia Beach, publicó la primera edición del Ulises de Joyce en 1922. En esa época, entre 1919 y 1941, cuando el establecimiento se encontraba en el número 12 de la calle Odéon, la librería era visitada regularmente por los autores de la generación perdida: Ernest Hemingway, Ezra Pound, Francis Scott Fitzgerald, Gertrude Stein y el ya citado Joyce. Allí se podía comprar o tomar prestado libros prohibidos como El amante de Lady Chatterley, de D. H. Lawrence, entre otros.

Ahora la librería está a unas cuadras de su vieja ubicación, en el número 37 de la calle Bûcherie, escenario donde se inicia Before Sunset (2004) de Richard Linklater, con Ethan Hawke y Julie Delphy, continuación de Before Sunrise (1995), películas que con el paso del tiempo se han convertido en una suerte de himno hipnótico a la concepción del amor de la Generación X. Como contraste, si uno se quiere encontrar con un poco de la historia del séptimo arte, tiene que viajar hasta las afueras de la ciudad, a Joinville-le-pont, muy cerca de Saint Maur, donde aún queda algo de los viejos estudios Pathé, por los que pasaron muchas de las grandes estrellas del cine francés, y donde incluso estuvo Carlos Gardel, filmando Luces de Buenos Aires (1931), Espérame (1932), La casa es seria (1932) y Melodía de arrabal (1932).

Volviendo a París uno no puede dejar de notar que es una ciudad llena de pasajes, algo que inevitablemente obliga a pensar en Cortázar y su exquisito cuento "El otro cielo" (según algunos, el mejor de todos los que escribió), ya que caminando por ellos, atravesándolos, perdiéndose cual flâneur decimonónico, uno tiene la sensación de que en cualquier momento puede aparecer en cualquier época o en cualquier parte. Incluso, por supuesto, en la mismísima Buenos Aires. Por otro lado, en Saint Germain de-Prés, cerca del Pont Neuf, uno puede encontrar el lugar preciso en el que se inicia Rayuela, con las palabras que varias generaciones llegaron a repetir como un mantra: "¿Encontraría a la Maga?".

Por último, caminando al sur hasta el Boulevard Montparnasse, uno puede llegar a la Rue Vaivin, y ahí mismo encontrar el Café Le Select, que aparece brevemente en una escena de À bout de souffle (1960) de Godard, punto de partida de la nouvelle vague. Pero más importante, por lo menos para nosotros, Le Select era el lugar preferido de encuentro del gran escritor argentino Juan José Saer, cuando uno lo visitaba en París; era como su oficina. Allí lo reconocían, allí se encontraba con conocidos y amigos y hasta daba entrevistas. Allí nos encontramos varias veces y una de ellas me contó entusiasmado parte de la trama de la que iba a ser su última novela, cuyo título, en algún punto, resume su obra, y tal vez también las dimensiones de la ciudad en la que eligió vivir para escribirla; esa novela sin final, como todo el mundo sabe, se llama La grande.

© LA GACETA Marcelo Damiani - Novelista, crítico literario, profesor de Filosofía de la Universidad Maimónides.

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